A donde quiera que vayas

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4. Canciones lejanas

El sábado por la noche salí de casa, le había dicho a mi madre que iría a casa de Amanda para que me ayudase con la tarea. No sabía cuánto iba a demorar, así que le pedí que no me esperara despierta.

          Caminé hacia la casa de Lucas con las manos metidas en los bolsillos de mi chaqueta de medio uso, mi madre solía comprar nuestra ropa en los bazares porque la economía familiar era bastante precaria, mi mayor deseo era entrar a la Universidad, graduarme y comenzar a apoyar con dinero pero mi madre no sabía si resistiría el gasto que implicaba la Educación Superior.

 

          La calle estaba bastante transitada, el pueblo era muy seguro y hasta aquél momento podíamos ir y venir sin peligro alguno. Me topé con Barto a medio camino, incluso pensé que nuestro encuentro no había sido una casualidad pero no quise ahondar en aquello, de por sí comenzaba a confundirme su constante presencia y yo no estaba para eso. Barto llevaba la guitarra en un estuche de color negro de tela a la espalda y se echó a andar a mi lado.

 

          —Es bueno verte por aquí —dijo a manera de saludo.

          —Gracias y por cierto, Barto, ¿de cuando te ha nacido ese interés por ser mi amigo?

Yo era una persona directa, había cosas que no me atrevía a decir pero con otras tantas, no tenía problema alguno.

          Él levantó los hombros.

          —Bueno, tampoco es para tanto, ¿no? Una chica y un chico pueden ser amigos.

          —¿Aunque no tengan nada en común? —pregunté.

          Tal vez lo estaba poniendo a prueba, necesitaba saber con urgencia si le gustaba.

          En respuesta él llevó la mano hasta mi cabello, que estaba sujeto en una cola alta, y lo revolvió un poco.

          —¿Nunca te han dicho que haces muchas preguntas? —se quejó.

          —¿Nunca te han dicho que es malo quedarse con la duda? —responder con otra pregunta era mi especialidad, iba a usarlo a mi favor.

          Arreglé mi cabello y después de un breve momento de silencio, resoplé derrotada.

          —¡Gané! —exclamó divertido.

          —¿Ganaste qué? —pregunté sin un ápice de ánimo de reconocer su victoria en la batalla.

          —Te quedaste callada.

          —Eres un tonto.

          —Tal vez, pero un tonto que va a ser famoso algún día.

          —O un iluso con mucho ego —respondí aceptando mi derrota, a Barto le había tomado apenas una semana ganarse mi corazón.

          Pequeñas gotas comenzaron a caer del cielo y en apenas segundos, la llovizna se convirtió en una lluvia torrencial, Barto sujetó mi mano y nos echamos a correr.

          Cuando llegamos a casa de Lucas, el garage ya estaba abierto, ahí, resguardados de la lluvia, estaba Lucas y otro miembro de la banda que nunca había visto. Me lo presentaron como Teo.

          —Pero mira a quién tenemos aquí —dijo Lucas sonriendo abiertamente—, ni más ni menos que a planeta Plutón.

          Entorné los ojos, Lucas disfrutaba cambiando mi nombre. Era su juego favorito.

          —Me llamo Luna y si acudieras a clases sabrías que ya ni siquiera es un planeta —aclaré.

          —Qué más da, igual está en el cielo, así que… Bienvenida, Saturno.

          —Muy simpático.



Aletor

Editado: 17.01.2019

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