A donde quiera que vayas

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7. El peor verano

La noche del viernes me había quedado esperando a Erick, quien nunca llegó ni se tomó la molestia de avisar. Pensé que quizá era mejor así, me daba la excusa perfecta para terminar con la relación. Sin embargo, al siguiente día, la noche del concierto y cuando ya estaba dispuesta a marcharme con Amanda, se apareció por mi puerta.

          —Hola, Lú —saludó con desparpajo como si la noche anterior no me hubiese dejado plantada.

          Lo miré, tenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón deportivo y un extraño brillo en la mirada.

          —¿Ibas de salida? —preguntó como al paso.

          —Sí —respondí muy seria, no tenía ánimos de entrar en ninguna discusión delante de Ama.

          —Quizá sea mejor que los deje a solas, supongo que necesitan hablar —dijo Amanda mirándonos a ratos.

          Me sujeté con fuerza al brazo de mi amiga, necesitaba con urgencia que se quedara.

          —Voy de salida, Erick —me disculpé con educación.

          —Supongo que al “conciertucho” ese..

          Odiaba cuando hablaba con aquel tono tan despectivo.

          —Qué bueno que sepas a donde voy, así me ahorras la molestia de explicarte.

          Estaba enfadada, demasiado para mi gusto.

          Vi el temor en los ojos de Amanda que se clavaron en los míos. No quería estar en medio de una riña de la que no formaba parte. Intenté que leyera la súplica en mi mirada pero de cualquier modo terminó alejándose de mí con una tonta excusa. Erick y yo nos quedamos solos.

          —Y ahora debo irme —agregué intentando dar por terminada nuestra incipiente conversación.

          Erick sujetó mi antebrazo y yo me eché hacia atrás. Estaba asustada, me estaba lastimando.

          —¿Qué demonios te sucede? —preguntó oprimiendo la mandíbula.

          —¿Qué demonios te sucede a ti?

intenté soltarme pero me sujetó con más fuerza.

          En ese preciso momento supe a lo que se había referido Barto cuando dijo que Erick era un imbécil.

          —No te vuelvas a acercar a mí —agregué apretando los dientes al tiempo que luchaba por zafarme.

          —No me vas a ver la cara de tonto, Luna, ¿estás saliendo con ese estúpido perdedor?

          —Si te refieres a Barto, no, no estoy saliendo con él pero te juro que me muero de ganas.

          La bofetada que me dio no me la esperaba y que me llevara al suelo, mucho menos. Tenía las manos llenas de gravilla porque el golpe me había hecho perder el equilibrio y para recomponerme tuve que apoyarme en ellas. Me levanté con mucho esfuerzo, la mejilla me ardía y no pude evitar que un par de lágrimas resbalaran por mis mejillas.       

          —No estoy llorando por ti, Erick, créeme —dije mirándolo fijamente—, ni por el reciente descubrimiento de tu machismo, lloro porque Barto me lo advirtió, me dijo que eras un imbécil y no le creí. Ahora, quiero que te des la vuelta lentamente y te olvides del camino a mi casa porque no quiero volver a verte.

          —Ese estúpido te va a dejar, Luna y entonces volveré para reírme en tu cara. Te va a abandonar como todos le han abandonado, empezando por su madre que es una alcohólica, ¿sabías que ni siquiera sabe quién es su padre? Su madre se cogió a un tipejo una noche de drogas y sexo, y ni siquiera recuerda su nombre, luego vino otro, un italiano y le dio su apellido para luego abandonarlo y ahora su madre… Hace más de dos años que nadie sabe de su paradero. Vive con su abuela, una anciana loca que está a punto de estirar la pata. El abandono es todo lo que conoce.



Aletor

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En el texto hay: romance juvenil, drama, romance amor odio

Editado: 17.01.2019

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