A donde quiera que vayas

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13. Luna en septiembre

Limpiar las habitaciones nunca antes había parecido tan irritante. Cada cinco segundos miraba mi reloj para comprobar si ya eran las siete y como suele suceder, el tiempo pasó de manera lenta y asfixiante. Volví a casa pasadas las diez y por primera vez me sentí completamente sola, no aquella soledad que uno puede llenar haciendo cosas, sino aquella que se te pega hasta en los huesos por mucho que intentes distraerte.

Intenté dormir abrazada a la playera que Barto había dejado sobre la cama, tenía el presentimiento de que aquella separación no sería tan corta como deseaba y durante todo el resto de la noche no pude deshacerme de aquél pensamiento.

 

A la mañana siguiente me levanté agotada, no había tenido un sueño reparador, ¡lo echaba tanto de menos! Era extraño como Barto había dejado mi mundo de cabeza con su partida. ¿Eso era el amor? ¿Cuándo había sucedido? ¿Lo había amado desde mucho antes sin que me diera cuenta? Sacudí la cabeza, intentando así vaciarla de todo inútil pensamiento pero todo fue en vano, las preguntas siguieron acudiendo a mi cabeza, una tras otra y sin darme tregua. Lo que era peor, no tenía respuesta para ninguna de ellas.

 

Barto llamó muy tarde aquella noche. Explicó de manera rápida que estaba bien, no podía tardar mucho al teléfono porque las llamadas eran caras e iban a cubrir todos sus gastos mientras estuviese allí pero tampoco era cosa de abusar ya que no había nada que garantizara que el demo convenciera a la disquera. Luego solo dijo que había dejado la llave de su caja metida entre las hendiduras del sofá, yo debía buscarla y abrirla, allí había algo para mí. Después dijo que me extrañaba y que íbamos a tener una larga conversación cuando volviera. Colgué la bocina como una autómata y el presentimiento volvió con más fuerza, no había dado fecha exacta para volver y eso me estaba volviendo loca.

Corrí hacia el sofá en cuanto recordé la maldita caja y metí las manos por todas y cada una de las hendiduras hasta dar con la llave, la moví entre mis dedos temblorosos. Cuando al fin logré abrirla, descubrí una pequeña cantidad de dinero, debían ser sus ahorros, lo que me dejó en claro que mi presentimiento no estaba errado, Barto no iba a volver pronto y había tantas cosas que quería decirle. Deseé que tan solo, una vez, más tuviese la oportunidad de abrazarme a su pecho desnudo, deseé decirle que lo echaba de menos y que lo amaba, quizá el saberlo le haría desear volver pero yo no era quien para truncar sus sueños.

 Al segundo siguiente tomé la hoja de papel cuidadosamente doblada y entonces me dí cuenta de que era la única que había allí, por supuesto, era obvio que se había llevado todas sus canciones, sonreí con pena al darme cuenta de lo estúpida que había sido. Pocas veces había prestado atención a las letras, si lo hubiese hecho, tal vez habría descubierto mucho antes los sentimientos que me profesaba pero yo era una idiota, siempre había estado buscando el amor con las personas equivocadas cuando siempre había estado justo frente a mí. Una vez más estuve segura de que no me había equivocado al hacerle aquél regalo, él era el único que no podría hacer un alarde de ese hecho. Mi sonrisa se ensanchó y la fe volvió. Esperaba que Barto se alimentara bien durante su ausencia, porque cuando volviera no habría poder humano que lo separara de mí.

Desdoblé la hoja y entonces, entre notas distinguí la letra de una canción.

 

Una mirada, una sonrisa,

tu voz acompasada por tu respiración,

mi corazón late desbocado

por lo que acaba de pasar entre los dos.

No tengas miedo, que no se lo diré a nadie

esto queda entre los dos,

luna en septiembre

¿tienes tanto miedo como yo?

Pero antes de que me vaya

quiero decirte algo

te amo y ya no sé quién soy,

Derribaste a mi alrededor todos los muros

que había construido entre tu y yo

y esta noche olvidaré tu nombre

pero nunca la esencia de tu olor.

luna en septiembre,

¿Tienes tanto miedo como yo?

 

Me aferré a ese papel como quien se aferra a un tanque de oxígeno para seguir viviendo y sonreí, sonreí como nunca, Barto me amaba y estaba segura de que volvería por mí.

 



Aletor

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En el texto hay: romance juvenil, drama, romance amor odio

Editado: 17.01.2019

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