A donde quiera que vayas

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19. Y llorar...

 

Al volver a casa asenté el bote de pintura sobre la mesa y me volví extrañada, había algo diferente: una linda sala color chocolate en lugar del sofá viejo y mullido de Barto. Corrí al patio trasero para ver si el viejo mueble estaba allí pero había desaparecido sin dejar rastro. La ira se fue apoderando de mí, una nueva sala solo podía ser obra de Lucas. ¿Pero quién demonios se creía? Subí el cierre de mi chaqueta y salí dando un portazo. No importaba la hora, Lucas iba a escucharme.

Me dirigí a su casa, no sabía si ya se había marchado a la Capital pero en caso de ser así le dejaría un educado mensaje con su madre. Toqué insistentemente el botón del interfono y a los pocos segundos escuché su voz a través del aparato.

—¿Quién es?

—Baja ahora mismo, Skywalker. Tienes algo que explicarme.

El clima había empeorado durante los últimos minutos así que el tiempo que tardó en bajar se hizo eterno.

Cuando Lucas apareció frente a mí, tenía esa expresión sosegada y distante que me hizo preguntarme si era la misma persona con la que había bebido café hacía apenas un par de días.. Llevaba unos pantalones deportivos color gris y una sudadera roja, lo que me dejó en claro que no iba a ir a ninguna parte, al menos no por ahora.

—¿Qué te trae por aquí? —preguntó con desparpajo.

—Vas a tener que darme una explicación y va a tener que ser una muy buena.

—No sé a qué te refieres.

—Quiero que saques ahora mismo de mi casa esa sala nueva y que regreses el viejo sofá de Barto. ¡Ahora! —exclamé enfadada.

—¡Ah!, ¿todo esto es por esa linda sala que no podías dejar de admirar el día que nos encontramos?

—Por supuesto que me refiero a “esa sala”.

—¿Por qué estás tan enojada?. Es una linda sala.

—Claro que es linda, pero no necesito de tus regalos.

—Barto te compró la casa y no he visto que te quejes.

Sus palabras me desarmaron porque Lucas tenía razón,incluso apenas un día antes estaba dispuesta a tirar a la mierda todas las cosas de Barto y ahora peleaba porque el viejo mueble regresara a su sitio.

—Tú no sabes nada —respondí amenazante.

Lucas se recargó en el portón y se cruzó de brazos.

—Realmente no quieres deshacerte de la sala, lo sé.

—¡Por supuesto que quiero! —respondí muy segura, iba a reincorporarme a la batalla.

—¿Por qué no puedes aceptar un regalo? No es nada del otro mundo, tu cumpleaños es en unos cuantos días, tómalo como un pequeño presente.

—¡Faltan cuatro meses para mi cumpleaños! Y nadie da nada gratis, ¿crees que no lo sé?

—Me sorprendes, Andrómeda. ¿Quien te dio clases acerca de la vida? ¿Tan siquiera aprobaste el curso?

—Escucha, Lucas...

—De acuerdo —dijo resoplando—, no lo tomes como un regalo, podrás devolverme el dinero, te lo prometo.

—Sabes bien que no podré devolverte el dinero. ¡Esa sala cuesta lo que gano en seis meses! ¡Con ese dinero podría amueblar la casa entera!

—Por supuesto, en tiendas de segunda mano, donde los muebles ya tienen la energía de los antiguos dueños. ¿No crees que es hora de seguir adelante y comenzar de nuevo? Una sala nueva ayuda, créeme y puedes firmarme algunos pagarés si eso te tranquiliza.

—No hagas esto, Skywalker porque no tienes derecho a hablar acerca de mi pasado cuando fuiste tú quien dijo que yo era una roca en el camino de Barto.

Lucas metió las manos en los bolsillos de su pantalón y suspiró.

—Tienes razón, no tengo ningún derecho. Devolveré la sala pero será mañana, cuando te lo hayas pensado mejor… Sin embargo me gustaría aclarar que no soy de los que da esperando algo en retorno y si te hubieses dado la oportunidad de conocerme mejor, lo sabrías.

—No era yo quien se alejaba de ti, Lucas, eras tú quien me ponía una barrera. Eras educado e incluso a veces me sonreías pero nunca quisiste que fuéramos amigos, no me quieras ver la cara.



Aletor

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En el texto hay: romance juvenil, drama, romance amor odio

Editado: 17.01.2019

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