A donde quiera que vayas

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25. Dulce y amargo

Con nerviosismo terminé la llamada y arrojé el móvil al suelo, debía ser de buena calidad porque no se había roto y al levantarlo del piso arrepentida, constaté que aún tenía señal.

Si, tal vez Lucas tenía razón y no era más que una niñita inmadura y egoísta pero él no era quien para juzgarme, su vida había sido años luz más fácil que la mía. Me senté decepcionada a la mesa y apagué el horno, mi estupenda cena se había ido a la mierda.

Lucas no podía estar muy lejos porque el auto aún seguía a mi puerta y era probable que se hubiese marchado a pie. Salí temerosa, la noche era oscura y la tenue luz de mi porche no ayudaba, caminé un par de metros y pude verlo recargado sobre uno de los árboles de la calle.

—Solo para tu registro, lo siento —le dije, devolviéndole el móvil que tomó con recelo—, pero creo que todo esto no es justo para ninguno de los tres.

—Espero que hayan aclarado las cosas —respondió.

Al parecer no me había puesto atención. Tal vez su mente le estaba jugando una mala pasada y no, no era su culpa.

—No fui capaz de articular palabra y en verdad lo siento. Supongo que queda claro que aún me inspira alguna clase de sentimiento y sé que tu mereces mucho más que eso —confesé.

—Si, eso creo —inclinó la cabeza para evitar mirarme.

—Con todo, odiaría perderte… —aseguré.

—Lo sé…

—¿Cómo puedes saberlo siempre todo? ¡Te odio por eso! Yo siempre estoy llena de dudas, de temores, ¿tan distintos somos?

—¿Tú y yo? —sonrió débilmente—. Somos un par de planetas que no han sido descubiertos, Luna. Eso es lo que somos —hizo una pausa y al fin tuvo el valor para mirarme—. El pasado está muerto, el futuro no existe. Hoy es un regalo, por eso se llama “presente”.

—Esa frase la robaste de una película animada, Skywalker, y no es justo que hurtes la frase correcta y la uses en el momento justo, eso se llama “jugar sucio” —respondí haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reír.

Lucas era adorable.

—Espero que consigas vivir el tuyo, porque la vida pasa tan aprisa y… pasado un tiempo uno se pregunta por qué no tuvo valor para hacer lo que quería. Lo que en realidad quiero decir es que… Toma.

 Me extendió de nuevo el móvil, el cual tomé por pura inercia.

 —Habla con Barto, pregúntale por qué no vuelve a casa, no te quedes con la duda y después toma todo lo que puedas de la vida, y sé feliz.

Se dio la media vuelta y emprendió el camino de regreso a su casa.

—Lucas, no —le dije para detenerlo.

Se volvió hacia mí.

—No seas cobarde, Júpiter, marca…

 Le di alcance y lo sujeté por la camisa.

—Tú lo has dicho, el pasado está muerto —pasé los brazos por su cintura y me aferré a él como quien se aferra a un madero en el medio del océano—. Sé mi presente Lucas, también mi futuro, por favor…

No sé si correspondió a mi abrazo por pena pero se aferró a mi espalda con tanta fuerza que un dolor agudo subió por mi espina dorsal. Luego lo besé, con desesperación, no podía detenerme. Ambos estábamos jadeando cuando Lucas me paró en seco.

—Hey, vamos con calma, ¿quieres? No quiero que te precipites y cometas un error. Lo que quiero decir es que, muero por estar contigo, pero no así. Quiero que antes hables con Barto, tienes qué hacerlo.

—No le debo nada a Barto, Lucas, ni él a mí. Él me olvidó y yo continué con mi vida, esa es nuestra historia. Ahora quiero que tú y yo iniciemos una nueva, una con un final feliz pero sin un auto negro allá afuera.

Me sonrió.

—Eres muy terca y me sacas de mis casillas.

 

Lo tomé de la mano y lo llevé de vuelta a casa.

—Tengo la cena en el horno y honestamente muero de hambre.

—Yo también.



Aletor

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En el texto hay: romance juvenil, drama, romance amor odio

Editado: 17.01.2019

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