A donde quiera que vayas

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29. La delgada línea

—Yo no te olvidé… —susurró en mi oído.

—Por favor, Barto, no hagas esto —respondí sorbiéndome los mocos.

—Supe que había sido un estúpido en cuanto te vi.

Me alejé un poco y sujeté sus manos para que me dejara en paz.

—Ya no te creo.

—Luna, te amo. No quiero perderte, no así, sé que fui un tonto pero te juro que haré todo lo posible por revertir el daño.

—Tú no me amas, Barto. Es solo tu maldito ego, no soportas perder.

—No… —me miró y reconocí una chispa del antiguo Barto en su mirada—. Sí, de acuerdo, acepto mi error, todo era nuevo para mí, tenía dinero en el bolsillo y chicas hermosas hablando de lo maravilloso que era, pero nada de eso es real, me dí cuenta en cuanto te ví sentada junto a Lucas. Me volví loco, yo…

—Vuelve a la capital, Barto. Tú ya no perteneces a este sitio —aseguré.

Quería que se fuera, que se largara, antes de que mi convicción flaqueara y volviera a caer rendida ante su encanto.

Me di la media vuelta pero me volví hacia él vacilante. Barto aprovechó aquél momento de duda y me sujetó por el antebrazo. Estábamos en medio de un juego cruel y alguno de los dos saldría lastimado, o quizá un tercero, alguien que no estaba allí para defenderse.

—Sabes que no se puede amar a dos personas a la vez, Lú. Tú no eres así.

—Eres un idiota, Bartolo, ¿lo sabías? Vuelves a Santa Elena, me ofendes y ahora dices que me amas, ¿qué demonios está mal contigo? ¡Deja de jugar!

—Sabes que no voy a irme hasta que me digas la verdad, ¿qué sientes por Lucas?

—Si, sueles ser muy obstinado —sonreí débilmente y Barto aprovechó para liberar mi manos y llevar la suya hasta mi rostro.

—¿Lo amas?

—Tal vez no del mismo modo en que te amé a ti. Tú me heriste —aseguré intentando parecer distante— y Lucas no hace más que intentar protegerme.

—Él solo se aprovechó de tu susceptibilidad. Eso no lo hace la gran persona que describes.

—No, estás equivocado, Lucas no se aprovechó de nada, solo se acercó a mí cuando se hubo cerciorado de que tú me habías dejado en el pasado. Ante todo está la amistad que le une a ti, es más, iba a decírtelo, solo esperaba el momento oportuno.

—”La amistad que nos unía” querrás decir.

—Vete de una vez, Barto.

Intenté mirarlo con dureza.

No quería seguir dejando expuesta mi alma, debía impedir, a toda costa, que siguiera hurgando entre los inmensos huecos de mi corazón.

Por alguna razón, la furia se acrecentó cuando me di cuenta que no iba a darse por vencido, pero eso sólo logró incrementar su determinación y entonces haciendo uso de la fuerza me atrajo hacia él y comenzó a besarme.

Golpeé su pecho y me separé violentamente.

—¿Qué rayos intentas? —pregunté limpiándome los labios con el dorso de la mano.

—Me aseguro que en verdad quieres que me marche, pero no te noto convencida.

 Barto volvió a besarme y esta vez cedí. ¡Rayos! Aquello debía tratarse de una pesadilla, porque en ese preciso momento comprendí que estaba loca y perdidamente enamorada de él.

Muy lentamente, me llevó por el atajo a casa en total silencio. Ninguno quería romper la magia de aquel momento, solo nos internamos por el bosque como cuando volvíamos de los ensayos en casa de Lucas. Por un breve instante, tuve la seguridad de que el tiempo se había detenido y que en cualquier momento despertaría y me daría cuenta de que todo había sido un mal sueño. Quizá Barto no se había marchado nunca o yo me había extraviado en aquella delgada línea que separaba la realidad de los recuerdos pero por el momento estaba bien, me sentía segura y sobre todo, amada. Solo quedaba algo por resolver y llevaba el nombre de Lucas.

 

 

 



Aletor

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En el texto hay: romance juvenil, drama, romance amor odio

Editado: 17.01.2019

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