A donde quiera que vayas

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37. El ojo de la tormenta

Caminamos por la calle tomados de la mano para entrar a la taquería y Lucas se arregló el saco.

—¿Estás segura de que nadie va a mirarnos raro? Creo que vinimos demasiado elegantes.

—Si alguien nos mira raro les diremos que venimos de casarnos, quizá hasta obtengamos cerveza gratis.

Lucas rió y aproveché para detenerme un momento,  con la mano que me quedaba libre me arreglé el zapato que había comenzado a lastimarme, solía suceder con los zapatos nuevos. Al incorporarme vi el rostro descompuesto de mi compañero y volví la vista al frente, Barto y la chica rubia, y hermosísima, caminaban hacia nosotros. Él reposaba el brazo sobre su hombro y ella se abrazaba a su cintura, orgullosa.

—Quizá debimos ir a D´Luigis —susurró Lucas entre dientes mientras Barto se acercaba sonriendo, pero en cuanto estuvieron frente a nosotros la sonrisa se  borró de su rostro.

—¡Luna! —dijo sorprendido— Apenas te reconocí con ese vestido…

Barto me miró de arriba abajo sin disimulo y la chica rubia se turbó en cuanto él la soltó.  Instintivamente apreté más fuerte la mano de Lucas.

—Que sorpresa encontrarte aquí y de la mano de… Lucas.

—Sí, quizá una gran sorpresa para ti, pero no para nosotros que ya nos lo veíamos venir —dije hablando lo más rápido posible, debía darme prisa para no darle tiempo a que abriese la boca—. De cualquier manera es un placer verte también ¡y con tu nueva novia! Tan rubia y tan bonita, aunque es raro, ¿no, Barto? Pensé que te gustaban las morenas o quizá estoy confundiendo las historias, las morenas solo te gustan para meterlas en tu cama  —miré a la chica rubia y le sonreí abiertamente.

Por un segundo, tuve la seguridad de que la chica estaba a punto de desmayarse.

–Ya sabes, “prefiero patear traseros por el resto de mi existencia antes de permitir que alguien te haga daño” —dije moviendo la mano con ímpetu e imitando su voz.

La pobre rubia se volvió hacia él con gesto adusto.

—Ella es Bibi —dijo Barto intentando pasar de mis malas maneras.

Me volví hacia Lucas, quien se mostró turbado ante mi ataque de sinceridad, y lo atraje hacia mí. No quería ni siquiera volver a mirar a Bartolo.

—Mucho gusto, pero tenemos un cumpleaños que celebrar —respondí sin mirarlos—. ¡Que tengan una estupenda noche! —agregué para que nos escucharan mientras nos alejábamos.

—¿Qué rayos fue todo eso, Luna? —preguntó Lucas visiblemente irritado.

—¿Qué cosa? —respondí evitando su mirada.

—¡Acabas de hacer el ridículo!

—No voy a discutir contigo, Lucas, no ahora.

—¡Ni siquiera le dejaste hablar! —me recriminó.

—¿A quien rayos le importaba lo que quería decir?

—Quizá deberías aprender a comportarte como una persona civilizada.

Me volví y lo enfrenté.

—¡Soy civilizada! Pero no iba a darle la oportunidad de lastimarme.

—¡Quizá él no quería hacerlo!

—¡Por favor! No me vengas con niñerías, el comentario ese de “y de la mano con… Lucas” —dije imitando de nuevo su estúpida voz—. ¡Ni siquiera venía a cuento!

—Acabas de mostrar a quién amas en realidad.

Nos sentamos a la mesa y Lucas miró al mesero que ya se había colocado a nuestro lado para pedir la orden.

—Dos cervezas y diez tacos con todo —ordenó.

El pobre camarero salió corriendo al percatarse de su mal humor. Suspiré decepcionada, había intentado herir a Barto y sin darme cuenta había lastimado también Lucas, me sentí como una estúpida.

—Perdóname, yo no quise… —pero él volvió el rostro y no dijo una palabra— . No me hagas esto Lucas, si estoy contigo es porque tú eres distinto, tú nunca me juzgas.

—No te juzgo porque sueles comportarte con decencia pero ahora mismo ya no sé qué rayos… ¡Ah! —gimió impotente.

—Por favor, deja que pase el resto de mi cumpleaños sin reproches, mañana puedes decirme lo que quieras y te prometo que te escucharé en silencio, pero acabo de pasar un mal momento y necesito tu apoyo.



Aletor

Editado: 17.01.2019

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