A ella le debo mi amor

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2. Un ángel de amor

MÍA

Elián se ha quedado dormido sobre mi pecho, mi pequeño abraza con ternura su osito azul. Estoy sentada en la butaca que hay junto a su cuna. No puedo dejar de mirarlo, llevo dos horas sintiéndolo respirar, latir, soñar… este es sin duda mi momento favorito del día, cuando tengo el placer de convertirme en su cuna.

De repente, todo se vuelve oscuridad.

Una niebla espesa cubre la habitación. Mis brazos están vacíos, ya no siento el calorcito de su cuerpo, ni su suave aroma a dulzura.

¡Mi bebé ha desaparecido!

Escucho su llanto.

Un llanto fuerte, lleno de vida. Intento seguir su voz, pero me cuesta avanzar entre la niebla. Cuando por fin consigo acercarme a su cuna descubro horrorizada que ¡la cuna está vacía!

En la soledad de la noche un relámpago me despierta de mi peor pesadilla. Siento frío, es como si una corriente de aire invisible me acariciara el alma. Me pongo mi bata de seda blanca y camino por el pasillo, la puerta de la habitación de Elián está entreabierta. Su llanto se repite en mi cabeza una y otra vez, es como si mi cerebro tuviera grabado su llanto en modo repetición. Suspiro mientras me acerco a la cuna blanca, cojo la mantita azul que hay sobre ella y me dejo caer en la butaca celeste abrazándola contra mi pecho. Siento el calor de su cuerpecito sobre mi pecho como si ese sueño hubiera ocurrido de verdad, puedo percibir ese suave aroma a Nenuco.

Las lágrimas acechan con salir de mis ojos, desearía despertar de esta horrible pesadilla. No hay dolor más grande que el que siente el corazón de una madre que se ha quedado con los brazos vacíos.

—¿Mía?

Alzo mi mirada, veo un poco borroso por las lágrimas acumuladas en mis ojos. Alex se acerca despacio, es como si tuviera miedo de hacer o decir algo que pudiera romperme. Se agacha frente a mí y sostiene mi cara entre sus manos con una suave caricia.

Miro esos ojos llenos de ternura hallando mi paz.

—Lo siento. —Le digo en un susurro mientras sigo abrazada a su mantita.

—Cielo, no es culpa tuya.

—Debí protegerle.

—No te atormentes más, nuestro hijo es un ángel, un ángel de amor y donde quiera que esté quiere verte sonreír; él te está cuidando. —Besa mi frente con toda la dulzura que hay en su noble corazón.

Mi marido me envuelve entre sus brazos, dejo que me inunde su aroma a Doce & Gabbana llenándome de paz. Una noche más me derrumbo entre sus brazos dejando salir todo ese dolor que me consume día tras día.

 

06 de diciembre de 2018.

Me quedo observando el tono rosado que adquiere el cielo unos minutos antes de que salga el sol. Desde Owen Beach, se ven los mejores amaneceres. Nos sentamos junto a la orilla contemplando el horizonte, una suave brisa de aire acaricia nuestros rostros.

—Elián, mi pequeño ángel. Nunca olvidaré esos nueve meses en los que te lleve cerca de mi corazón, en compañía de mi voz. Me hiciste conocer el amor más fuerte e intenso que existe en el mundo.

—Mamá y yo nunca te olvidaremos campeón, siempre vivirás en nuestros corazones.

Desde que perdimos a Elián, el día de su cumpleaños venimos a esta playa y lanzamos farolillos para demostrarle a nuestro pequeño ángel que lo llevamos tatuado en el corazón y es ahí donde permanecerá para siempre.

—Feliz cumpleaños campeón. —Susurra mientras una lágrima se des- liza por su mejilla.

Encendemos dos farolillos que ascienden en dirección al cielo, representan la edad que habría cumplido nuestro pequeño. Nuestro Elián es un ángel, un destello de luz que nunca dejará de brillar.

Alex me da un pequeño beso en los labios, nos abrazamos alzando nuestra mirada al cielo. En ese momento las nubes se juntan formando un corazón.

 

GISELLE

Una tormentosa noche de diciembre.

Sentada en el sillón junto a la chimenea doy un sorbo a mi taza de té

mientras leo “Oliver Twist” de Charles Dickens.

Un relámpago deja a oscuras la ciudad, pongo el marcapáginas en mi libro favorito y lo dejo sobre la mesita para más tarde continuar con mi lectura.

Las gotas de lluvia golpean de manera furiosa el enorme ventanal, el viento ruge como si se acabara de desencadenar una terrible tragedia. Pongo leña en el fuego para evitar que el fuego se apague, la tormenta sigue creciendo. Escucho el llanto de un bebé tras de mí, me giro despacio percibiendo una silueta.



starofdreamss

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En el texto hay: esperanza, autismo, adopcion

Editado: 21.01.2019

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