A ella le debo mi amor

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3. Lazos de sangre

MÍA

Llevo varios días dándole vueltas al tema de la adopción, sumida en un mar de dudas que no consigo resolver.

Observo dormir a Alex lleno de paz, imagino a un niño de tres años con el cabello rubio y unos ojos avellanados llenos de ternura. Pienso en lo duro que debió ser despertarse en mitad de una noche de tormenta asustado y no tener el calor de los brazos de su madre donde refugiarse. Solo el imaginar al Alex niño, indefenso, se me encoge el corazón. Acaricio su cabello con ternura deseando protegerle, alejar el dolor de su alma.

Necesito ser su refugio, el lugar donde siempre se sienta a salvo.

Mi sueño siempre ha sido ser madre. No puedo evitar sentir que estoy traicionando a Elián. No me siento capaz de entregar ese amor que le corresponde a mi bebé. No sé si sería capaz de amar a otro niño que no sea él. No creo estar preparada para entregar mi corazón.

Me levanto sin hacer ningún tipo de ruido. Me refugio en la habitación de Elián, el único lugar donde soy capaz de hallar un poco de paz.

Mi mente viaja al momento en que lo tuve entre mis brazos, fue un solo instante, pero me basto para reconocer al verdadero amor. Recuerdo como si fuera ayer el calor de su cuerpecito sobre mi pecho. El latir de nuestros corazones latiendo juntos al compás. No puedo olvidar esos ojos de color gris azulado que me miraban con tanta ternura, su dulce sonrisa...

No consigo comprender como un niño tan lleno de vida pudo apagarse de repente. No puedo sacarme su llanto de la cabeza, siento como se re- produce una y otra vez.

—Buenos días preciosa. —Al sentir sus labios sobre los míos vuelvo a la realidad.

—Buenos días. —Peino con mis dedos sus ricitos rubios, son adorables.

—¿Qué hacías aquí cielo? —Elevo la mirada encontrándome con esos ojos de color avellana que me inspiran ternura.

—He tenido un flashback de esa noche —le confieso—. ¿Cómo es posible que un llanto tan lleno de vida se apagara en cuestión de segundos?

—¿Qué quieres decir? —Dice mientras se abrocha los botones de la camisa.

Sus ojos avellanados me miran con intensidad, intento buscar las palabras adecuadas, tengo miedo de que no me crea y que piense que estoy perdiendo la razón.

—Siempre he sentido que nuestro niño estaba vivo, mi corazón no puede estar equivocado.

—Mía, cariño…

—No, escúchame. Tú estabas ahí conmigo escuchaste su llanto.

—Sí, lo escuche, pero nació con una insuficiencia respiratoria.

—¿De verdad lo crees? —miro sus ojos, en ellos puedo percibir que tiene miedo de enfrentarse a la verdad— Alex pon tu mano en tu corazón y dime que no sientes que nuestro hijo está vivo.

—Creo que necesitas descansar.

—Alex —mis ojos se llenan de lágrimas—. Por favor cree en mí —

digo en un susurro—, tan solo necesito que creas en mí.

—Mi vida —Apoya su frente contra la mía—. Daría lo que fuera por albergar la mínima esperanza de que nuestro pequeño sobrevivió, pero sabes que es imposible. Tuviste entre tus brazos a nuestro niño. Nunca olvidaré su rostro angelical. —Dice con pesar.

—¡No era nuestro pequeño! ¿¡Por qué no puedes creerme!?

Mis labios forman un puchero, no puedo controlarlo, las lágrimas res- balan por mis mejillas sin cesar. Alex con mucha dulzura sostiene mi cara entre sus manos, me mira con esa mirada serena que me llena de paz y sin decir nada posa sus labios sobre mi frente y me abraza contra su cuerpo. Incluso en los peores momentos es mi refugio, la calma dentro de mi tempestad.

Preparo el desayuno en silencio, puedo sentir su mirada relajada, esa mirada que siempre me transmite paz.

—Cielo, no te enfades conmigo por favor.

—No estoy enfadada, —lo miro a los ojos— solo necesito que confíes en mí y en mi instinto.

—Confío en ti mi amor, pero me cuesta creer que… —Suspira, no se atreve a decirlo.

—Que secuestraran a nuestro hijo. —Termino la frase por él.

—¿Por qué iban a querer a nuestro niño? —Sostiene mi cara entre sus manos mirándome fijamente.

—Mi corazón de madre no se equivoca, Elián está a salvo viviendo con una familia del corazón.

Puedo ver como sus ojos avellanados se tiñen de tristeza. Con toda la ternura que posee su alma me envuelve entre sus brazos. Sé que teme que recaiga en ese pozo de depresión, pero ahora soy más fuerte que nunca.



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En el texto hay: esperanza, autismo, adopcion

Editado: 21.01.2019

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