A pesar del sufrimiento (serie "Reencuentro" #1) Borrador

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Capítulo 29: Estoy muy mareada

Capítulo 29

Estoy muy mareada

 

Cambio de planes, tía Maritza con su jardinero Carlos, decidieron extender la lista de invitados ¡genial!, la casa no sería un buen sitio para tantas personas así que alquilaron un local bastante grande y elegante, no es por ser amargada, no me mal entiendan, para mi mucha gente quiere decir que hay mucha molestia para mí, sus amistades + sus hijos solteros = a problemas para mí.

Como soy la única soltera en la familia del sexo femenino seré presa fácil y los gemelos y yo estaremos pendientes como presa al asecho de solteros y solteras como si sostuviéramos en nuestras manos un cartel enorme de presas de amor disponibles, ataquen

— ¿teníamos que parecernos tanto? —se queja Tiziano a mi derecha con una copa de champan llevándola a su boca, me encojo de hombros, no es mi culpa.

—parecemos unos malditos trillizos ¿cómo fingir que eres mi novia? —Stefano a mi izquierda con la misma expresión, los tres vigilábamos los posibles cazadores.

—Ni siquiera Virginia está disponible ahora—observamos a mi hermana bailando con su novio Alessandro.

— ¿y tú que no tenías novio? —me encojo nuevamente de hombros y niego llevando la copa del embriagante líquido a mi boca.

—Si seguimos así terminaremos borrachos en manos de quien sabe quiénes—se queja Tiziano

— ¡oh, oh! Rebeca a la vista, Rebeca a la vista, ¡flanco izquierdo ahora!

Los tres nos vamos por la izquierda apresurados sin que se muestre nuestra desesperación por huir, Rebeca, ha querido cazar a cualquiera de los gemelos por años, es una loca, Stefano, la llevo a su casa ebria por que la encontró de casualidad en una discoteca, al día siguiente quería el anillo de compromiso y estaba planeando la boda.

No les miento, lo peor es que ni sabía, ni sabe, siquiera distinguirlos.

—detrás de la mesa de bocadillos, ahí nadie podrá buscarnos. —Stefano, nos guía hasta nuestro escondite

Llevamos tres sillas detrás de la mesa larga con bocadillos y entre las sombras nos disponemos a comer y beber sin interrupciones. Cuando digo sin interrupciones, lo digo enserio, porque no sé cuántas copas llevamos, pero nos estamos riendo de cada invitado sin pudor alguno. La ebria soy yo, porque este par de malditos estaban tan frescos como una lechuga. ¡Los odio!

Veo a Fabrizio sentado conversando con Valentino, le escribo un mensaje a mi amigo con mucho esfuerzo, la verdad no sé si lo escribo bien, ya veo borroso.

Nos busca y al cruzar miradas, le hago señas desde donde estamos, se cruza de brazos al verme en tan alegre situación.

—Te ves muy animada Diana—se burla

— ¡Valentino! pero que guapo estas hoy—digo arrastrando cada palabra, me levanto y como no puedo sostenerme muy bien se apresura a sostenerme entre sus brazos

— ¿Cuánto has bebido? —se ríe de mi torpeza, rodeo su cuello con mis brazos apoyando casi todo mi peso

—No más como dos copitas—muestro cinco dedos—o eran tres—y muestro siete dedos, veo que se acerca Fabrizio. —no, no, no, a ese personaje no lo quiero cerca.

—Dame una botella con agua —le pide, me la extiende y tomo

—Creo que necesito ir al baño—me ataco de la risa.

Ambos me llevan al baño, me dejan en la puerta y caigo de rodillas entre carcajadas— ¿Dónde se fue todo mundo? ¿Por qué el baño esta tan vacío?

—es el baño de hombres.

—santísimo padreeeee, ¡qué más da! he hecho peores cosas, como esa vez que le amarre en su estúpida cola de caballo, una bolsa con popo de perro a la vecina esa malcriada que me caía muy mal, por cortarle el cabello a mis muñecas.

—está demasiado ebria, Di, necesito que te sostengas de la pared del cubículo ¿entiendes?

Asiento entre risas y me ayuda a levantarme.

—o esa vez—prosigo—que le teñí el cabello gris a color violeta del jefe de papá cuando dormía plácidamente o cuando esa vez que puse laxante en el refresco del vecino mientras ayudaba a tío Ed con la fontanería, pero shhhhhh, Lucifer, no puede enterarse.

Me suelta, entro y logro no ahogarme en la taza del inodoro.

 —o esa vez que le corte el cabello a la tal…

— ¡Di no te duermas!—golpea la puerta y me despierto.

—Vaaaaaaaaaaaya, sí que estoy borracha—mis carcajadas resonaron dentro del cubículo— ¡todo es culpa de ese maldito de Fabrizio!

—Diana, aún estoy aquí. —responde el susodicho.

— ¡oh! —Vuelvo a reír—hablo de otro Fabrizio, no te creas tanto, ¡presumido!

Los escucho reír.

— ¿Qué hiciste esta vez? —le pregunta Valentino

—nada, quizás por eso esta así.

—has estado extraño este mes ¿no se suponía que lo intentarías con ella? —no responde—no la había visto así por alguien.

— ¿ni por él? —se refiere a Rodrigo.



Eris Morningstar

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En el texto hay: amistad y amor, reencuentros, amor de familia

Editado: 23.10.2019

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