A pesar del sufrimiento (serie "Reencuentro" #1) Borrador

Tamaño de fuente: - +

Enfurecido/a (Extra)

Enfurecido/a (Extra)

Salgo del hospital dejando a Diana con Valentino, después de haber recibido la amenaza de Priscila, me voy para poder pensar en, como solucionar ese problema. Estoy frustrado, nunca comprendió que yo no quiero nada con ella, que me lastimó, que me traicionó y con mi primo. Me había enamorado de ella, fue la primera con la cual pensé tener una vida, mi primera ilusión y después de su traición,  fue cuando me destruyó, no pensé que volvería a enamorarme. Pero lo hice, me enamoré de Diana, una mujer tan diferente, con ocurrencias locas y aunque lastimada, dañada, por el que creyó ser el amor de su vida, ha podido salir adelante.

Yo quiero reparar ese daño, quiero demostrarle cuanto puedo hacer por ella, por ganarme su confianza completamente.

Nunca pensé verla de nuevo, desde que la conocí ese día hace dos años, ahora que la encontré, no pienso dejarla ir.

Arturo, me da luz verde, así que me dirijo en mi coche antes de pasar por mi casa y llegar a Fontaine, debo solucionar este asunto, sino moriría de lo enfurecido que estoy.

Conduzco pensando en todo lo que le haré, pensando en cómo lastimó a Diana, sus asquerosas manos sobre su piel tan suave, su aliento etílico sobre ella y sus manos abofeteándola…

Golpeo con fuerza el volante de tan solo imaginarlo.

Me bajó del auto al estacionarlo, entro al edificio y me espera Arturo, con su celular en la mano, al verme, esboza una sonrisa a boca cerrada, sabe que estoy cabreado, me saluda con un abrazo.

—Qué bueno verte viejo amigo, lo malo es que sea en esta situación.

—También me alegra verte, pero ahora quiero saber ¿qué pudiste hacer?

Caminamos hacia una celda preventiva donde están unos oficiales. Arturo. hace un asentamiento y el oficial abre la celda.

—Tienes cinco minutos—dice y entro, el oficial cierra la celda y desaparecen tras ella.

Miro Elías Miller, sentado, tiene un ojo morado y el labio partido y una venda en su cabeza, tengo entendido que Diana, se defendió rompiendo un porta lápices de metal que cayo junto a ella cuando la estrelló contra el armario que lastimó su hombro. Aprieto mis manos al recordarlo. Mi ira, aumenta.

Al ver lo que también le hizo Rodrigo, pienso en retractarme de darle una paliza, ya ha tenido suficiente.

— ¡Vaya! no pensé que el noviecito de esa perra pudiera venir a visitarme ¿A qué debo el honor?

¡Al carajo con eso! Lo tomo del cuello de su arrugada y sucia camisa, lo tiro contra la pared, a lo que se queja de dolor y estampo mi rodilla contra su abdomen.

—Muy machito drogando a mujeres indefensas—lo levanto y estampo un puñetazo en su ya rota nariz. —no es una perra como la llamas, su nombre es Diana, y a ella la respetas. —lo tiro al piso y lo pateo. —te crees muy hombre cierto—le grito mientras lo sigo pateando—ya han salido a la luz muchas mujeres a las que has ultrajado, ¡maldita rata asquerosa inservible! Vas a podrirte en la cárcel. —lo vuelvo a patear. La ira está a flor de piel.

Se quejaba y la sangre emanaba de su nariz rota.

La celda se abre y salgo de ahí, el oficial entra con un botiquín de primeros auxilios y me da un asentamiento de despedida.

—Que tenga un buen día señor D´angelo.

—Buen día oficial—y me dirijo a mi casa, tomo una ducha y regreso a Fontaine, con la visita de Priscila Beltrán, mi infierno ya ha empezado.

 

Diana

—Sigo pensando que esto no es una buena idea—Sammy me mira por sobre sus lentes oscuros, estoy en el auto de Virginia, junto a ella. Cuando por fin me recuperé de mis lesiones después del accidente, decido enfrentarme a una persona que me ha hecho la vida imposible, no solo el chantaje hacia Fabrizio me enfureció, sino, usar mi empresa para llegar a sus propósitos y lo que me tiene estacionada frente al edificio donde habita, es lo que le hizo a Samanta. — deberías tranquilizarte un poco, así evitamos un posible asesinato.

—No voy a asesinarla, solo la voy hacer pagar por el sufrimiento de Samanta.

Así que sin pensarlo dos veces como dice la canción, me bajo del auto y acto seguido, entro al edificio. Sammy me sigue con actitud sospechosa, se ha puesto unos lentes de sol y ha soltado sus cabellos poniéndolos por sobre su rostro.

—Sammy, así pones más sospechas sobre nosotros —mira a todos lados como buscando algo.

—Es que estoy nerviosa. Y ¿si la matas?

— ¡Que no voy a matarla!—giro hacia ella y chocamos cabezas.



Eris Morningstar

#11023 en Novela romántica
#791 en Otros
#791 en No ficción

En el texto hay: amistad y amor, reencuentros, amor de familia

Editado: 23.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar