A Sólo Un Recuerdo De Ti © Libro Dos de la Serie Olvido

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Capítulo 23

Desperté y me estiré con presteza antes de restregar mis ojos, somnoliento. Con lentitud levanté mis párpados a la vez que con una media sonrisa estiré el brazo, buscando el contacto con la piel de Bella.

Mi tanteo no obtuvo contacto con su piel como lo esperaba y con agilidad escudriñé la otra mitad de la cama, la cual estaba en absoluta soledad. Incorporándome a medias soportando mi peso en los antebrazos y codos, barrí con la mirada toda la extensión de la habitación, desde un extremo a otro, pero la silueta de Bella no se percibía por ningún lugar.

Una sensación de vacío se anidó sigilosamente en mi interior, ansiaba su presencia, su calidez y su aroma. Recorrí con mi mirada su lado de la cama, rememorando su delicada y grácil postura al dormir y continué el recorrido visual de manera lenta hasta llegar a la almohada, en la cual aún se constataba de manera visible el rastro que la postura de su cabeza había dejado al apoyarse cómodamente en ella. Deshice los pasos de mi recorrido y sonreí al descubrir su pulsera en la orilla, casi oculta entre las sábanas enmarañadas, la aferré entre mis dedos con suavidad y con agrado me deleité del tenue aroma a ella, que me embargó al acercar el dije a mi rostro.

Ante la primera oleada de ese delicioso aroma de vainilla y canela, mi estómago se contrajo de manera automática, en respuesta y sumisión automática ante ese aroma... su aroma.

No importaba que la hubiese tenido entre mis brazos hace un período de tiempo relativamente corto, cada poro de mi anatomía pedía por ella, deseaba de su cercanía con completa devoción. Suspiré rendido, consciente que mi necesidad de ella no se podría aliviar hasta tenerla entre mis brazos.

Siguiendo las demandas que se acrecentaban a pasos agigantados en mi interior, deslicé las sábanas por mis pies hasta destaparme por completo y con enérgicas zancadas crucé la distancia que me separaba del umbral de la habitación. Mi olfato agudizado, percibía su aroma cada vez más cerca y siguiendo ese dulce olor, pronto me encontré a unos pasos de su espalda. Se encontraba enfrascada en su concentración, cortando fruta y disponiendo alimentos para nuestro desayuno. Suspiré profundamente permitiendo que mis sentidos se embargaran por completo de ella, y mi corazón latió con furia al sentir su cercanía.

Sopesé recurrir al factor sorpresa y hacerla sonreír con un pequeño sobresalto juguetón. Pero mis planes se vieron saboteados de inmediato cuando repentinamente sus manos descendieron, con cuchillo y trozo de manzana entre sus dedos, dejando todo descuidadamente a un costado y apoyando sus palmas abiertas sobre el mesón. Su cabeza se ladeó levemente en un movimiento exquisito y delicado, que invitaba a acariciar la suave curva  que unía uno de los laterales de su cuello y hombro. Como si adivinara mis pensamientos y fuera plenamente de mi presencia y cercanía, se estremeció ligeramente, producto de esta reacción espontánea un delgado mechón de cabello rubio se deslizó de su moño, cayendo como una ligera cascada que rozó casi apenas su piel.

Sin ser plenamente consciente de mí, estiré mis dedos hasta rozar aquel suave cabello que se perdía entre mis dedos, provocando pequeñas cosquillas a su paso. Bella suspiró profundamente y en dando un medio giro sobre su eje, me permitió disfrutar de la calidez de su mirada al perderme en sus ojos de manera natural e irrevocable. El brillo que estos emanaban era sublime y junto con su sonrisa fueron el alimento que mi alma necesitaba.

Extendió sus dedos en dirección a mi rostro y me sentí derretir a punto de caramelo cuando sus yemas hicieron contacto con mi piel, que ya estaba completamente ansioso de ella y de su contacto. Entreabrí mis labios embelesado al admirar su belleza, disfrutando las caricias de sus dedos que parecían traspasar las barreras del tiempo y el espacio para proyectarse y expandirse a través de ellas.

Fui consciente de cada uno de mis latidos y pulsaciones, cada uno de ellos latía por ella y para ella.

Las emociones estaban a flor de piel y podía sentirlas a segundos extendidos en cada uno de mis poros. Mis párpados pesaban y el pestañear era lento, intentando capturar en mi retina la esencia de su belleza y escudriñar la grandeza de su alma a través de sus ojos.

Finalmente anclé mi mirada a sus labios y los acaricié con mi vista, abarcando toda su extensión hasta el último milímetro, antes de atraparlos con mis labios y sucumbir ante el deleite sublime de la suavidad y calidez que me obsequiaban, entregados y dispuestos, calzando a la perfección de la demanda de los míos.

Suspiré contra sus labios, sintiendo como su presencia se adueñaba por completo de mi ser, ansiando entregarle en aquel beso mi alma y mi vida entera, confirmando mi amor por ella, absolutamente completo y eterno.

*

— El amor de ustedes debería estar prohibido — señaló entre risas Lucy — Me dan envidia, mi novio parece un desabrido espécimen al lado de tu Maty.



Belén S.

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En el texto hay: novela romántica, romance, amor

Editado: 26.08.2019

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