A Sólo Un Recuerdo De Ti © Libro Dos de la Serie Olvido

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Capítulo 25

Tras esa semana de locura finalmente había llegado el ansiado viernes, sonreí automáticamente de anticipación al dirigir mis pasos al departamento de Bella y saber que los siguientes días disfrutaría por completo de su compañía.

Sentí un ligero cosquilleo realizar una trayectoria recta y con potencia desde la nuca hasta la punta inferior de mi columna en cuanto divisé su puerta a la distancia.

El día anterior no había podido verla, por responsabilidades varias de ambos, pero cada milímetro de mi ser la necesitaba con suma urgencia, podía sentir las ansias de ella y su cercanía hasta en lo más profundo de la médula. ¡Dios! La necesito tanto, pensé con ímpetu.

La sensación de dependencia absoluta e irrevocable de ella, creció a pasos agigantados con el transcurso de los segundos que tardé en abarcar la distancia. Hundí el dedo en el timbre con impaciencia y ansiedad a partes iguales.

Al momento exacto de sentir sus pisadas acercarse a la puerta tras la muralla, mi corazón se saltó un latido, para luego de manera inmediata comenzar a galopar enérgicamente a la máxima velocidad que mi cuerpo le permitía.

El sonido de la puerta al ser abatida con suavidad me acarició el alma atribulada y su preciosa silueta se materializó, apaciguando al instante mi desbocado corazón.

Sus labios llenos y tentadores salieron al encuentro de los míos de inmediato y cuando la posición de mi corazón quedó expuesta a la cercanía del suyo, finalmente accedí a la paz que tanto ansiaba.

La caricia de sus labios dejaban oleadas de amor sobre los míos, que hambrientos, disfrutaban y recorrían de cada centímetro de su boca. Me dediqué a disfrutar por completo la entrega del momento, mientras mis manos recorrían con suavidad y ansias su breve cintura, para luego continuar el recorrido en ascenso por toda la extensión de su espalda.

Solo cuando me fue imposible respirar, accedí a despegarme de sus labios, sin embargo mis ojos los escudriñaron, rosados y un poco hinchados por la demanda de mi boca, tan apetecibles que tras una rápida bocanada de aire los atrapé nuevamente entre los míos, con ansias renovadas, y suspiré a gusto al sentir el total acceso y recibimiento que ella me otorgaba de forma inmediata.

Mis labios, aún por completo hambrientos, descendieron a la delicada y tersa piel de su cuello, que con su sedosidad me invitaba de manera silenciosa a probarla hasta saciarme. Un suspiro se escapó de sus labios y presioné los míos contra el hueco de su cuello en respuesta.

Cuando me disponía a besar su clavícula, un leve tambaleo de su parte activó mis alertas de inmediato. Con la atención agudizada y un leve estremecimiento, elevé mi rostro con preocupación, sensación que se acrecentó al verla fruncir los ojos, ante una evidente oleada de dolor en su cabeza.

La escudriñé sin pestañear durante los siguientes segundos, atento para atenderla. Pese a que ocasionalmente estos malestares persistían en aparecer, nunca estaba lo suficientemente preparado para hacerles frente. Si existía algo capaz de tumbarme de golpe al piso era ser consciente que ella sufriera de alguna manera. Y a pesar que sabíamos que estos eventos podrían ser parte del resto de nuestras vidas, no podía con la impotencia de que Bella sufriera alguna aflicción o malestar, me descomponía, me abatía el solo hecho de pensarlo. Tan solo deseaba que en su rostro abundaran las sonrisas y los malestares quedaran enterrados en el pasado, y que esto no fuera del todo factible me frustraba y desesperaba por completo.

El suave roce de su mano en mi rostro me sacó inmediatamente de mis cavilaciones y no pude evitar suspirar profundamente como respuesta a su caricia.

— Me siento mejor amor — musitó con la mirada un poco más repuesta, de seguro procurando brindarme las fuerzas que en esos momentos me escaseaban.

— ¿Estás segura bebé? Podemos ir a ver a doctor, se lo mucho que detestas ir por estos malestares per...

— Tranquilo cariño, no es necesario — sus dedos se desplazaron sutilmente hacia mis labios, dejando una cálida caricia de amor a su paso.

Contuve aire esperanzado.

— Tienes razón, todo estará bien — pronuncié cada palabra con la fe de que así fuera realmente.

— Todo estará bien. — su sonrisa se extendió a su mirada, proyectando a través de ella la calma que ansiaba en ese preciso instante.

*

Al día siguiente Bella saldría de compras con las chicas, y en su ausencia me había decidido a  ordenar mi departamento tras la locura de la semana.

Finalmente y ya rodeando el medio día me dejé caer en uno de mis mullidos sillones, agotado. Pero a la vez feliz de tener todo en orden nuevamente.



Belén S.

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En el texto hay: novela romántica, romance, amor

Editado: 26.08.2019

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