A Sólo Un Recuerdo De Ti © Libro Dos de la Serie Olvido

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Capítulo 26

Julieta se volteó acelerando el paso en retirada como una exhalación y a duras penas logré seguirle el paso con varias zancadas, pese a llamarla a voces y al saberme ignorado, me vi en la obligación en tomarla de su brazo y voltearla.

Mi mandíbula se desencajó y cedió ante la fuerza gravitacional al ver la devastación que expresaba su mirada. El tamaño de un tornado quedaba pequeño al millar de emociones que expresaba su mirar, entre ellas dolor, ira, angustia, desesperación... Las lágrimas comenzaron a agolparse al borde de sus ojos y para cuando se aventuraron a descender de manera vertiginosa, fueron retiradas al instante prácticamente por un manotazo suyo.

—Suéltame —forcejeó efusivamente ejerciendo presión con su muñeca para zafarse de mi agarre, pero pese a su forcejeo no disminuí la fuerza—. ¡Que me sueltes te digo! —bramó enérgicamente.

—No te voy a soltar, no hasta que me escuches. No es lo que crees y no es lo que parece, permíteme explicarte por favor—. rogué suplicando con la mirada.

La mirada de Juli se deslizó desde la mía hasta el fondo del pasillo. No hacía falta ser adivino para descubrir el objeto de su mirada, sin embargo me volteé para rectificar con mi mirada la seriedad de las próximas
palabras que emitiría.

—Alba ya se retiraba —sentencié en voz lo suficientemente alta para asegurarme que captara el mensaje—. Es más, su visita fue un error que no se volverá a repetir, al menos no sin Bella presente.

En muda aceptación asintió por toda respuesta y cabizbaja dirigió sus pasos en dirección al ascensor, dedicándonos una mirada arrepentida al pasar por nuestro costado y al verla desaparecer por el ascensor, finalmente Juli relajó un poco su postura en un acto reflejo.

Casi a rastras la obligué a seguirme al interior del departamento mientras le explicaba lo sucedido con torpeza por la rapidez de mis palabras. Poco a poco su expresión severa fue menguando de intensidad.

—Ahora comprendo —susurró finalmente. —Lo siento hermano por pensar mal, por un segundo pensé que tú y ella... —sacudió la cabeza enérgicamente —. Pero es un alivio conocer los hechos reales, siempre te he creído un hombre de valores, incapaz de engañar a Bella.

Su mirada se humedeció al mencionar a mi chica y pude percibir la tensión afectar su voz al culminar la frase. Sintiendo realmente la urgencia de que algo malo sucedía la escudriñé con atención.

—¿Qué sucede con Bella? ¿Porqué no vino contigo? —experimenté una angustia palpitante en mi cuello al evidenciar la alteración de su semblante, ahora lágrimas nuevamente comenzaban a recorrer sus mejillas —. Julieta habla... ¿¡Qué sucede!? —bramé.

—Se trata de Bella —tragó saliva con real dificultad—. Ella... ella sufrió otra crisis hoy Matías.

Experimenté la angustiosa sensación de que la tierra se abría bajo mis pies y me tragase sin contemplación ni compasión. Todo el peso del mundo cayó sobre mis hombros y ese peso me hundía a niveles agigantados, a cada segundo con mayor intensidad que el anterior.

La adrenalina tomó posesión de mis pies y tras recriminarle a Juli no haberlo mencionado antes y hacerle unas rápidas preguntas de logística, me encontré saliendo del edificio a toda velocidad. En un respiro llegué a la clínica y no frené el vuelo de mis pies hasta que me vi aferrando entre mis dedos el pomo de la habitación en que se ubicaba Bella. Ya el doctor Matus la había estabilizado, revisado y le había provisto oportunamente de la adecuada orientación espacio-temporal, por lo que ya podía recibir visitas. Ejecuté entre mis dedos temblorosos la maniobra para abrir la puerta y suspiré profundamente al ingresar y encontrar sus ojos.

Un escalofrío recorrió lentamente desde mi nuca hasta la esquina inferior de mi espina dorsal al ver su sonrojado rostro y sus preciosos ojos, anclados a los míos como si la más potente fuerza un imán los atrajese.

—Así que tú eres el hombre que me enamora cada día —su sonrojo se pronunció notoriamente al momento que comencé un lento andar a su encuentro.

—El mismo. — le dediqué una amplia y coqueta sonrisa.

En cuanto estuve a su lado, mis dedos salieron casi por instinto y necesidad propia en la búsqueda de los suyos, y un cosquilleo profundizó el contacto del roce de nuestra piel.

Profundicé mi mirada en la suya, intentando escudriñar su alma; y de paso; transmitirle todo el amor que parecía explotar a caudales desde mi interior, amor que solamente existía por ella y para ella. Pese al dolor del momento y de saberla afectada por una nueva crisis, era un agradecido de la vida por poder mantenerla a mi lado y disfrutar de su compañía, en las buenas y en las malas. Pero un aguijón hacía presión en lo más profundo de mi ser, por más que lo buscaba, no encontraba ese brillo característico en su mirada que reflejaba amor, su brillo. Ese brillo de amor que resplandecía en sus ojos de manera permanente ahora relucía por su ausencia y un nudo de angustia aún mayor comenzó a posicionarse directamente en mi apretada garganta.



Belén S.

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En el texto hay: novela romántica, romance, amor

Editado: 26.08.2019

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