A Stranger

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Capítulo 2

Dos: Parece bueno.

Llevaba toda la tarde observando su número, pensando en sí debería llamarlo o siquiera agendarlo. La respuesta era siempre la misma.

Ninguna de las dos.

No podía permitirle la satisfacción de tenerme a sus pies.
Todavía no comprendía como fue tan ágil para dejar su número en mi libro.

¿Qué más te da a ti? No lo llamarás.

¿O sí? Claro que no.

Negué con la cabeza ante mis pensamientos y decidida a olvidar a Demian guardé su número en mi libro, dejándolo exactamente en el mismo lugar en el que él lo había colocado.
Comencé a sacar mi ropa de la maleta y colocarla en sus cajones.

Al bajar y observar tranquilamente la cocina pude notar que además de ser grande, es completamente blanca y no es un chiste, los azulejos, sus respectivos muebles, las cortinas, la puerta para ir hacia el patio, lo único color gris claro eran las paredes, las cuales resaltaban a todo el lugar. La cocina estaba demasiado limpia, todo en su lugar, a diferencia de un par de tazas que descansaban en el lavaplatos.
Tomé una taza del estante de arriba y comencé a prepararme una taza de café, fuera detrás de una cerca blanca, los árboles que daban la bienvenida a un gran bosque se alborotaban con el viento, indicando que el otoño se estaba yendo y en poco tiempo comenzaría el invierno.

La pava eléctrica resonó por toda la cocina avisándome que ya podía preparar mí café tranquilamente.

Salí hacia el patio trasero de mi casa y aunque el viento no cesaba el sol brillaba y picaba ligeramente en el mínimo contacto con mi piel, me acerqué hacia la cerca apoyando mis antebrazos en ella, me relaje, tomé aire cerrando mis ojos, con mi café caliente en mano, su aroma saliendo de la taza, lo inhale y asimismo sentí como el olor a naturaleza ingresaba por mi fosas nasales hasta llegar a mis pulmones.

Un crujir de una rama me quitó de mi relajación, generando que mis ojos se abran instintivamente. 
Sin soltar mi taza de café observé a través de la cerca, por donde había provenido aquel ruido, los bellos de mis brazos se erizaron al presentir que había alguien o algo oculto en ese bosque, detrás de aquella cerca, escondido por alguna parte de la arboleda.

Una risilla inocente se escuchó detrás de mi, aterrada ante lo que había ocurrido hacia unos instantes giré rápidamente, entrecerré mis ojos  para observar bien quien era, un niño pequeño, de unos diez años creo yo, me miraba a través de la cerca sonriendo.

La cerca que separaba nuestras casas era lo suficientemente alta para que nadie pase de una casa a otra, me llegaba hasta el cuello, por lo que supuse que el niño debía estar parado sobre algo.

Sonreí ampliamente, —Hola.

Él me saludó con la mano, —Hola.

Me acerqué a él, — ¿Cómo te llamas? — le pregunté tomando un sorbo de mi café que ahora se estaba enfriando.

Un chico alto de cabello castaño salió desde dentro de su casa abriendo una puerta de vidrio esmerilado, él solo llevaba unos pantalones negros sueltos, parecían pijamas, su abdomen perfectamente marcado lo justo y necesario al aire libre, un tatuaje de rosas con un nombre decoraban su hombro izquierdo.

Se sacudió el cabello, parecía que recién se levantaba de una larga siesta, observó a su hermano y luego a mi.
Él sonrió al verme, — Lázaro. — Dijo el chico. — Lázaro se llama y ya se va porque estuvo todo el día afuera y eso no es lo que acordamos, ¿Verdad? — preguntó mirando seriamente a su hermano, supuse que era.

El niño rio, se bajó de lo que sea que le haya dado altura y entró corriendo a su casa.

El chico apoyó sus antebrazos en el borde de la cerca, —Lo siento si te molesta, es inquieto. —dijo y sus ojos color miel viajaron por mi cuerpo.

No pude evitar sonrojarme.

Sonreí, —No me molestó.

Él mostró una leve sonrisa y que sonrisa tan hermosa, bostezo al instante en que dejó de sonreír y se llevó una mano a su boca.

—Me llamo Frederick, por cierto. — dijo.

Coloque un mechón de mi cabello detrás de una de mis orejas, —Kimey. — Dije presentándome. — Sobrina de tu vecina.

Él sonrió, esta vez fue una sonrisa de boca cerrada, — Un gusto. Entonces... espero verte más seguido, Kim. — dijo guiñándome un ojo y comenzó a caminar hacia su casa.

Lo observé cómo abría la enorme puerta de cristal esmerilado e ingresaba, para luego cerrarla detrás de él.

Enfócate a lo que has venido Kimey, no le dejes el control a las hormonas.

Cerré la puerta detrás de mí, — ¿Por qué mierda no me avisas que tenemos un vecino tan jodidamente bueno? — le pregunté a mi tía quejándome.

Me percate tarde que Stavo y Demian habían llegado a la casa.

Estaban ambos sentados en el sofá con sus manos en los mandos de la play, pero ahora sus miradas recaían sobre mí. No sé si fue por cómo estaba vestida, ya que tenía puesto mi pijama el cual estaba conformado por un pantalón rojo con corazones negros y un buzo idéntico, o por lo que acababa de decir.

— ¿Qué te pareció Fred primita? — preguntó Stavo.

Le sonreí, — Parece bueno, literal está bueno.

Demian se concentró en su celular revisando algo, lo tiró a un lado del sofá poniendo cara de pocos amigos. Pasó sus manos por su cara, luego su cabeza y terminaron entrelazadas sobre su nuca.

¿Y a éste qué?

Mi tía bajo rápidamente las escaleras, — ¿Lo viste verdad? Es muy lindo y además está soltero. — me guiñó un ojo.

Típico comentario de una tía que te busca novio.

Negué con la cabeza riendo y me encogí de hombros, — Quizás lo intente, quizás.

¿Quizás? ¿Alguien vio al Dios griego, manzana prohibida, ángel caído, cosa bien hecha que era ese chico?

Además, ¿Qué perdía?

Decidí ignorar el hecho de que Demian esté en mi casa y que todavía no me había decidido que hacer con su número. Subí a mí habitación, era pequeña pero tenía mi propio baño, una ventana con sillón incluído y un hermoso espejo que me daba visión a la mayor parte de mi cuerpo. Cansada por el viaje decidí recostarme en mi cómoda cama, observando mis paredes color celestes poco a poco mis ojos comenzaron a cansarse, pesando y al final cerrándose, me quedé dormida al poco tiempo.



Giu099

Editado: 24.08.2019

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