A través de mí

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10|Bienvenida al grupo

9 de febrero de 2015.

Cerré la puerta y suspiré aliviada al abandonar la sala donde tuve clase de Gramática del Lenguaje Musical. La profesora me evaluó y obtuve una buena nota, a raíz del esfuerzo de los últimos días; eso alivió el malestar que me había producido la conversación que tuve con mamá, al llegar a casa de la universidad. Había comprado mercadería para llevarle a mi abuela materna y pretendía que todos la acompañásemos en unos días a verla. Alegaba que su madre preguntaba por mi hermano y por mí.

Acepté, a regañadientes. Sabía que era importante para mamá.

Deambulé por los pasillos, decidida a buscar un taxi. Había sido un día ajetreado, sobre todo en la universidad, y la evaluación periódica de esa profesora en particular me había tenido nerviosa.

—¡Lizzy! —oí detrás de mí.

Giré con lentitud, contraje el rostro cuando las punzadas en mi cadera izquierda aumentaron por el movimiento. Hannah, Jasmine, Katherine y Nicole corrían hacia mí. Me alegró volver a verlas. Las saludé y me preguntaron cómo estaba.

Me sorprendí a mí misma mirando por todos lados, en busca de Tyler y Will. Los divisé a al fondo del pasillo. El rubio arrastraba a Will, que rodaba los ojos. Lo decía en serio: el castaño estaba a punto de caerse al suelo, mientras su amigo lo agarraba fuerte del cárdigan azul.

Hannah me pasó un brazo alrededor del cuello y me observó fijo.

―Por favor, no pongas resistencia esta vez y acepta venir con nosotros .―Hizo un puchero gracioso.

Curvé una comisura del labio y no pude evitar enfocarme de nuevo en los dos chicos que continuaban con su disputa infantil. Will se negaba a hacer lo que el otro le decía, pero Ty consiguió salirse con la suya. Negué divertida y miré otra vez a Hannah.

Suspiré y encogí los hombros.

—¿Dónde? —pregunté, de repente interesada. Me pareció tentadora la idea de salir con ese grupo de chicos.

—Iremos a Pizza Express —señaló Nicole.

—Me apunto —accedí—, pero... ¿cómo iremos?

—Ya nos arreglaremos, quédate tranquila —me dijo Jasmine, sonriendo satisfecha.

Aplané los labios para no reír y me deleité con la pelea que mantenían el rubio y el castaño. Ty regañaba a Will y lo arrastraba con más fuerza, hacia nosotras. Will no pudo contra Tyler ─aunque tenía un poco más de fuerza muscular─, así que cuando estuvo cerca de nosotras tenía cara de pocos amigos.

Ty me saludó, victorioso y alegre, y me besó la mejilla, sin soltar a Will del cuello de su cárdigan. El castaño logró soltarse del agarre de su amigo y se acomodó el abrigo, con el ceño fruncido.

Le devolví el saludo a Ty, mientras reprimía la risa al notar el enojo de Will.

El rubio de ojos azules y cabello largo, nos instó a irnos. Caminamos hacia el estacionamiento del conservatorio, guiadas por él; Will iba a mi izquierda y las chicas a mi derecha. A medida que caminábamos, agradecí mentalmente que hubiese parado la llovizna de hacía un rato, pues tenía menos probabilidades de besar el piso.

Will y Tyler intercambiaron algunas palabras, en tanto las chicas y yo nos subíamos al auto de Ty. Una vez dentro, busqué mi celular en el interior de mi bolso y le envié un mensaje a mi hermano para avisarle que no iría a cenar a casa, pues saldría con unos amigos.

Tyler subió al vehículo y puso en marcha el motor. Hannah, sentada en el asiento del copiloto, encendió la radio y optó por una canción de Arctic Monkeys.

Hannah me preguntó si conocía esa zona de la ciudad; le respondí que muy poco, sin dejar de ver por la ventanilla. Mientras escuchaba la música de fondo, identifiqué algunos lugares de aquellas calles, otros me eran totalmente desconocidos.

Mi celular sonó dentro del bolso. Lo saqué, lo desbloqueé y vi el nombre de mi hermano en la pantalla.

«¿Quién te dio permiso?».

Puse los ojos en blanco, y le respondí:

«A ti seguro que no, y no lo necesito :) Avísale a papá y mamá para que no se preocupen».

Bloqueé de nuevo el celular y sonreí cuando escuché cómo los chicos cantaban el estribillo de Arabella.

A los pocos segundos Chris me envió otro mensaje, pidiéndome que tuviera cuidado. Le aseguré que lo tendría.

Tyler y las chicas hablaron de trivialidades durante todo el trayecto. Nunca había sido buena participando en conversaciones con personas con las cuales no tenía mucha confianza, a pesar de que hablaba hasta por los codos; por eso, apenas intervine.

Jasmine me pasó los bastones, en cuanto el rubio estacionó el auto. Le agradecí y entramos a la pizzería que tenía un letrero de luces de neón, naranjas y blancas.

Buscamos una mesa. Repasé cada detalle en cuanto nos sentamos, curiosa: mucha gente se había reunido con amigos o en familia, a pesar de ser lunes por la noche. La música era muy buena. Las paredes iban desde un tono amarillo algo apagado hasta el azul, algunas eran rojas —como la de la parte donde se encontraba el horno—, y otras de un blanco inmaculado; diversos cuadros de marco negro colgaban de ellas, con fotografías en blanco y negro. Las mesas eran blancas o azules y circulares, y sobre ellas descansaban finas copas de vidrio, pimenteros rojos e impecables cubiertos. El lugar era muy agradable, y el ambiente cálido y ameno.



Flor Giralda

Editado: 09.08.2019

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