A través de mí

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14|Secretos

—¿Y en qué parte de la historia entra este sujeto, alias Señor Cara Bonita? ―quiso saber Abby viendo a Will con cara de pocos amigos, quien había escuchado todo en silencio.

—¡Sí, eso! —exclamó Emma—. ¿Hace cuánto que se conocen? ¿Cómo se conocieron? ¡Quiero detalles! —parloteó con una sonrisa digna del gato de Alicia en el País de las Maravillas, como si yo no le hubiera contado antes al respecto.

No pude ver la cara que puso Will. Sentí una vergüenza terrible; me visualicé escondiéndome debajo de la mesa.

Medio minuto después, rodé los ojos, aunque por dentro seguía teniendo esas intensas ganas de exiliarme del planeta.

—Eh...nos conocimos el primer día de Lizzy en el conservatorio —respondió él, llevándose la mano a la nuca en un gesto nervioso.

Di un largo sorbo a mi agua porque no sabía qué otra cosa hacer, y me incomodaba el saber que esas dos no tardarían en sacar conjeturas sobre el tema cuando, en realidad, no había nada digno e interesante de qué hablar, y que yo no les hubiera relatado ya.

―Para ti es Elizabeth, ¿de acuerdo? —gruñó Abby―. Sólo sus amigos le decimos Lizzy.

Alcé los ojos y la fulminé con la mirada.

―Es mi amigo ―enfaticé, logrando enmudecerla como quería―. Y por si no lo sabías, hoy me ayudó cuando no estuve en mi mejor momento. Sí, en tu espantosa cara, Worrengood. Y no contesté porque de verdad mi celular se quedó sin batería, así que ¿me harías el favor de comportarte como una persona normal, y dejarías el drama?

Se construyó una gran sonrisa en los labios de Emma, otra vez; una que reflejaba emoción y una enorme alegría. Sus ojos oscuros se posaron primero en Will, como si le dijera «muy bien hecho, chico, me agradas todavía más por eso», luego en mí, y finalmente en Abby, a quien la codeó ligeramente en el costado.

―Vamos, Abs, es un buen chico. ¡La aguantó cuando estaba mal! ¡Tú sabes lo complicado que es eso!

Abby volvió a gruñir. Sin embargo, por un nanosegundo, noté cómo su animadversión ridícula hacia Will disminuía, pero ese sentimiento se esfumó de su cara tan pronto como apareció. Ella no quitó su expresión avinagrada en ningún momento, aunque yo sabía interpretar sus emociones. No estaba tan enojada como aparentaba.

—Te tengo en la mira .―Le entrecerró los ojos, desconfiada―. Y tu cara es la espantosa, Blackwell.

Emma rodó los ojos, ante la reacción infantil de Abby. En esta ocasión, su sonrisa fue más pequeña, pero no por eso perdió la satisfacción y la gratitud.

—Gracias por ayudarla, Will. El tema de sus abuelos es complicado para Lizzy.

Ambos nos miramos por un segundo. En sus ojos aprecié la cantidad de cosas que quería preguntarme, pero que no se atrevía porque respetaba mi privacidad y mis escasas ganas de hablar al respecto. Ya había soltado tanto como pude, rato atrás.

No presté mucha atención, aunque escuché algo así como que Abby me advertía que debía invitarlas a mi casa para «remediar mi error, después de haberlas ignorado». Eso me hizo quitar la vista de Will y enfocarla en ella.

—Tengo cosas que hacer —le contesté como quien no quiere la cosa. Sabía que la pecosa sabría interpretar entre líneas e identificaría mis claras intenciones de molestarla.

Retuve una risotada ante su mirada analítica y su ceño fruncido.

—¿Qué cosas?

—Unas amigas quieren conocer la ciudad —comenté en tono inocente.

Abby se llevó las manos al pecho y se levantó rápidamente de su asiento, como toda una reina del drama. Me mordí la parte interna de la mejilla y controlé el ataque de risa.

—¡No lo puedo creer! ¿Ahora también me vas a decir que nos reemplazas por unas...? —chilló exasperada, luego gruñó—. ¡No puedo creer que nos hagas esto!

Esta vez, no me contuve. Me carajeé, y en el proceso, un pequeño peso —metafóricamente hablando— se desprendió de mí.

—¡Era broma, tonta! —dije entre risas—. Pero sí, tengo unas amigas que quieren conocer la ciudad.

—¡Esto es demasiado para mí! —dramatizó Abby—. Emma, acompáñame al baño, por favor.

Emma quiso rodar los ojos pero, como siempre, le siguió el juego y la agarró de las manos para ayudarla a pararse. Se levantaron y caminaron hacia los sanitarios. En el camino, Abby se quejó de manera teatral, argumentando que «era una mala amiga», «un ser carente de sentimientos», «que no podía creer que la reemplazara tan fácil», y unas cuantas cosas más que nos hicieron reír a Will y a mí.

—Están locas.

Asentí con la cabeza, totalmente de acuerdo. Aun así, debía admitir que las amaba con sus rarezas y todo.

—Pueden ser peores —comenté, haciendo una mueca—, pero son buenas personas.



Flor Giralda

Editado: 09.08.2019

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