A través de mí

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31|Piezas rotas

Entramos al auto de Will, luego de caminar en silencio. Agradecí mentalmente cuando encendió la calefacción, cerré los ojos y calenté mis manos. Abrí un párpado, después el otro, al sentir cómo me miraba.

―¿Te parece una mala idea si te ofrezco salir a dar una vuelta? ―me preguntó, tímido.

Le sonreí con los labios cerrados, encantada. No era muy tarde.

―Al contrario ―le contesté―, me parece bien.

Tecleó en su celular, como por dos minutos. Volví a recargar mi cabeza en el asiento del copiloto, saboreando la familiaridad del ambiente. Allí dentro olía a Will y a aromatizante de vainilla y a menta, como siempre. La música nos acompañó todo el trayecto.

Reparé en su perfil anguloso, iluminado por las luces de las farolas de la calle. Observé su concentración al conducir, y cada uno de los gestos y muecas que hacía sin darse cuenta.

«Déjame arreglar tus pedazos rotos. No es malo tener a quien te sostenga cuando te caes, después de todo. Quiero…quiero sostenerte a ti también, pequeña hobbit».

Mis labios dibujaron una sonrisa. Lo dijo sin pensarlo y, por primera vez, sentí que…mi compañía empezaba a agradarle, tanto como me gustaba la suya. Había un cierto miedo en su mirada cuando estaba conmigo, en especial cuando intentaba llegar a él, pero…pero estaba ahí.

Aunque no sabía si quería que me sostuviera como yo hacía con él. Una parte de mí quería huir.

Will giró el rostro hacia mí, al frenar en un semáforo en rojo.

―¿Qué pasa? ―inquirió.

―Nada.

Pero pasaba todo. Mi interior estaba volviendo a ser un desastre y mis pensamientos oscuros.

∞∞∞∞

Sonreí. Trafalgar Square se encontraba llena de gente, a pesar de la hora, y los edificios antiguos estaban iluminados. Creí escuchar unos cuantos artistas callejeros, también.

―Sabía que te gustaría ―dijo él, captando el júbilo en mi rostro.

Le regalé mi mejor sonrisa sincera, antes de que estacionara el auto en donde pudo. Vi autobuses rojos pasando, gente tomándose fotografías, alguna que otra parejita de la mano…

Esa plaza era hermosa, especialmente de noche, cuando los edificios iluminaban todo con su luz amarillenta.

Will rio a mi lado y me condujo hacia la enorme fuente de agua danzarina. Nos sentamos en el borde y observamos las calles, los edificios, la gente. Amaba esa parte de Londres.

―¿Sabías que Trafalgar Square fue construida para conmemorar la batalla de Trafalgar, del veintiuno de octubre de 1805? ―escuché una voz rasposa, pero cálida y conocida, a escasa distancia.

Chase me brindaba una cálida sonrisa. Tyler y las chicas venían detrás de él.

―Oye, ¿es que acaso te aprendes de memoria cada cosa que lees de Wikipedia, o qué? ―dijo Ty.

―Los documentales también cuentan ―alegó Chase, encogiéndose de hombros―. No tengo la culpa de recordar lo que leo y escucho.

―Todo un nerd ―se burló Will.

Puse los ojos en blanco al oír los comentarios burlones de esos dos zopencos, y salí en defensa de Chase. Mencioné los múltiples nombres que se le atribuyeron a la plaza, y que el arquitecto fue George Ledwell Taylor, quien sugirió cambiar el nombre a Trafalgar Square. Miré al pelinegro con una sonrisa y agregué, satisfecha, un «¿qué me dices de eso?».

Chase sonrió encantador y me guiñó un ojo.

―Es un placer volver a verte, Lizzy. ―Agarró mi mano para depositar un beso en ella.

Le sonreí bobalicona, no me avergüenzo de decirlo. No me acostumbraba a esos gestos tan…caballerosos.

―Lo mismo digo, Chase ―contesté, sincera.

Las chicas se acercaron a nosotros.

―A veces me pregunto si no has salido de alguna película de Disney, Chase ―comentó Hannah, poniéndose de puntillas como pudo en sus tacones altos. Despeinó el cabello negro del chico.

La rubia tomó asiento a mi lado y pasó un brazo sobre mis hombros. Le devolví la pequeña sonrisa empática que me brindó.

Me alegró tenerlos allí. No me lo esperaba, seguro era obra de Will.

―Eres algo así como un príncipe encantador, Howland. Toda una dulzura ―secundó Katherine, besando la mejilla del pelinegro. Él le sonrió amable y nada petulante.

Tyler rodó los ojos. Sostenía el estuche de una guitarra que no le había visto antes, porque caminaba detrás de la figura alta de Chase.

―Sí, ya sabemos que Chase es el prototipo de británico perfecto con su cara bonita, su elegancia para vestirse y sus modales. Will y yo somos conscientes de que podemos ser un poco boca sucia y groseros. Gracias por recordárnoslo indirectamente, amigas ―farfulló. Nos hizo reír a todos con su dramatismo.

―Todas te queremos, Chase ―agregó Nicole, abrazando al chico. Le sonrió coqueta y después escrutó a Ty, burlona―. ¿Celoso, rubio?

Él efectuó una mueca enfurruñada, mientras observaba a las chicas del grupo. Emití una risotada.



Flor Giralda

Editado: 09.08.2019

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