A través de tus ojos

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CAPITULO I

 

Nueva York, época actual

 

MAYA

 

El viento soplaba. Pero no un viento horroroso que alborotan los cabellos era un viento refrescante, agradable, fresco, como el que se siente en el mar. Un día perfecto para salir al aire libre y divertirse un rato. Eso es lo que diría una típica adolescente de los suburbios, sin embargo para mí era un día común, para ir al estudio a seguir practicando para conseguir el papel de "La princesa" en "El lago de los cisnes".

— ¿Quién me llama? — pregunté viendo una sombra a lo lejos. No sé dónde me encontraba era un lugar desconocido, a un costado percibí un libro. Lo cogí y al abrirlo.

Sonó la alarma, con la fatiga que tenía golpee 3 veces el despertador y luego lo hice caer. Ese sueño tiene algo peculiar, a veces lo sueño, siempre abro el libro, y despierto sin recordar mucho los detalles del sueño. Dentro de ese sueño miró a Adrien a mi costado. Me preguntó que querrá decir.

— Maya, el desayuno — gritó mi papá.

— Ya voy— respondí gritando desde el segundo piso.

Soy Maya, una chica peculiar, no destaco como una chica hermosa ni mucho menos popular paso desapercibida junto a Adrien, mi mejor amigo.

Me alisté para ir a ensayar como todos los días baje hacia el comedor. Allí se encontraba mi hermano mayor y mi padre. Mi madre falleció hace tres años, sin embargo no me siento sola porque tengo a mi padre y a mi hermano, quienes me apoyan en conseguir mi sueño y llegar a ser una bailarina profesional.

— Buenos días monstruo— me molestó mi hermano, mientras me sentaba y le daba un mordisco a mi sándwich.

— Ya déjame hermano — lo miré molesta.

— Chicos dejen de pelear— replicó mi papá.

Comí lo más rápido que pude, porque me desperté muy tarde, estoy segura que la señorita Blanchard no le gustara mi tardanza, comí tan rápido que casi pareciera que estaba devorando.

— Tranquila, Maya yo te llevaré — dijo mi padre mientras tomaba su café.

— Ves padre, solo un monstruo puede comer de ese manera— se burló mi hermano

— Ya te dije hermano que no soy un monstruo – me defendí preparando mi maleta para ir al estudio de baile

Salí de mi casa apresurada estaba segura que la señorita Blanchard me iba a regañar como todos los días, siempre llegó tarde, y lo peor es que me pasa cualquier cosa, soy muy torpe. Lo peor es que Mia siempre me molesta, aunque trato de defenderme no puedo. A fuera hacía un viento cuya brisa me dio tranquilidad de pensar que algo iba a salir bien. Subí al auto de papá para ir a mis clases de ballet. Me coloqué mis audífonos parar escuchar música durante el trayecto.

— ¡Maya! — papá hacía muecas raras

— I KNOW I CAN TREAT YOU BETTER—canté a más no poder.

— ¡Maya!

— BETTER THAN HE CAN— mire la hora e iba a llegar tarde.

Me saqué los audífonos y me bajé del auto, tomé mi bolso y le regalé un tierno beso a mi papá símbolo de despedida.

— Adiós pa, nos vemos— me despedí alejándome de aquel auto azul. Subí las pesadas escaleras que me llevaban al estudio, corrí chocando a distintas personas, no pude reconocerles el rostro. Cuando llegué al estudio me di con la sorpresa que Mia estaba tomando mi lugar junto a su amiga Anna, son odiosas. Nunca nos hemos llevado bien, siempre hemos tenido esa rivalidad, ella desea lo que yo tengo. En realidad es algo absurdo porque ella es muy engreída por ambos padres. Lo tiene todo.

— ¡Oye!- al entrar me tropecé. Todas empezaron a reír en carcajadas mientras me señalaban, sabía que se burlaban de mí, no puedo defenderme, me siento torpe, tímida. Quizás eso no cambie, aunque me gustaría que así fuese. De pronto entro la señorita Blanchard, no sabía qué hacer y mucho menos defenderme, no tenía el valor. A veces pienso que deberían llamarme  "Supertorpe".

— Señorita Dunbar, procure que si va a llegar tarde no haga un escándalo— me reprochó mi maestra

— Pero señorita— traté de explicarle lo sucedido, pero sin tener resultados.

— Señorita, sé que quiere este papel, pero si sigue así lo perderá, ahora puede retirarse— me regañó mi profesora, sé que estaba muy decepcionada de mí, pero eso me pasaba por no poder decirle lo que pasó. 

Ahora no sé qué haré me siento terrible, necesitaba con quien hablar de esto, necesitaba a Adrian, mi mejor amigo, él siempre ha estado conmigo y me ha apoyado. La otra vez, había una fiesta por Halloween, nos invitaron a los dos, por desgracia me dio varicela y no pude ir. Esa noche terrorífica y fría Adrian me acompañó toda la noche, llegó a mi habitación y trajo dulces. Ese Halloween nos la pasamos mirando películas de terror en Netflix. Lo conozco desde siempre.



Neluva

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Editado: 27.03.2019

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