A través de tus ojos

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CAPITULO II

 

 

Nueva York, época actual

 

MAYA

 

Un bosque oscuro y una luz en frente, sí, ahí me encontraba, solo sentía como el viento jugaba con las ramas de ese bosque, es el mismo lugar con el cual he soñado estos últimos días. Estoy ahí, escondida detrás de un árbol, estoy asustada, en eso aparece la misma chica, con su capa azul y con una lanza dorada junto a una estrella, parece que está huyendo, me asomó, quiero saber que está pasando, tengo miedo, al ver más de cerca me doy que no está huyendo de algo. Ella está persiguiendo algo, salgo de mi escondite y la sigo. Vuelvo a esconderme detrás de un robusto arbusto, donde siento que me da protección. De repente aparece un chico, es muy guapo, lleva heridas, cortes, su pantalón esta rasgado y sus cabellos castaños despeinados. La chica lo socorre, lo abraza y lo besa, aún no veo el rostro de la chica. 

En un solo parpadeo me encuentro en otro lugar al parecer es una ciudad destruida, veo casonas incendiadas otras derrumbadas, observo gente de lejos corriendo despavoridos, me acerco a ellos para saber qué demonios está pasando, no encuentro respuesta. Veo que el cielo se oscurece de un tono gris, a lo lejos me encuentro con la chica de la capa azul y más allá con una bestia con un tono tenebroso, estoy asustada pero quiero saber, el por qué sueño con esto.

— Aún crees que puedes vencerme— rio el demonio acercándose a la joven.

— Y tú crees en la esperanza— de pronto la lanza de la chica  se convirtió en un arco y una flecha.

Cuando acabó esta batalla, sentí esa sensación de libertad, no sabía lo que pasaba exactamente ni le encuentro sentido.

De pronto al parpadear me encuentro en otro escenario.

— ¿Alan? — suspiró aquella mujer. En ese momento salió una flecha disparada, miro detrás mío y me encuentro con el chico, me quede paralizada al ver la escena, me salieron lágrimas, ahora sí estaba asustada.

— ¡Muere, Alan! — Escuché a lo lejos.

Quería irme, sentí impotencia, sentía como si esa flecha me hubiera dado a mí. Sentí esas ganas de gritar, quería despertar, cada vez me encontraba más indefensa. De repente siento que alguien toca mi hombro volteo y me encuentro con los ojos oscuros de aquella chica. Era yo. Me quedé congelada y solo me susurraba

— Todo estará bien, Maya.

— Confío en ti.

— Tú eres la elegida.

— Tú los salvaras.

— Yo no dejaré que falles, te protegeré.

— Cuida el libro— Fue su última palabra y luego desperté, estoy sudando, este sueño me pasa muy seguido, trato de encontrarle algún sentido pero no hay ni uno.

— ¡Rayos, me quede dormida! —miré al despertador y ya eran las 7:30 y entraba a clases a las 8:00, no era posible que en mi primer día llegara tarde. Eso solo sería típico de mí.

Me levanté jalando las sábanas, me dirigí hacia el baño y decidí mirarme al espejo.

— Este año será diferente Maya, solo confía en ti— me dije a mi misma. Luego me desvestí y me bañe lo más rápido posible. Salí del cuarto de baño y me vestí con lo primero que hallé.

— Maya, cariño baja el desayuno; llegarás tarde— gritó mi padre.

— Ya voy— grite colocándome unos jeans rasgados.

Bajé con desesperación las escaleras, tratando de no tropezarme, al llegar a la cocina di un mordisco a mi sándwich.

— ¿Y mi hermano? — pregunté a mi padre.

— Él salió como hace veinte minutos— me respondió con una sonrisa en su rostro.

— Diablos, esa bestia me prometió llevarme— exploté, sin embargo vi la hora y ya eran las 7:45.

No sabía si alcanzaba corriendo así que sin dudarlo me coloque mis patines y fui hacia la escuela. Me despedí de mi padre con un beso en la mejilla. Con toda mi fuerza traté de patinar más rápido y mientras patinaba sentía que el viento jugaba con mi cabello. De pronto me topé con un árbol gigante en el cual me vi en el junto a esa otra yo. Sin percatarme casi tropiezo con alguien y cuando vi mi reloj ya eran las 7:57, no estaba segura si llegaba, faltaba una cuadra. 

Cuando por fin llegó a mi escuela suena el timbre que indicaba que ya iban a comenzar. Me dirigí a mi locker a dejar mis patines. Y cuando llego a mi aula, me dije a mi misma que no estaba la profesora, pero como siempre me equivoque. Abrí disimuladamente la puerta y me fije en una señora de unos 30 años, pelirroja, con algunas arrugas, si, es mi maestra.

— Señorita Dunbar, es un gusto tenerla de nuevo— rio sarcásticamente, mientras mi cara tomaba un gesto muy peculiar.

— Que se va a quedar ahí, vaya siéntase- me ordenó— Rápido, no tenemos todo el día- le obedecí, estaba buscando con la mirada a Adrian y no lo encontraba. Hasta que me hizo unas señas únicas, parece como si fuera un sobreviviente de un apocalipsis zombi. Me acerqué a él.



Neluva

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Editado: 27.03.2019

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