A través de tus ojos

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CAPITULO III

 

Nueva York, época actual

 

MAYA

 

Desperté en un bosque, pero esta vez era diferente que las demás. En este sueño no estaba la chica sino yo, observé lentamente mis manos y me percaté que tenía como una lanza color rosa junto a una estrella, lo miré extrañada.

— ¡Serena, corre! — un chico misterioso me sujeto del brazo.

— Lo siento te estás confundiendo— me solté de su agarre, en el chico pude observar un poco de confusión.

— ¿De qué hablas Serena? Corre, luego hablaremos de eso— me jaló y yo lo seguí.

Estábamos corriendo, el chico del antifaz no me soltaba la mano, pero eso a mí no me incomodaba, solo me quede mirando el brillo de sus ojos, de pronto apareció una anciana que salía de una choza.

— Aquí tienes Serena, protege y destrúyelo, no dejes que él lo tome— me entrego un libro antiguo con algunas hojas salidas.

— Disculpe ¿Qué es?- le pregunté a la señora de cabellos blancos.

— Serena, este es el libro de los secretos— cuando me dijo eso el chico del antifaz me tomo del brazo y nos alejamos de la abuela.

De repente todo volvió a pasar como el mismo sueño donde aparece la bestia reclamando algo. Sin embargo algo cambio en el sueño ya no era la mujer quien peleaba con aquel monstruo sino era yo junto a ese chico enmascarado. En un momento la bestia fija su vista en mí, al parecer yo seguía teniendo el libro y ya no la lanza, el demonio corrió hacia mí, mi única reacción fue correr en sentido contrario y cuando sentía que me estaba por alcanzar, alguien parece haberme rescatado, era mi otra yo. Había puesto su lanza.

— Tranquila, nosotros nos encargaremos— me miró señalando junto a su mirada al chico de ojos misteriosos.

— ¿Qué quieres decir? — pregunté un poco confusa.

— Pronto lo veras, afrontarás tu destino- me dijo-Todo saldrá bien, confía mí— tomó mi mano y me dedicó una sonrisa.

— ¡Serena! — escuché que llamaban a la chica.

— Me tengo que ir, pero todo estará bien— me guiñó un ojo y se despidió dándome un último mensaje.

— Un consejo, no confíes en nadie— sonrió y se esfumó.

— Espera que quieres decir con eso— de repente desperté de mi sueño, esta vez fue más claro que de costumbre, ese sueño es mi destino y lo tengo que averiguar, tengo que encontrar ese “libro de los secretos”.

— ¡Maya, ya es tarde levántate! —gritó mi padre desde las gradas.

— ¡Ya voy! — me levanté para irme a duchar. Al ducharme me puse a pensar en el sueño y que necesitaba encontrar ese libro.

“Tengo que encontrar ese libro”

— Maya, querida- papá chasco sus dedos—No has comido nada. 

— Sí, monstruo no acostumbras a comerlo, que digo comerlo a devorarlo— se burló mi hermano.

— ¡Hermano! — le grité molesta, tomando mis cosas y mi pan con mermelada—Ya es tarde, voy saliendo- tomé mis patines y salí de mi casa.

Parece que mi hermano y mi padre se sorprendieron que me haya ido tan temprano, suelo ser muy distraída y por eso soy impuntual.

Todo el camino pensé en mi sueño, quería salir temprano de mi casa para estar un rato sola, cuando pasaba por el árbol del tiempo me percaté de una luz junto a una sombra de una mujer, me acerqué a observar, de pronto toqué el fuerte tronco y vi una escena.

— Voy a morir ¿No es cierto? — preguntó la mujer de mis sueños.

— No digas eso, eso no es cierto— dijo una pequeña.

— Necesito que me hagas un favor ¿Podrás, pequeña?

De repente abrí los ojos lentamente y no había nadie por la calle, me desorienté por un momento, sin embargo miré hacia mi muñeca donde se encontraba mi reloj y ya era otra vez tarde, mi pregunta era:

“¿Cuánto tiempo pasé en el árbol?”

Esto era un poco extraño porque yo salí de casa a las 7:15 y ya eran casi las 8:00, no tenía mucho sentido, solo me detuve 5 minutos o eso fue lo que sentí.

Llegué lo más rápido que pude, deje como siempre mis patines en mi casillero, al parecer Adrian me estuvo mandando mensajes: ¿Dónde estás supertorpe? Tengo algo que decirte.

Corrí lo más rápido que pude y empuje la puerta del salón de clases, sabía que si llegaba tarde una vez más no podría ir a clases con la señorita Blanchard. Sin embargo como siempre este no era mi día de suerte, la profesora estaba allí con un palillo mirando hacia mí.

— Estoy perdida—dije en mis adentros, mientras que toda la clase se me quedaba mirando.

— Señorita Dunbar, estoy esperando una respuesta— se quedó mirándome y junto a ella toda la clase.



Neluva

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Editado: 27.03.2019

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