A través del agua. [trilogía Juegos Mentales]

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C U A T R O

La calle estaba completamente despejada, sólo había autos aparcados fuera de las casas. Aquella calle era una de las principales de su ciudad y a la vez una de las más peligrosas.

Los alumbrados públicos estaban cada quince metros, dejando metros completamente obscuros.

Caminó, corrió, mejor dicho, por cuatro manzanas sin inconvenientes hasta que pasó por fuera de un bar. Un hombre pálido y de aspecto corpulento iba saliendo del lugar, Chelsea evitó acercase mucho, pero el hombre fue directo a ella. El hombre tenía la cara machucada llena de golpes y sangre, sus ojos parecían muertos e inmovibles.

  • Oye. – mencionó el hombre para llamarle la atención. – Ve a casa, no es una buena hora para qué estés por estas calles a esta hora sola. – Chelsea creyó que era un acosador y que le iba a decir cosas obscenas, sin embargo, el hombre hizo que se tranquilizara y esta le asintió con la cabeza y el caballero le guiñó el ojo de vuelta haciendo un gesto con la mano de paz.

Nadie pareció escuchar al hombre y Chelsea halló rara la situación. No le dio mucha importancia y siguió caminando a toda velocidad.

Iba pasando por fuera del cementerio de la ciudad, era inevitable no pasar por ahí ya que es una sola calle hacia su casa. En ese lugar siempre, todas las noches un grupo de delincuentes se viciaban en quedarse ahí a esperar que alguien cruzara para robarles.

Justo en frente había unos árboles que cubrían una posible visión para saber que ocurría en el camino del cementerio y nadie los vería, era el lugar perfecto para robarle a la gente inocente que transitaba a esas alturas de la noche.

Chelsea iba casi sudando y el frío era quien la ayudó para que no estuviese sudando completamente. El viento estaba corriendo hacia el norte y chocaba con el gran muro blanco que dividía el cementerio de la calle.

Faltaban diez metros para que la solitaria muchacha se cruzara por frente de los delincuentes.

  • ¡Eh! Se escuchan pisadas, viene alguien. – susurró uno de los tres asaltantes mientras se apegaba al muro.
  • Si, espérate, ya veo. – murmuró el otro de vuelta y sacó su navaja.

Se agachó un poco e inclino su cabeza hacia fuera, miró hacia un lado y después hacia el otro, por donde venía Chelsea.

Chelsea vio una sombra distinguirse del muro, caminó lentamente hasta que pudo ver los ojos malignos mirando en su dirección, pero no necesariamente a ella.

  • ¡¡¡Ahhh!!! – gritó espantada. - ¡Ayuda!

Nadie podía oírla.

El sujeto adentró su cabeza, sin respuesta ya que no iba caminando nadie, sin embargo, los pasos se seguían oyendo.

  • ¿No viene nadie? – preguntó el otro.
  • No sé loco, estoy confundido hermano. – masculló el de la navaja mientras la cerraba.
  • Espérate que yo veo. – Quiso asegurarse de lo que dijo su amigo, entonces se acopló al muro y se deslizo.
  • ¿Ves algo? – curioseó el tercero.
  • No, nada. – respondió el otro. – aunque se siguen escuchando pasos.

Chelsea esperó un poco para tranquilizarse y continuó caminando a paso normal.

Trató de ignorar verlos. Ellos vieron algo super veloz pasar y quedaron atemorizados.

  • ¿Qué fue eso? - señaló de inmediato uno.
  • Te dije que andaba alguien imbécil. – recordó uno tanto le pegaba en la pierna de broma.
  • Para la otra será. – respondió el otro riéndose.

Chelsea logró pasar un obstáculo y lo que más deseaba era llegar luego a casa.

Estaba temblando, ella quería correr, pero sus piernas se lo impedían, sus piernas estaban congeladas y tiesas al igual que todo su cuerpo.

Iba caminando por la ciclovía, ella sabía que no se debía caminar por ahí, pero ¿Quién iba a andar en bicicleta a esa hora? Escucho el ruido de un auto acercarse hasta que se detuvo justo a un costado de ella.

  • Oye, bonita ¿te llevamos? – pregunto el conductor de forma incrédula. El auto era azul y tenía los vidrios polarizados, el copiloto había bajado su ventana.

Faltaban dos kilómetros para llegar a su casa ¿qué malo le iba a pasar?

  • Está bien. – Asintió Chelsea algo insegura. Procedió a abrir la puerta trasera del coche y ahí se encontraba un tipo joven igual que los otros, de unos 30 años como máximo y el cabello ondulado.



Julianne Del Río

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En el texto hay: misterio, suspenso, muerte

Editado: 12.07.2018

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