Abismo

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Acababa de despertarse, sintiendo punzantes latidos debajo de su nuca. Como si hubiese despertado de un mal sueño, sentía como su diafragma subía y bajaba violentamente recuperando el aliento perdido. Los párpados le pesaban, un poco hinchados debido a la escases de un sueño apaciguado, las primeras sensaciones de tacto le indicaron que previamente dormía sobre un metal, un metal perteneciente al ala de un avión. Su ritmo cardíaco había aumentado repentinamente, atemorizado ante el desconcierto de su ubicación y el no reconocimiento de su borroso alrededor. Comenzaba a pensar que su sonambulismo era responsable de la situación actual. Frotó sus ojos con la esperanza de que al dejar de ver borroso su alrededor pudiera reconocerlo y volver a casa con el fin de arreglarse y asistir al almuerzo acordado el día de la fecha, pero eso solo empeoró las cosas, no tenía la más remota idea de su paradero. Algo asustado aún y con poca dificultad se puso de pie para explorar el terreno con más detenimiento, en el cual divisó fuego incontrolable no muy lejos, trozos oxidados de alerones, turborreactores por doquier al igual que las ventanillas y asientos, justo detrás suyo estaba el resto del avión aparentemente víctima de una explosión varios días atrás.

De forma automática se agarró la cabeza, desconcertado por la situación, llenando su mente de más preguntas que respuestas. Sin darse cuenta, su vista había sido encantada por una figura próxima a su encuentro, sin lugar a dudas era una mujer. Como si de un viejo amigo se tratara, sus labios esbozaron una sonrisa de oreja a oreja, sus pupilas se habían dilatado cual niño al ver deliciosos dulces y sus piernas comenzaron a moverse sin permiso logrando hacer que, el antes desconcertado sujeto, ahora corriera alegremente hasta la muchacha.

-¡Perséfone!- gritó eufórico, con el objetivo de abrazarla fuertemente y ser consolado de su desconcierto en los brazos de la pelirroja. Pero la expresión de la mujer no mostraba felicidad de verlo y por supuesto que menos al ver como corría a su encuentro, mientras analizaba sus intenciones. Con disimulo, preparó en su mano derecha un Kunai, pequeña cuchilla japonesa, en caso de que se necesite contra atacar. De todas formas las fuerzas especializadas en espionaje no estaban lejos, ya que esperaban la señal de su capitana.

-Amada mía, creí que estaba perdido, ¿Tienes idea dónde estamos?- Preguntó el joven impaciente abrazándola tratando de recuperar el aliento perdido en aquella pequeña maratón. Pero como respuesta recibió una mirada de asco por parte de aquellos verdes luceros pertenecientes a la pelirroja, la cual automáticamente besó la frente del muchacho, quién sentía como comenzaban a temblarles las rodillas al sentir el roce de esos suaves labios. Acto seguido tres personas con mascaras de kabuki, notoriamente echas de papel mache, dieron su aparición derribando de cara al suelo al muchacho e inyectándole una sustancia somnífera en el cuello, la cual hizo efecto, matando toda la ilusión en el recién llegado ahora inconsciente.

Paralelamente, no muy lejos de la zona, podremos encontrar un refugio subterráneo. Escondido de manera perfecta debajo de los escombros de una estructura aparentemente similar a una casa ordinaria. En ese refugio se escuchaban fuertes gritos de una notoria discusión entre dos mujeres, las cuales desde cualquier perspectiva se notaba que eran pareja, una literalmente explosiva.

-¡VOY A QUEBRARTE CADA HUESO TUYO!- gritó la pelinegra, la rubia lo único que hacía era balbucear y llorar muy fuerte, como si eso pudiera sacarla de su situación actual. Uno de los hombres del escuadrón acababa de pasar por en medio de la discusión y se sentó en aquél sillón para degustar de una pizza fría mientras con atención observaba la telenovela de las chicas tóxicas. Según si interpretación llegó para la mejor parte, los golpes de Aika, la pelinegra.

-¡EROS ERES UN IMBÉCIL!- Se quejó una mujercita petiza que se asomaba por la arcada de la pared. -¡YO TAMIÉN QUIERO VER!- Agregó a lo que rápidamente fue a tomar asiento al lado de su compañero.

La recientemente nombrada Aika, había comenzado a golpear de manera muy violenta a su supuesta pareja, la rubia lloraba de agonía, tanto de dolor como por la molestia que le causaba las mañas de su novia. Aunque, a pesar de ser tan violenta, la amaba y estaba dispuesta a complacerla y soportar cada agresión por ella. Cualquiera diría que es un acto de lealtad y fidelidad ejemplar, pero estamos hablando de violencia de pareja, por lo que la rubia, Jezabel, era totalmente sumisa ante los caprichos, torturas físicas y psicológicas por parte de la pelinegra. Mientras era narrado lo anterior, la muchacha de dorados cabellos podía lucir su nuevo golpe en su ojo izquierdo y su obligación por limpiar la sangre que corría por sus orificios nasales.

Repentinamente la escotilla se abrió, alarmando a todos los presentes en el refugio, Aika tomó del pelo a Jezabel y la estampó de cara al suelo para luego patearle la cabeza e ir al encuentro de su líder, Percéfone, la cual mostraba su semblante con cierta molestia por lo que acababa de encontrar, ordenó de mala manera con el nombre de ‘Kaomi’ para que se lanzara el cuerpo inconsciente de la pobre alma perdida en medio de los restos de un avión por las escaleras, furiosa pero dulcemente ordenó la presencia de su fiel asistente con el nombre de ‘Nayla’, la cual era una niña pre-adolescente de no más de 12 años, aparentemente. La pelirroja le ordenó dulcemente a la niña que lo amarrara en el “palito feliz” como todos lo llamaban en el escuadrón, tan feliz que asusta. Acto seguido fue a la sala, donde Jezabel luchaba por levantarse una vez más, de la joven líder nació el simple y doloroso acto de ejecutar una patada en el trasero de la rubia, señal de advertencia para la misma, ya que si no se levantaba rápidamente, tendría innumerables problemas con la mismísima Percéfone. Algo desesperada, la rubia logró sentarse de rodillas, hoy no sufriría más daño ni abuso.



Neko_binRo

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En el texto hay: destrucción, matanzas colectivas, extincion

Editado: 04.06.2019

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