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Capítulo III: “Contratos olvidados”

Capítulo III: “Contratos olvidados”

—¡Delicioso!

—Se nota que le gustó.

Un dato más de Sirius: sabía cocinar muy bien. Una simple pasta con boloñesa había explotado el paladar de Paris.

—¿No vas a comer? — preguntó limpiándose los restos de salsa, enterneciendo, aunque sea un poco, al demonio.

—No necesito comer. Lo único que como son los postres que hace mi padre cada que los visito. — dijo. — Pero no me hace nada, claro. Si lo ordenas, puedo preparar un plato para mí. Aviso que no hay suficiente para un plato más para ti si así es.

—Nop. Sírveme otro. — dijo extendiendo el plato ya vacío.

—Vaya. Te gusta comer, ¿No?

—Qué observador.

Sirius tomó las pinzas y sirvió más pasta para su contratista colocando una buena proporción de salsa junto con carne.

—Entonces, ¿tu papá es médico y tu padre juzga almas?

—Por así decirlo. Mi papá era un humano, ¿sabes?

Paris se sorprendió tanto como Sirius por el hecho de haber contado eso a un niño humano sin importancia. Tal vez estaba muy aburrido.

—¿De verdad? — preguntó el menor asombrado.

—Sí, bueno… Él era contratista de mi padre, demonio de nacimiento. Tenía apenas dieciséis años cuando lo invocó por accidente. Quería vengarse de los desconocidos que mataron a su hermano menor, mi tío. Hicieron un contrato y, después de ocho años juntos, descubrieron que se enamoraron el uno del otro.

—Como una novela…

—Ajá. Se casaron y, al parecer, descubrieron que los demonios podían embarazar a hombres.

—V-vaya…

—Exacto, vaya. Mi padre lo convirtió en demonio a papá para no morir en el parto y para que no muera nunca y… salí yo.

—Eso sí que es una historia de amor, supongo. Un poco bizarra, pero linda.

—Podría decir que después de ciento treinta y cuatro años juntos, siguen en la época victoriana.

Paris pensaba que cada vez todo era más irreal. Se sentía en una novela de fantasía. Deseaba saber más cómo eran otros contratos así que decidió tomar de referencia a sus padres, quienes mencionó Sirius eran ex contratistas.

—¿Tu papá nació en la época victoriana?

—Así es. Era un conde. Conoció a la reina Victoria, hacía muchos negocios con ella.

—¡Woah!

—Aunque cuenta que era una vieja loca.

—Oh…

—Vivían en una mansión a las afueras de Londres. Nadie sospechaba nada acerca de que el gran conde Blackshimer. vivía con un extraño hombre. Aunque ahora que lo pienso era muy antisocial considerando su estatus.

—Cada vez me identifico más. ¿Y en qué parte de la historia cumplen el contrato?

—Oh, en ninguna.

El menor quedó con la boca abierta, aprovechando el demonio a hablar.

—Cuando se enamoraron, entendieron que, si terminaban el contrato, mi papá moriría porque mi padre debía tomar su alma. Así que decidieron que el contrato debía ser permanente.

—¿Pero necesita un alma cuando es un demonio?

—Los demonios no tienen alma, a menos, claro, que logren enamorarse. Mi padre, recuerda que era un demonio de casi dos mil años, consiguió un alma gracias a eso. Mi papá se convirtió y conservó su alma. Por eso ninguno necesita consumirlas.

—Espera. A ver si entendí. Los demonios comen almas… ¿Por qué no tienen una?

Sirius entendió que había hablado de más.

—Sí. — dijo con la intención de dejar ahí el tema.

—Pero dijiste que tus padres sí tienen un alma, ¿Por qué tú no tienes una?

Sirius le miró mal. Con fastidio. Paris no tenía que conocerlo mucho para saber que no quería responder eso. Con nerviosismo, cambió de tema.

—Creo que debo ir a dormir. Tengo mucha tarea que hacer mañana. Y hay que comenzar a investigar acerca de mi padre. — dijo levantándose en dirección a las escaleras para ir a su habitación.

—Sí, es verdad. Lávate los dientes, no lo olvides.

—Sí, mamá.

(…)

—¿Te lavaste los dientes?

—Sí.

—¿La cara?

—Sí.

—¿Te peinaste?

—Ya basta.

El demonio rio viendo como el menor dejaba a un lado su teléfono para arroparse.

—¿Dónde dormirás? — preguntó Paris a Sirius.

—No necesito dormir. — respondió. — Me quedaré observándote procurando que nada te pase.

—Eso es de acosador. — sentenció. — Antes de cometer una más de tus rarezas, quiero un budín de desayuno mañana. Comienza con eso.

—Como ordenes.

—Oye…



Milagros Imperiale

Editado: 26.07.2019

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