Acendrado

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Capítulo IV: “Convivencia”

—Buenos días, Paris. Es hora de despertarse.

Paris abrió los ojos con pesadez, tapándolos de inmediato al percibir la luz que entraba por la ventana.

—Cierra las cortinas, estúpido.

—Lindas primeras palabras para empezar el día, ¿no crees?

Sirius hizo lo que ordenó, quedando el cuarto a oscuras una vez más. Paris se sentó en la cama, tallándose los ojos con fuerza, siendo advertido por Sirius que se haría daño. El menor miró de soslayo el reloj digital que tenía en su mesa de luz, quedando anonadado al encontrarse con que eran las seis de la mañana.

—¿Por qué tan temprano? — cuestionó.

—Hoy tenemos que empezar a cumplir el contrato. — dijo.

—Se ve que estás muy apurado en concretarlo. — comentó estirándose. — Por lo menos despiértame una hora más.

—De acuerdo. — dijo. — Preparé tu ropa.

Paris se paró para que Sirius lo cambiase. Le puso una camiseta sin mangas gris, shorts de jean por encima de calzas negras, sus botas de cuero típicas hasta las rodillas y su largo abrigo negro. Paris miró sus piernas con desagrado.

—Son muy ajustadas. — dijo refiriéndose a las calzas. — Se me marcan mucho las piernas. No las usaba por eso.

—Hace mucho frío hoy. Y lo más probable es que tengamos que salir. — explicó atando sus cordones. — Y tienes lindas piernas, aprovéchalas.

—¿Es parte de tu personalidad los comentarios innecesarios? — alzó una ceja.

—Sí. — le sonrió falsamente. — Ve a desayunar. ¿Té, café o jugo? Pensándolo bien, toma dos de tres. Elije cuál. Eso hará que no te desmayes por falta de proteínas.

—No seas extremista. Casi nunca desayuno y jamás me desmayé.

—Y luego te tengo que cargar porque no puedes ni pararte.

—Por tu maldita marca. ¿Por qué no tiene los mismos símbolos que la tuya dentro?

—Esos símbolos son palabras en latín. Yo tengo una en el centro de la cruz invertida que significa “familia”. Mis padres dicen que haciendo varios contratos se van agregando más.

—¿Cuántos contratos hiciste tú para que eso no pasase?

—Por ahora, seiscientos cincuenta y nueve.

—Woah…

—Soy un demonio joven, aunque no lo creas. En mi mundo, soy algo como tú. Una clase de adolescente, con la diferencia de que no aparento la mitad de mi edad.

—Es verdad. Puede ser que… ¡Mira! ¡Tienes una cana!

—¡¿Dónde?!

(…)

—¿De qué trabajaba tu padre? — preguntó Sirius mientras encendía el ordenador de la sala. — Algo importante, según dice tu apellido.

—Algo así. — dijo yendo sigilosamente hacia el pastel para tomar otra rebanada. — Era gerente del banco más grande de Inglaterra.

—¿William’s? — preguntó Sirius. — ¿Se llamaba así él?

—No, pero su bisabuelo sí. Su nombre es Benjamin Collingwood. — comenzó a cortar.

—Ah, claro. pasó de generación en generación. El banco tiene casi la edad de mi papá. — dijo Sirius con la vista clavada en la pantalla. — Si sigues comiendo, esa perfecta cadera se va a ensanchar o, en el peor de los casos, te vas a descomponer y con las defensas bajas eres más propenso a que pesques otra enfermedad y mueras.

—Solo era una porción más. — protestó viéndose expuesto.

—Sí, de tres. — respondió. — Ven aquí y chequea por ti mismo.

Paris se acercó quedando al lado de Sirius para leer una nota que él había encontrado.

—“Insólito: El noble empresario Benjamin Collingwood asesina brutalmente a su hija y mujer frente a los ojos de su hijo menor”. — leyó en voz alta. — “El bancario de cuarenta años deja en terribles condiciones a su hijo pequeño de catorce años por un golpe en la cabeza tras su acto homicida”. ¡Tengo diecisiete!

—Sigue leyendo.

—“El doctor dice que esto fue causado por el impacto directo de una botella de vidrio grueso. La esposa fue asesinada primero con un cuchillo de cocina común a treinta y seis apuñaladas. La joven, desafortunadamente, no pasó por el mismo destino. Ella fue estrangulada hasta la muerte sin piedad alguna. El niño fue testigo de toda la situación. Éste no pudo declarar nada más que lo que corroboraron los policías. Mas parece lo único que recuerda, pues le diagnosticaron amnesia retrógrada leve. No recuerda más que hechos puntuales y muy significativos de su pasado y de la escena del crimen. Por el momento, su tía de parte materna, Catherine Shimer, tiene la custodia de la criatura”.

—¿Lo de la amnesia es verdad?

—Sí. Al parecer, mi padre me golpeó con algo en la cabeza y tal fue el efecto que me arruinó una neurona, tal vez, temporalmente.

—¿Y qué puedes recordar?



Milagros Imperiale

Editado: 26.07.2019

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