Adán: El último hombre

Tamaño de fuente: - +

11: Un pasado preocupante

Teresa entró a casa y se llevó una sorpresa al ver a Kariba en el sofá junto a Adrián viendo algo en la pantalla. Su estómago fastidió, y no era hambre para nada. DOPy se acercó, firmó su llegada y vio lo que había de comer.

Caminó a la barra mirando de reojo a los otros. En otra ocasión se hubiera alegrado de que su amiga estuviera ahí, pero justo en ese momento no era así.

El dron de la rubia le hizo rápidos escaneos al confundido de Adrián.

—Te haré ropa —comentó ella—, pareciera que Teresa solo agarró lo primero que vio, no te ves mal, pero en los textos que leí pude ver ropas que usaban los hombres cuando existían…

—¿En serio? Vaya, gracias, aunque será raro que inviertas tiempo en mí.

—Trae tu comida aquí —le dijo Kariba a Teresa sin hacerle caso a él—, y veamos juntos. Haz palomitas de maíz.

La pelinegra asintió con un tanto de molestia que trataba de disimular porque prácticamente no había motivo. Su mamá estaba en su oficina, diseñaba nuevos cortes de cabello, practicando con el holograma interactivo. La saludó desde lejos moviendo una mano y volvió a lo suyo.

—Hueles diferente incluso —escuchó que murmuraba Kariba.

Respiró hondo mientras esperaba la salida de su comida.

—Algo así dijo Tesa...

—¿En serio? ¿Puedo olerte? —cuestionó casi en susurro evidenciando estar más cerca de él.

Se preguntó si habían estado solos todo el rato que estuvo fuera. Sacó la comida y las palomitas y fue al salón. Se sentó en el mueble del costado viendo cómo Kariba reía en silencio apartándose luego de haber olfateado a su hombre por el cuello.

—¿Por qué ahí? —habló Adrián mirándola—. Ven acá. —Palmeó el cojín que estaba a su lado.

Más a su lado que Kariba. Eso la hizo feliz de manera extraña.

—No, vaya a incomodar —refutó sin embargo.

—¿Te pasó algo en tu misión? —preguntó su amiga con preocupación al percatarse recién de su extraño tono.

—No, no, nada. —Comió un bocado.

—¿Entonces? ¿Periodo?

Casi se ahogó con la comida.

—No, ya pasó hace tiempo —aclaró enrojeciendo—. ¿Cómo hablas eso frente a él? —reclamó.

—No pasa nada —la calmó Adrián—, me dijo que les viene cada dos meses, lo cual es sorprendente. Antes era una vez al mes...

—Vaya, ¿en serio? Qué pesadilla.

—Imagino que ahora, al haber menos hombres, su cuerpo busca más tiempo de fertilidad.

—Tal vez —intervino Kariba—, aunque muchísimas se quitan el útero. Por ejemplo yo, pero Teresa es una rebelde.

—¿Por qué?

La pelinegra suspiró.

—Fui incubada en el de mi mamá, también podría yo tener mi bebé así. No veo qué tiene de malo.

—Vaya... es dulce de tu parte.

Teresa sonrió.

—Gracias... Es raro hablar de esto contigo —dijo riendo con nerviosismo.

—Descuida, estuve preparándome en medicina antes de entrar a la cápsula, sé ciertas cosas... Aunque también me interesa la mecatrónica —agregó viendo a DOPy flotar por ahí persiguiendo al otro dron—. Iba a ser mi segunda carrera a seguir.

Por un segundo pensó que tal vez ese hombre, considerado bicho por las mujeres, era más listo que ella y su madre juntas. Incluso Kariba estaba anonadada. Tal y como lo había supuesto al leer sobre las condiciones para estar en «Futuro nuevo», él no era cualquiera.

—Pero entraste a la cápsula —murmuró bajo.

¿Por qué? ¿Por qué abandonó sus pasiones?

—Síp. Ahora, ¿vienes o debo ir por ti?

Sonrió y asintió. Fue y se sentó a su lado, siendo rodeada por su brazo, gesto que la llenó de gozo. La película ya empezaba. Su mano le acarició el antebrazo, haciendo revolotear mariposas en su estómago, se tomó la libertad de tomarla y juguetear con sus dedos, fuertes y tibios.



Mhavel N.

#108 en Ciencia ficción
#2144 en Novela romántica

En el texto hay: distopia, feminismo, matriarcado

Editado: 02.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar