Adán: El último hombre

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13: Mucho acercamiento

—No puedo creer lo imprudente que fui —renegaba Teresa mientras entraban a casa—, por poco y te descubren...

—Quizá hay que esperar a que encuentren a todos los másculos.

—Ni siquiera entonces será seguro.

—Y qué. ¿Vas a tenerme aquí encerrado?

—¡¿Por qué rayos no entiendes que no quiero que te lleven?!

Eso lo desconcertó. Ella reaccionó al darse cuenta de lo que había dicho.

—Kariba vino a buscarles —intervino DOPy—, tu mamá fue a hacer cortes de cabello, dejó la cena lista.

—Gracias. —Se alejó ruborizada—. Regresa el detector al floter —ordenó.

Mientras el dron cumplía veloz, fue seguida por Adrián. Se sentó frente a la barra de cristal y su plato se dirigió a ella.

—No me has dado una respuesta concreta —reclamó él sentándose también luego de sacarse el abrigo y la bufanda, recibiendo su plato.

Teresa gruñó bajo. ¿Acaso no se daba cuenta de que no quería hablar del asunto?

—Recibí datos sobre tu baile —agregó DOPy regresando de haber movido el detector—, es pasado mañana.

—¿Baile? ¿Tu graduación?

—Sí —dijo tras suspirar—, solo una ceremonia en la que todas se quieren exhibir.

—¿Tú no?

—Para nada, voy para que me den mi distintivo, comida, y creo que eso es todo...

—Aah, comida, así se habla —la felicitó haciéndola reír bajo.

—Tampoco es que sea fan como tú, tú exageras.

Se escucharon leves ruidos tras los reposteros y estantes de la cocina.

—No me digas que hay algo ahí...

—No, el sistema de la casa jala lo que hemos traído y lo traslada a su sitio. Así como pasa con los platos, la ropa.

—Ah, cierto. En ese caso —se puso de pie y fue al estante de frutas para sacarlas—, haré un batido.

—¿Te ayudo?

—Por ahora, mi dama, solo observa.

La chica se regocijó por dentro. Le vio agarrar uno de los cuchillos a láser y empezar a picar una fruta con destreza, poseía una gracia distinta en la cocina, era como exótico verlo ahí.

—¿Soy tu dama? —cuestionó.

La miró ofreciéndole una fugaz sonrisa antes de seguir con la otra fruta.

—Lo eres. —Esas sonrisas iban a terminar logrando que confesara sus raros sentimientos—. Tú y tu mamá —continuó él—, que me han acogido aquí...

—Mi mamá tiene a Rita —comentó la pelinegra sintiéndose celosa de pronto.

Adrián rio de forma leve, puso la fruta en la licuadora, que era banana y manzana, y el resto de ingredientes como nueces peladas, leche de almendra, hojuelas de avena, y hasta un poquito de yogurt de vainilla.

—Eso parece una fórmula para engordar.

—Para nada... —Encendió el aparato—. Bueno, quizá algo —murmuró bajo.

Una vez que el jugo estuvo listo, el sistema lo sirvió y se dirigió en dos vasos a sus lugares en la barra. Teresa lo probó.

—¡Uhm! Debo admitir que no está mal.

—Gracias.

DOPy puso el CD en la mesa de centro del salón y empezó a tocar. Era una música suave, ella sintió que le daba más intimidad al ambiente, una intimidad peligrosamente tentadora.

—Aviso —interrumpió el dron—, próximo juego magnético será pronto —la chica se le acercó—, Teresa Alaysa ha sido convocada a la siguiente etapa.

No pudo creer lo que escuchó, soltó un corto grito de emoción y dio un par de brincos. Tomó de las manos a Adrián que se había aproximado y dieron un par de vueltas.

—Felicidades —le dijo luego de reír suave.

—Ay no. —Se puso nerviosa—. Competiré contra las más reconocidas...

—Y las vas a dejar abajo, verás que sí.

DOPy había continuado con su música instrumental, que al ser tan milenaria, era nueva para Teresa. Sin darse cuenta, habían iniciado una lenta danza, un vals. Alzó la vista, sonriendo con ilusión, agradeciendo los ánimos que él le daba.

—¿Recordaste la canción que tocaste en el piano? —preguntó con sus ojos perdidos en los de él.

—De un tal Chopin, Prelude en mi menor, veintiocho, número cuatro, eh —sonrió a modo de disculpa por su confusión—, algo así era, DOPy lo dijo y lo olvidé.

—Descuida —dijo luego de reír en silencio con él.

Le dio una vuelta y volvió a pegarla a su cuerpo. ¿Qué estaba haciendo? No lo sabía pero le encantaba. Teresa estaba perdida en su tacto, su aroma, su voz. Él la sostenía con firmeza, sabía que incluso abrazarlo era especial, distinto, como rodear un árbol, pero cálido y envolvente, fuerte y blando hasta cierto punto. Abrazar a una mujer, a excepción de su mamá, simplemente no le había llamado la atención antes.



Mhavel N.

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En el texto hay: distopia, feminismo, matriarcado

Editado: 02.04.2019

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