Adela

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CAPÍTULO XVI

Hoy amanecí con ganas de ir a bailar. Invité a mi prima Carlota a la disco, a ella también le gusta bailar. No recuerdo la última vez que salimos juntas. Mi tía siempre ha sido muy controladora con ella. No la dejaba salir casi a ninguna parte. Luego mi prima cumplió la mayoría de edad y se pudo liberar un poquito de mi tía, solo un poquito.

Todos mis jeans me quedan más ajustados, debido a mi aumento de peso. Pero por suerte todavía me sirven.

Me pongo un jean, color azul oscuro, con una blusa blanca de rayas azules.La blusa tiene las mangas largas y campanas. Y un corte V que me fascina.

La música suena a todo volumen, hay mucha gente, pues es fin de semana.A penas se puede bailar. Carlota vino con dos amigas. Así que se podría decir que es noche de chicas.

Para entrar en calor pedimos algo de tomar. Carlota y sus amigas piden cervezas y yo pido una Margarita de Piña.

Las cuatros estamos bailando alrededor de nuestra mesa a ritmo de salsa. De repente llega un chico y me invita a bailar, le digo que no.Carlota lo saluda con mucha familiaridad y me ordena que baile con él porque es su amigo. La echo una mirada fulminante. Carlota me insiste con una sonrisa en su rostro y acepto. Al fin de cuentas vine aquí a bailar.

Quedé sorprendida de lo bien que se le da al amigo de Carlota, bailar salsa. Bailamos tres salsas seguidas y no seguimos bailando más, porque se tuvo que ir. Al parecer se le presentó alguna emergencia familiar.

Estas maletas están bien pesadas, con todo lo que mamá echó, solo faltó que echara la casa completa. Apenas tuve un pequeño espacio para llevarle un regalo a Pamela.Mamá quiere que siempre tenga presente mis raíces.La manera más factible para ella fue echar en mis maletas montones de subvenirles de Puerto Rico, entre otras tantas cosas más.

Mamá me trajo al aeropuerto, acompañada de Carlota, en su rostro se puede apreciar su enorme tristeza. Me promete que me visitará lo más pronto posible. No puedo evitar llorar cuando me despido de ella. Siempre he odiado las despedidas, son tan melancólicas.

Dejé mis auriculares en casa de mamá, salí muy de prisa, y me acuerdo de ellos justo ahora que estoy a tantos metros de altura.Ni modo no podré escuchar mi música.Lo mejor será que me duerma.

Me despierto un poco aturdida, gracias a los fuertes ronquidos del señor que está sentado al lado mío. Definitivamente este vuelo se me hará eterno.

Empiezo a observar por la ventana y de repente me da un vértigo enorme.Todo me da vueltas y siento como si fuera a caer al vacío. Apoyo mi cabeza en el asiento, cierro mis ojos y respiro profundo varias veces hasta que empiezo a sentirme un poco mejor.No sé qué me está pasando.La última vez que viajé también me sucedió lo mismo.

Llego algo agotada.En cuando veo a Max, que me está esperando en el aeropuerto con una bolsa de regalo, me olvido de mi agotamiento. Suelto mis maletas y voy de prisa a abrazarlo.Lo extrañé mucho.

–Bienvenida, vida mia.No sabes cuánto te eché de menos–dijo Max, inclina su cabeza para darme un beso.

–Yo también–

–Te traje este presente–dijo Max, me da la bolsa de regalo.

–Umm...¿Qué será?– pregunté, mientras destapo la bolsa.

Es un hermoso collar de perlas, con sus pendientes. No puedo distinguir si son perlas naturales o artificiales, porque no sé de joyas pero me da igual.Me fascina mi regalo.

–Gracias Max, está hermoso. Tienes buen gusto–

–De nada.Ahora te tengo una sorpresa–

– ¿Sorpresa? Pensé que esta era la sorpresa–

–Pues no.Ahora te voy a llevar donde está la sorpresa–dijo, al mismo tiempo que toma mis maletas para irnos.

Me pregunto cuál será la sorpresa de Max.Ya casi se hace de noche.Ya no podré hablar hoy con Max acerca de definir lo nuestro.No quiero arruinarle su sorpresa, está tan animado, me imagino que le llevó tiempo hacerla o planearla.

Max va muy inspirado cantando, mientras conduce.Yo voy muy entretenida viendo por la ventana.

–¿Y cómo estuvieron tus vacaciones?– preguntó Max de golpe.

–Muy bien, amo mi tierra.Me hizo bien estar cerca de mi familia. Mamá me dijo que pronto me visitará–

No menciono a Sebastián. No creo que a Max le agrade la idea de que estuve compartiendo con mi ex, con el que estuve comprometida.

–Que interesante. Me muero por conocer a mi suegra. ¿Y... le hablaste de lo nuestro a tu familia? –

–No. Considero que no es el momento adecuado–

–Entiendo. Tienes razón–asiente con la cabeza.

Me muero por sacar a relucir el tema de Deborah.De repente me acuerdo de lo que me dijo Armando acerca de la relación de Max y Deborah. También del beso que me dio. Y me siento fatal con Max.Mañana hablaré con él sin falta.

–¿Y cómo estuvo el vuelo? –

–Espantoso. Otra vez me dió vértigo–

–Que mal.Deberías ir al doctor para te receten alguna pastilla–

–Sí, eso haré–

Max se detiene y se desabrocha el cinturón de seguridad y me observa. Está algo misterioso.No logro reconocer el lugar donde estamos. El lugar donde aparcó está un poco oscuro.



Stephanmar

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En el texto hay: chicklit, romance, celos y amistad

Editado: 03.08.2019

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