Aeferdana

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5. Una dura prueba

Al día siguiente, la rutina volvió a hacerse presente en la Hermandad, lo que significaba que tanto Aeferdana como Sindar comenzarían los entrenamientos. El chico ya estaba dispuesto para lo que estaba por venir, pues durante toda su vida se había preparado para ese momento; pero ella no sabía cómo tendría que proceder. Estaba muy perdida, aunque por suerte tenía a su compañera de habitación para resolver algunas dudas. Además, Bardo le había sugerido que si tenía alguna se presentara ante él en la Sala de los Maestres.

Buscó con la mirada a Feeris, pero no la encontró haciendo bulto en su cama. Pensó que quizá se encontraría en el cuarto de baño, teoría que contrastó cuando la vio salir por la puerta que daba acceso a él.

—¿Todavía estás así? —preguntó su compañera de cuarto cuando la vio sentada sobre la cama.

Aeferdana, confusa, abrió la boca para decir algo, pero Feeris se adelantó.

—Solo estaba bromeando, suelo levantarme siempre pronto porque a veces hay algún tipo de emergencia y me gusta estar preparada.

Eso confundió aún más a la pelirrosa.

—¿Emergencia? ¿Suele haberlas a menudo?

—Oh, no —Feeris soltó una pequeña carcajada—. A veces suena la alarma de la Hermandad y solo es un simulacro. Desde que estoy aquí, nunca ha sido por una emergencia real, así que no tienes de qué preocuparte.

La chica suspiró más tranquila y se levantó para prepararse. Los nervios la estaban torturando, mucho más que cuando supo que tendría que cumplir una pequeña misión importante para poder ser una guardiana oficial. Con esos pensamientos rondando su mente avanzó hacia el cuarto de baño para ducharse y lavarse la cara. Cuando estuvo preparada, volvió a salir encontrando a su compañera ya vestida, para hacer ella lo mismo.

—Creo que hoy ambas comenzamos con Hechizos de Defensa —comentó Feeris.

Aeferdana sonrió mientras terminaba de ponerse la túnica que su madre le había regalado antes de emprender el viaje. La misma túnica con la que ella estudió en la Hermandad.

—¿Cómo lo sabes?

—Llevo poco tiempo aquí y generalmente, hasta que no aprendes a controlar por completo tu runa, no te ascienden. Sigo siendo aprendiz, no como Thyria, que ya está cerca de convertirse en una hechicera experta. La misión que ha tenido que llevar a cabo contigo le ha abierto las puertas para el examen.

—¿Examen? —preguntó Aeferdana.

Su confusión aumentaba por momentos mientras terminaba de peinarse.

—Sí. Para alcanzar el rango superior que te convierte en guardiana tienes que realizar un examen bastante complicado, de nivel experto para cada una de las especialidades de la Hermandad, que supervisan los propios Maestres. Para que tú y yo podamos siquiera pensar en realizarlo tenemos que aprender mucho.

En ese momento, sus pensamientos se centraron en su compañero de viaje. Sindar había sido instruido desde pequeño para poder ingresar en la Hermandad. Formaba parte, como ella, de una de las familias de guardianes más reconocidos en toda Soradia. ¿Estaría deseando realizar ese examen que le convertiría en guardián? Aeferdana no dudaba que fuera así.

—Vamos, o al final llegaremos tarde —dijo Feeris.

La aprendiz de Soram asintió y salió tras ella de la habitación.

 

 

 

 

 

Sindar ya estaba preparado para recibir sus primeras clases de defensa. Quería demostrar a todos sus compañeros que, por muy nuevo que fuera, había aprendido mucho en su hogar. Aunque del dicho al hecho había un gran trecho.

Antes de comenzar, sus compañeros le habían aconsejado que permaneciera alerta, con los cinco sentidos puestos en el ambiente. Y aunque sabía que antes de realizar su prueba de ascenso vería la de otro compañero, no podía dejar de sentirse nervioso.

—¡Vamos, Sindar! —Su compañero Ilmin tiró de él hasta que todos estuvieron sentados en las gradas del campo de instrucción.

Cyrius apareció encabezando a un grupo de caballeros vestidos con túnicas especiales de lucha. A su lado, uno de los aprendices de mayor rango lo acompañaba. Era quien realizaría la demostración para que el nuevo pudiera saber a qué se enfrentaba.

Se detuvieron cuando llegaron al centro del campo.

—Hoy es un día especial, pues uno de vuestros compañeros realizará la prueba que tantos de vosotros habéis hecho. Una prueba dura y llena de complicaciones que determinará el rango al que pertenecerá. Y, como siempre, uno de vuestros compañeros cercanos a conseguir el título de guardián será quien haga la demostración.

No hicieron falta más palabras. Cyrius desapareció, dejando una estela de humo grisáceo a su alrededor, y dejó que las luces del campo bajaran. Todos los que lucharían se desperdigaron salvo el que minutos antes había permanecido al lado del Gran Maestre. Solo sacó la espalda, pronunció unas palabras que nadie pudo oír y esperó atento.



R. Crespo

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En el texto hay: romance, hechiceros, caballeros y espadas

Editado: 15.09.2018

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