Aeferdana

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7. Amigos de la infancia

Cuando Aeferdana volvió a su habitación esa noche, algo había cambiado. Lo sentía, pero no sabía a ciencia cierta qué era. Cerró la puerta tras de sí y lo primero que vio fue a Feeris sentada sobre su cama con los ojos clavados sobre ella.

—Cuéntame qué ha pasado.

Aeferdana sonrió mientras se acercaba a su cama sin decir ni una sola palabra. Solo cuando se acomodó en ella y colocó las manos sobre sus piernas, respondió:

—Uno de los maestres me pidió que ayudara a uno de nuestros compañeros y lo hice, aunque nunca pensé que sería de esa forma. No había pasado más miedo en mi vida.

—Lo cierto es que eso ya lo sé, se ha corrido la voz por toda la Hermandad. Ha sido increíble, por lo visto. Pero no es esa mi curiosidad. ¿Qué ha pasado con Sindar? —Alzó las cejas varias veces y sin parar.

—¿A qué te refieres? —La chica frunció el ceño sin saber a qué se refería.

—¡Venga ya! No puedes hablar en serio —replicó Feeris—. Has estado todo el día perdida, seguro que han dejado que te quedes con él para cuidarlo.

—No entiendo por qué, pero es así —explicó Aeferdana, un poco nerviosa al pensar que, más que una ayuda, había sido un estorbo para él—. Aunque también me revisó la enfermera en busca de alguna herida, por muy superficial que fuera. El que salió peor parado fue él y, por si fuera poco, tal vez no lo asignen al grupo correcto por mi culpa.

—No seas tan dura contigo misma, quizá le den otra oportunidad para mostrar sus habilidades.

Pero su intento por consolar a su compañera no hizo efecto alguno. Aeferdana seguía pensando que él hubiera conseguido terminar bien su prueba de no ser por su intervención. ¿Por qué Cyrius había pensado que era idónea para ayudarle? Una simple misión no era determinante, ni siquiera su parentesco con la Maga Azul. «Quizá se hayan equivocado conmigo —pensó mientras mantenía su mirada fija sobre la tela de la cama—. Tal vez ni siquiera merezca convertirme en Guardiana. ¡Soy un desastre!».

Y es que Aeferdana, a pesar de la gran familia a la que pertenecía, y de su gran logro en la misión de la Hermandad, no era una hechicera destacada entre los suyos. Sus antepasados hablaban por ella, pero la chica deseaba hacerlo por sí misma. Que sus actos la llevaran a la gloria o la condenaran al peor de los fracasos sin que la Maga Azul pudiera tomar la decisión por el resto.

Feeris, al comprobar que Aeferdana permanecía en una especie de trance, decidió dejar la conversación en ese punto para descansar. Por eso, cuando minutos después reaccionó, la encontró dormida bajo las sábanas.

 

 

 

 

 

Sindar no pudo dormir, al menos en principio, pues aún tenía el recuerdo de lo acontecido ese día. Aeferdana le había acompañado hasta su habitación y, hasta el último momento, no despegó su mano de la suya. La magia aún estaba ahí, bien metida en su alma, como si algún hechizo hubiera impactado de lleno en su corazón. Pero lo cierto era que estaba enamorado de ella desde antes del viaje que compartieron en barco desde Soram.     Vivir con ella esa aventura era lo mejor que podía pasarle, pero quería sobresalir para llamar su atención. Todo parecía ponerse en su contra a la hora de cumplir su propósito, pues tenía la sensación de que siempre querían dejarle a la sombra de Aeferdana. No dudaba de los poderes de su compañera, pero él también tenía sus habilidades y quería demostrarlas.

Logró conciliar el sueño cuando su mente se relajó y recordó su conversación con Aeferdana durante el viaje en barco. Había sido una conversación un tanto misteriosa, pero con la que había podido conocerla mejor, pues, aunque en su momento lo hubiera negado, sí que la había visto por Soram. No era un lugar demasiado grande en el que las personas se perdieran con facilidad, sino todo lo contrario.

Finalmente, consiguió descansar hasta el día siguiente.

 

 

 

 

 

—Bienvenidos al nivel uno de Hechizos de Sanación. Para aquellos que no me conozcan, mi nombre es Gea e impartiré todas las partes de esta modalidad de hechizos. Puede parecer aburrido aprender a curar o a salvar vidas, pero creedme cuando os digo que es muy valioso.

Aeferdana escuchó con atención las siguientes explicaciones de la profesora. Curiosamente, en su hogar lo que la caracterizaba era la sanación en todas sus vertientes. Se preguntó entonces si también aprendería un poco más sobre pócimas de curación, pero Gea aclaró que las pócimas no entraban en esa materia.



R. Crespo

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En el texto hay: romance, hechiceros, caballeros y espadas

Editado: 15.09.2018

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