Agon

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Tributo

La piedra azul claro giraba lentamente sobre el papel en dirección a las manos del
reloj.
—Todavía no me creo que se esté moviendo sola —comentó Alexa. Estaba
sentada en la silla de la cocina frente a Agon, que sostenía la cuerda a la que
estaba amarrada la piedra giratoria—. Pero admito que sabes mantener la mano
bastante firme.
Él no decía nada. Estaba concentrado en lo que hacía.
De repente, la piedra se detuvo y comenzó a girar rápidamente en sentido
contrario. Alexa se sobresaltó.
—¡¿Cómo hiciste eso?! —preguntó con voz casi histérica.
Él seguía sin decir nada. La piedra se detuvo y se estabilizó en el centro.
Luego, se balanceó lentamente de izquierda a derecha. Agon la hizo rebotar y se
la llevó a la mano con un gruñido.
—Buenas y malas noticias —dijo por fin—. La buena, es que no es mi padre
quien mandó a los asesinos. La mala, es que no conozco a quiénes lo hicieron,
pero ellos sí me conocen a mí… Y no sé dónde estén. Y, al parecer, son varios…
Necesitaré seguir indagando, a ver si consigo algo.
—No usarás una ouija, ¿verdad?
—No necesito contactar espíritus para esto —explicó él mientras se levantaba y
volvía a guardar el sobre y su contenido en una carpeta—. Sólo necesito que me
guíe la naturaleza… Una vez, mi maestro dijo que ella podía ayudarme siempre
que lo necesitara, pero no lo entendí sino hasta hace poco.
—Pues yo sigo sin entender nada.
—No tienes que entenderlo… No necesitas meterte más en esto. No quiero que
tú salgas herida.
—¡Ya te dije que estoy en esto por mi hermana! —rugió mientras se levantaba
de la mesa—. ¡Agon…! Quiero recuperar a mi hermana, ¡y tú eres el único que
puede hacerlo! ¡Sé que puedes! ¡Y quieres! Pero tienes miedo…
Se calló mientras veía al muchacho detenerse. Se mostraba circunspecto.
—Alexa… —susurró antes de agregar con más ánimo—: Recuperar a Kalan
sería tan peligroso como intentar librar a una niña de un león… No sabes a lo que
debería enfrentar, y sé que no me mataría, pero a ti sí, porque él quiere mi alma y
es más que evidente que usará la esencia de Kalan para obtener la mía.
—Pero ¿por qué alguien querría tu esencia? —inquirió, hastiada de seguir
escuchando esas ideas que le parecía tan extrañas y tétricas—. ¡No lo entiendo!
¿Qué tiene de especial tu espíritu?
—Es una buena pregunta. —Sacó un papel y lo puso sobre la mesa, lo abrió y
reveló un gran mapamundi—. Ahora, si me disculpas, tengo que concentrarme…
¿Podrías ir a tu casa?
Ella lo observó, cejijunta.
—Sólo si me prometes que me ayudarás a salvar a mi hermana —transigió ella.
Agon la observó ahora. Se veía tal intensidad en sus ojos que parecía poder
usar sus globos oculares como arma. Bajó la cabeza.
—No pararas hasta que haga algo al respecto por ella, eso es seguro.
—Así es.
Un silencio.
—Está bien. Lo prometo. —Elevó la mirada—. Prometo que salvaré a Kalan.
Yo… —Desvió la mirada y la clavó en el suelo—. Creo que ya es justo de que me
arriesgue un poco, ¿verdad?
—Agon, ¿realmente la amas? —inquirió ella.
—¿Qué? —preguntó él con sincera confusión—. ¿A qué te refieres?
—A mi hermana. ¿Tú no…? —se detuvo al ver que Agon verdaderamente no lo
comprendía. Quizá, sólo quizá, todavía no entendía eso del amor. Claro, tomando
en cuenta su vida, mucho haría con saber qué es el cariño—. No importa —dijo
con una sonrisa—. Entonces, estaré aquí mañana en la tarde, después de
trabajar. Te apoyaré en todo lo que pueda.
—¡No! ¡No, no, no! ¡Definitivamente no apoyo esto, Agon! —exclamaba Alexa.
Estaba de pie frente a él—. ¡No vamos a robar un camión de carga!
—¿De qué otra forma viajaremos? —le preguntó él, impávido.
—¡No sé! Quizá, en transporte público, un taxi… ¡o el carro que te quedaste!
—Lo vendí.
Alexa se le quedó viendo un momento, incrédula y boquiabierta.
—¿Es en serio? —le preguntó, fastidiada.
Él se encogió de hombros.
—Tenía que pagar unas cosas —se limitó a contestar.
—Ay, Dios… —musitó, masajeándose las cejas.
—Vamos —le instó mientras iba hacia el transporte—. Ellos van a donde quiero
ir.
Ella desistió y fue con su amigo.
Agon se acercó a la ventana del conductor. Este lo vio, extrañado. Antes de que
pensara en comentar algo acerca de que no tenía tiempo para juegos, el chico
dijo:
—Iremos con ustedes.
El conductor puso cara embobada mientras tenía los ojos pegados a los de
Agon.
—Irán con nosotros… —dijo entonces, irguiéndose en la silla.
—¿Qué? —preguntó su copiloto.
—Ellos irán con nosotros —repitió mientras señalaba a los muchachos.
—¿Qué te pasa? ¡No podemos…!
—Sí podemos ir con ustedes —dijo Agon, haciendo el mismo proceso con el
copiloto—. No molestaremos. Nos dejarán ir en la parte de atrás.
—Los dejaremos ir en la parte de atrás —confirmó el copiloto.
Y así fue. Les abrieron la puerta y los dejaron pasar. Dentro, había un montón
de garretes de tela apilados en cajas de madera, pero había un espacio de dos
metros entre las últimas cajas y la puerta, por lo que pudieron sentarse sin
problema.
—Cuando lleguemos, nos avisarán y nos dejarán salir —le dijo Agon como una
orden que sonaba más a una confirmación de algo que era bastante obvio—.
Luego, esperarán por nosotros para regresar.
Después de que el copiloto repitiera todo eso, cerró la puerta y llegó con su
compañero, que, al cabo de un rato, arrancó hacia la carretera.
El silencio que los acompañó a Agon y Alexa fue más incómodo incluso que
cuando estaban en la carretera en ese auto robado, porque esta vez había cierta
intimidad en la oscuridad del maletero del camión.
Ella pensó en hacerle más preguntas y conocer más de su vida, pero ya no
sabía qué preguntar ni cómo hacerlo. Quería saber, principalmente, qué pasaría
con su hermana, pero quizá sólo volvieran a una vieja conversación sin sentido,
aunque él había prometido salvarla. Esperaba que la palabra de un exorcista
valiera de algo.
—¿De dónde es tu familia? —inquirió Agon, de repente, entre la penumbra.
La pregunta la tomó desprevenida y la llevó de nuevo a la realidad.
—Pues… Es de origen celta. Nuestra familia actualmente es descendiente de
escoceses. La verdad, no sé mucho de nuestro origen, pero sé que tengo
tatarabuelos escoceses e irlandeses. Por eso mi cabello rojo.
—Entonces, ¿tu nombre es gaélico?
—Supongo.
—Entonces, es el Tributo.
—¿Qué?
—Según tengo entendido, tu apellido significa ‘‘tributo’’, y se originó allá, en
Derry, en una historia que no se conoce. Hace mucho, mucho tiempo, cuando
apenas sólo era un monasterio con un par de carpas y casas alrededor, un espíritu
acechaba con ánimos de venganza. No lo sabían al principio, pero el espíritu
estaba molesto porque habían destruido los árboles que cuidaba y la tierra que
atendía.
»El espíritu hacía enfermar a la gente de fiebres que no podían curar. Las
mujeres embarazadas sufrían abortos. Los hombres trabajadores y fuertes
aquejaban lesiones inexplicables. Los sacerdotes, que dominaban todo,
desaparecían y volvían a verse convertidos en cadáveres destrozados por lobos.
Nada podían hacer, porque las oraciones, los rezos y el agua bendita no hacían
más que enojar más al espíritu.
»Hasta que un día, un hombre vestido sólo con un taparrabos y hojas apareció
de entre los bosques. Sus cabellos eran largos y descuidados, tenía amuletos de
madera con innumerables formas enrevesadas y llevaba un bastón de forma
impecable aunque no parecía haber sido tallado antes. Este hombre fue con el
obispo que entonces estaba a cargo, un gordo beato que había sobrevivido al
acoso del espíritu protector, y le dijo lo que ocurría, explicando que necesitaría un
tributo.
»Antes de terminar su explicación, el sacerdote le pregunto: ‘‘¿Qué más quiere
ese demonio de nosotros? Nos ha quitado nuestros alimentos, nuestra salud y
nuestro futuro. ¡Ya no tenemos nada!’’ Entonces, el zarrapastroso caminante le
explicó: ‘‘Un tributo no siempre tiene que ser comida o sangre, a veces sólo es el
servicio de un espíritu fuerte y decidido.’’
»Los invasores, desesperados, se miraban entre ellos con ojos saltones y
acusatorios, buscando quién podría ser ese tributo, quién podría sacrificarse por
todos ellos para poder dejar a los demás vivir tranquilos. Pero todos tenían miedo,
incluso el obispo. ¡En especial el obispo! Todos sabían que este hombre tenía el
deber de dar su vida por el bien del pueblo en nombre de Dios, pero no había
dicho ni una palabra al respecto y nadie lo hacía por él; todos estaban asustados.
Un miembro del clero y el sacerdocio solía ser una figura poderosa en esos
tiempos de ignorancia y confusión, por lo que nadie quería desafiarlo.
»Entonces, el caminante dijo: ‘‘Volveré mañana al anochecer. Espero que para
entonces se hayan decidido, o no podré ayudarles; no se puede ayudar al que no
quiere ser ayudado.’’ Y se internó entre los árboles.
»Lo que algunos ignoraban en el momento, era que todavía habían personas
que no estaban presentes en la escena, pero el obispo lo comentó: ‘‘¡Pueblo mío!
Debemos buscar esa alma que esté dispuesta a caer en manos de la brujería y las
artes diabólicas para salvar las almas de sus hermanos… ¡El sacrificio del mártir,
hermanos!’’
»Como era de esperarse de un montón de borregos, aplaudieron y alzaron
alabanzas ante esas majestuosas palabras. Y la misión de buscar a la valiente
alma que se daría como tributo se extendió velozmente en ese pequeño pueblo en
construcción que ahora era un lamentable pueblo derruido.
»Hasta que un joven muchacho que había caído recientemente bajo la fiebre se
ofreció al saber la noticia. Aun en su condición, no se mantenía demasiado tiempo
en la cama, por mucho que sus allegados le suplicaban descansar. Como todos
sabían, no tenía familia; era un peregrino, un viajero en busca de hacer una vida,
razón que le llevó a emprender esa empresa de conquista y expansión. Y esta
búsqueda lo llevaría a un nuevo camino.
»Así que, al día siguiente, cuando el sol cayó, el caminante regresó. En eso, los
pocos pueblerinos que estaban sanos se acercaron. Dos hombres ayudaban al
joven tributado a caminar. Y el obispo declaró: ‘‘Bendita sea esta alma que está
dispuesta a ir contigo, pagano, en caer en las manos del demonio que nos
acosa.’’
»El barbudo del bastón rió con ánimo, de tal forma que el beato se molestó, y
los pueblerinos se extrañaron de lo que le hacía gracia al caminante. Y este se
explicó: ‘‘Me habéis entendido mal, extraño. No busco sacrificar a nadie y el
espíritu que busca la naturaleza tampoco; no le hace falta, no quiere nada de
ustedes; sólo ansía que se larguen y dejen de destruir su ecosistema. Pero yo
hablé con él y quedé en hacer un trato: si alguno de ustedes, extranjeros, se
dignaba a demostrar que podían cuidar la naturaleza en vez de destruirla para
convertir a los árboles en cuevas de madera, los dejaría en paz con la esperanza
de ver a los demás seguir su ejemplo.’’
»Tras un silencio en el que ninguno de los hombres del dios extranjero dijo
nada, el joven sin nombre habló: ‘‘Quiero ir. Quiero aprender de ti, viejo pagano, y
buscar una nueva vida de la que no conozco.’’
»Y el druida le dijo: ‘‘En ese caso, sígueme y aprende a curar el veneno que tu
propia gente de extraños creó. Ven y conviértete en el khäin de tu gente ante la
petición de la naturaleza.’’
»Sus compañeros lo soltaron y él caminó junto al druida para internarse entre
los árboles y nadie supo más de él. Sólo se cree que tomó el título que le dio el
celta para referirse a su nombre: Kane, y se imbuyó de la sabiduría de la que le
otorgaba la naturaleza, aprendiendo secretos que otros extranjeros no
comprenderían. Pero son sólo suposiciones, claro…
—¿Dónde supiste eso? —le preguntó Alexa, interesada en exceso.
—Sólo lo recordé —arguyó Agon encogiéndose de hombros.
Si no estuviera oscuro, habría visto la mueca de desdén que ella le dedicó.



Lowf S Garcia

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En el texto hay: terror paranormal, esoterismo y misticismo, magia

Editado: 28.10.2018

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