Agrio | #1 Gusto

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Capítulo 12

Persecución

Sus ojos se agrandan y mira hacia un lado, tratando de localizar a alguien. Empiezo a reírme tan fuerte dando palmadas que las personas me quedan viendo raro y Marlene alza una ceja.

— Sígueme la corriente. —murmuro entre risas— Vámonos.

Recojo mi bolso y ella me imita. Existen dos baños en este lugar, uno en la planta alta y otro en la baja, así que lo más conveniente sería entrar en el baño del piso que estamos, luego de pasar entre una cola de gente en el banco volteo a mirar si vienen pero no encuentro a ninguno. Los tacos que lleva mi hermana resuenan en todo el lugar y sus quejidos de dolor con estos me están llevando al borde de la locura.

— Ash, por qué vienes tan arreglada al trabajo. —me quejo cuando llegamos. Apenas está la señora de limpieza que no nos toma en cuenta.

—No hables tú, —me señala— tienes una falda que no te deja caminar tanto.

—¿Se habrán ido? —pregunto asustada.

—¿Quiénes son?

—No lo sé, si supiera estuviera en la policía denunciando. Me percate de que nos miraban mucho y me incomodaban hablando y mensajeando hasta que vi más de ellos. No sé como saldremos de aquí, el corazón me está latiendo.

—¿Y si llamamos a la policía? —Saca su celular pero se lo quito.

—No, ¿por qué vamos a causar un escándalo? Mejor salgamos y averiguemos si somos su objetivo o quizás sean unos acosadores. Gritamos, pedimos ayuda al guardia de seguridad y listo.

Ella asiente y la tomo del brazo, con las manos temblando, juntas salimos del baño hacia el pasillo principal, mirando para todos lados. La sangre vuelve a mi cuerpo cuando siento que nadie nos sigue no obstante, la suerte siempre juega en mi contra, a unos metros dos de ellos están parados buscándonos. Volteo para ir en sentido contrario. Marlene parece contener un grito porque la cara se le pone roja, el miedo apoderándose de ambas es intenso por lo que busco a un guardia pero lo más cerca son tiendas de ropa. La salida da a un estacionamiento en la planta alta, por el cual podríamos salir más rápido si tuviésemos un auto, sin embargo, debido a ese problema lo único que nos quedan son las escaleras eléctricas y un ascensor.

Casi al llegar a las escaleras eléctricas, de la puerta de un negocio salen tres hombres dándose golpes haciéndonos chocar contra ellos, no obstante, alguien me agarra del brazo haciendo que entre al lugar que no es más que un banco.

—Te encontré. —dice atrayendo mi atención el hombre frente a mí.

Frunzo el ceño, apartándome de él. ¿De qué rayos me hablaba? Lo miro de pies a cabeza descifrando su parentesco. Tiene una gorra y un cubre bocas negro junto a una chaqueta de cuero y una maleta pequeña, lucía muy joven, pero más alto que yo, incluso que de Marlene y algunos mechones negros están pegados a su frente debido al sudor.

—¿Quién eres tú? —pregunto dudando de que nos conozcamos.

—Señores, —nos interrumpe un guardia— no pueden estar aquí, por favor, afuera o a hacer fila.

Él lo mira y saca una identificación de su bolsillo.

—Soy policía, estoy en medio de una búsqueda. Exijo respeto y discreción. —le advierte. Ambas nos asombramos, no estaba entendiendo nada y creo, que Marlene estaba peor, luego sacó la cabeza por la puerta y se metió inmediatamente cerrando la puerta— Usted, —lo señaló al guardia— vaya y dígale a las siguientes personas que vienen que se terminó el horario de atención.

El guardia vaciló un rato pero, pronto salió del lugar.

—Esperemos a que se vayan y saldremos, el ascensor está a dos locales más. —Farfulla— Bajaremos al subterráneo, en el parqueadero está mi auto. ¿Dónde vives, Mariana?

—Espera, espera, —refuta Marlene— ¿quién es él? —Me pregunta.

—No sé, ¿de dónde te conozco? ¿Por qué crees que iremos contigo? Puedes ser un secuestrador.

Se restriega el rostro con cansancio.

—Realmente has perdido la memoria. —susurra para sí— Escúchenme las dos, tienen dos opciones, vienen conmigo y me preguntan lo que quieran cuando estemos lejos de aquí o se arreglan con los tipos que las están esperando afuera.

Aprieto los ojos, me duele la cabeza nuevamente, hay muchas opciones, podemos llamar a la policía, a la verdadera policía, y esperar o ir con los guardias del centro comercial. Quiero salir lo más pronto de allí pero no quiero fiarme en él.

Masajeo mi sien y asiento con el dolor intensificándose más.

—Nos vamos contigo. —contesta Marlene— Pero no intentes pasarte de listo, grito muy fuerte.

El policía se asoma nuevamente y da un vistazo breve, nos hace señas y salimos juntos del banco. Lo seguimos, en fila india, a paso lento yendo por las vitrinas de los locales. Hasta llegar al ascensor, sin embargo, uno de ellos está de espaldas justo en la puerta de este. El policía nos detiene.



Hem

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En el texto hay: misterio, busqueda, venganza

Editado: 24.09.2019

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