¡ai! que suerte

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Capítulo 18

Escupí todo aquello con los ojos cerrados, no quería ver su cara, no quería escuchar lo que tenía que decirme y si era muy honesta solo quería bajarme de ahí y devolverme a la casa de Mio, olvidando que me había atrevido a cruzar la ciudad para meterme en el sitio más peligroso del país con la lluvia azotándome en un séptimo piso vistiendo, un pijama muy corto de Spiderman.

— ¿segura? —me advirtió y apretando los labios asentí sin abrir los ojos, sentí su toque acariciar mi mejilla y meter un rizo rebelde tras la oreja, sintiendo al instante una corriente eléctrica atravesar mi espina dorsal—me fascinas, Ai—dijo plantándome un beso que era imposible de rechazar—y me mata tu indecisión. Hice todo lo posible para no sentir nada por ti, pero se ha hecho imposible, he llegado a involucrarme contigo de manera enfermiza e incontrolable, todo el día te veo y pienso que eres de un color caramelo delicioso,—estrechó con fuerza el espacio de ambos bajándome de la ventana y colocándome el piso presionando su pelvis contra la mía sin temer mojarse, cortándome el aire con su cálido aliento en mi mejilla— solo quiero lamerte instintivamente y probar lo dulce de tu piel—y me lamió, su lengua era cálida, húmeda y capaz de hacerme contraer la entrepierna y temblar con tan solo una lamida. Me quedé sin palabras ¿y cómo podía responder a eso? Metió sus dedos entre mi cabello y me tomó de la nuca transmitiéndome su deseo el cual era aplastante, sensual y siniestro. Me obligó a verlo con los ojos sedientos—tú has pedido saber ¿no? —aún estaba atónita.

Poseyó mis labios delicadamente, y bajó su mano acariciando mi espalda, pero no intentó quitarme la camiseta, solo me cargó en su cintura y yo envolví mis piernas alrededor de su cuerpo mientras nos llevaba a la cama.

Seguimos besándonos como los hacíamos en la noche cuando era sincera respecto a lo que sentía por él ¿Cuánto tiempo él llevaba sintiendo eso por mí? No me importaba, quería sentir su piel, su afecto, su todo. Estaba en cuclillas sobre él y no se resistió a agarrarme el trasero, entonces solo me abrazó en la oscuridad, donde éramos iluminados por la luna llena y los relámpagos que azotaban la noche.

Nos quedamos allí abrazados sin pegar un ojo, yo jugaba con su pecho y él con mi flequillo, y si me había sacado la ropa fue más por el no mojar la cama y no atrapar un terrible resfriado— ¿Cuál es tu color favorito? —pregunté de la nada.

—azul ¿Qué ha sido eso? —me miró de reojo y me reí encogiéndome de hombros.

— ¿Por qué estás aquí? no veo que necesidad tengas—lo escuché exhalar por la nariz.

—hmmm, la primera vez que vine a la fortaleza fue a los 10 años. Me había dado cuenta que todo lo que tenía era un simple espejismo creado por mis padres, al llegar aquí en busca de libertad, solo me enamoré, así que volví a los 16 decidido a ser lo que soy ahora sin ningún tipo de ayuda, este sitio era todo mío, todo lo que tenía lo había hecho con mi esfuerzo dentro de la fortaleza. Subí hasta aquí cuando apenas era desconocido en esta jungla y ya más nunca he querido bajar. Ai, eres la primera persona que sube aquí, ni siquiera a Kai lo he dejado subir aquí arriba—me había dejado perpleja, pero él llenó mi silencio con un beso, demonios como me gustaban sus labios y las emociones que me regalaban.

— no estás metido en algo turbio ¿verdad? Realmente no quiero testificar en contra tuyo si te atrapan, o por lo menos quiero estar preparada si tengo que mentir.

— ¿Qué es esto? —dijo enarcando una ceja— ¿un interrogatorio?

—solo intento conocerte menso—le espeté dándole un golpecito en el pecho.

—está bien—se volvió hasta quedar de frente a mi—No pequeña, para nada—me apoyé en el codo y le di una mirada desconcertada él rio ante eso—solo me he ganado el respeto de la gente, y hago ciertas caridades, pero no te diré como lo he logrado, no quiero comprometer tu testimonio ante el juez.

— ¿estas bromeando? —él negó, pero tenía razón, no quería saber más nada sobre su vida en la fortaleza— ¿y qué es lo haces? ¿eres vago como Kai? —él estalló en risas como lo hacía muy pocas veces.

—no me creerías el trabajo de Kai, en fin, no hago la gran cosa, tengo una revista y unos que otros negocios—no podía evitarlo, estalle en risas— ¿Qué?

—no tienes pinta de eso, pienso que creería más rápido él que seas escritor o ingeniero, no sé.

—es una revista de autos.

—eso sí es ardiente—ya les había comentado de mi afición por los autos, venia de familia.

—basta de mi—me dijo pegándome más él— ¿Qué hay de ti?



Isabel del Pilar

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En el texto hay: comedia romantica, chico malo

Editado: 28.03.2019

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