¡ai! que suerte

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Capítulo 19

Al contrario de las otras veces desperté aun abrazada a su cuerpo, me levanté un poco y lo observé dormir, lucia maravilloso aun durmiendo, besé su mejilla y caminé al baño, tenía cosas importantes que hacer hoy.

Me sentí fresca, renovada y odiaba darles la razón a las personas en las películas que se libraban de un gran peso al contar sus cosas, malditas ficciones, dije mientras me lavaba el rostro.

 

— ¿todo resuelto?

—Sip—le dije a Mio en el teléfono mientras caminada fuera de la fortaleza—hoy veré a Liam y le diré de frente que eso no podría ser, me siento algo mal, de verdad lo quería.

—Psa, yo siempre supe que lo de ese tipo no se daría, no te pongas mal, desde el inicio siempre tuviste una preferencia bien marcada—ella tenía razón, había elegido a Hitóry inconscientemente sobre todas las personas, sobre Kai en aquel momento y sobre Liam desde siempre.

Me subí al trasporte público, estaba nerviosa no sabía ni siquiera por dónde empezar, y solo podía pensar en llegar a casa y quedarme todo el día junto a Hitóry, demonios no había tenido la oportunidad de decirle que saldría, se veía tan pleno durmiendo que no me atreví a despertarlo y como volvería enseguida salí sin pensar.

Miré el cielo y estaba radiante, no había pronóstico de lluvia y eso era maravilloso ya que me atreví a usar un vestido con un sobre todo y llevaba el cabello suelto y enmarañado como siempre.

Caminé a través del parque y lo vi sentado al lado de la fuente, se veía tan irreal como siempre, era una pena dejarlo, pero esta decida. Lo saludé de mil amores con un beso en la mejilla, no quería que se fuera dando malas ideas, miró su reloj y me pidió que lo acompañara a un lugar, no me negué, ya le había hecho mucho daño y seria la oportunidad perfecta para hablar a solas.

Nos montamos en su vehículo, me sentía tan nerviosa que podía estallar y mientras el conducía sin dirección fija empecé a hablar. Le conté todo, desde el principio hasta el final solo omitiendo unas pequeñas cosas que me harían quedar demasiado puta, como el hecho de que me había besado por primera vez con Hitóry justo después de que lo había hecho con él, podía sentirme mal, pero no era estúpida.

Le dije que me había enamorado de mi secuestrador, y que ahora que lo estaba aceptando no podía estar más con él, pero que había sido maravilloso y un chico encantador con todas las posibilidades de encontrar a alguien mucho mejor que yo, y con eso había sido completamente sincera, merecía la verdad después de todo lo que había hecho por mí, merecía la verdad de todo por lo menos una última vez, merecería la verdadera yo.

Él se había comportado como un ángel conmigo desde la primera vez que nos vimos, y lo apreciaba, pero sabía que sería egoísta pedirle que fuera mi amigo, así que en ningún momento le sugerí aquello, pero sí de él salía no tendría ningún impedimento.

Lo vi unas cuantas veces apretando firme el timón cuando le decía de mis sentimientos por Hitóry, y se me partía el alma al verlo aún sonreír para mí, mostrándose fuerte y comprensivo.

Sin darme cuenta estábamos a las afueras de la ciudad metidos en un campo que nunca en la vida podría reconocer, pero confiaba en él, lo más probable es que no supiera que pretendía terminar con él y ya estuviera planeado algún pasadía de caballos o piscina, eso era algo que siempre quiso hacer conmigo.

—puede ser Estocolmo—no lo era, su mirada era triste, pero no dejaba de ser cálida, mierda me sentía como la perra más grande del mundo.

—mira, eres increíblemente dulce—el resopló al escuchar eso—asombroso, un tipo realmente atractivo y divertido—continué mientras me bajaba del automóvil—no tardaras un día en superarme, yo he sido una cretina contigo—él se puso a mi lado, podía ver incluso una pizca de enojo y no podía culparlo, yo también me odiaría—y te juro que encontraras a otra muchísimo mejor que yo.

—no—me dijo—no encontraré a otra como tu—estrechó nuestro espacio en una caminata lenta, no sabía que sería tan difícil rechazar a alguien, nunca había tenido la oportunidad de hacerlo a tal punto.

—claro que si—acaricié su cabello, él no se atrevía a mirarme y podía decir que amenazaba con llorar, ciertamente estaba dejando a alguien valioso—una chica hermosa y a tu altura—continué.

— no a una con una herencia billonaria— ¿Qué? Me tomó del cabello y estrelló mi cabeza contra el capo de la camioneta, no podía escuchar nada, el dolor era tan fuerte que había quedado tonta en sus manos. Un pitido era lo único que podía diferenciar de lo que me decía, y sabía que aún seguía mareada y sujetada por él—quería que me eligieras, ser el bueno de la historia, seducirte y no tener que llegar a esto, me comporté como un príncipe para ti, pero supe de inmediato, desde que dejabas de contestar mis mensajes y ponías excusas poco elaboradas para verme, sabía que tendría que hacerlo de este modo, que tendría que tratarte como la perra que eres, así como te gusta que te traten—me hizo mirarlo de frente aun tirando de mi cabello, su rostro era completamente distinto, la rabia había distorsionado su angelical ser, y solo mostraba a un demente con la mirada fría y aterradora.



Isabel del Pilar

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En el texto hay: comedia romantica, chico malo

Editado: 28.03.2019

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