¡ai! que suerte

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 10

Los días junto a Hitóry y su loca familia criminal incluyendo a Mio, marchaban sobre ruedas, poco a poco había olvidado que era una prisionera allí y era más parte de la familia, aunque Hitóry y yo teníamos roces al momento de demostrar quien estaba sobre quién, pero él me ganaba con ventaja.

Un día había intentado irme por otro camino de regreso a casa y de inmediato dos tipos que no eran ni miguel ni rodrigo aparecieron delante de mí ofreciéndome escoltarme de vuelta a casa.

Kai era un amor, era el hermano mayor que siempre quise, el ken para barbie, ese amigo gay que no había logrado conseguir. Pasábamos el día juntos cuando estaba en la fortaleza, e ir al cine unas cuantas veces, llegamos hasta jugar “yo nunca, nunca” junto a algunos hombres de Hitóry que habían afianzado la riña conmigo, tratándome como a una hermana menor del jefe.

Mio fue la más difícil, pero lo había conseguido, a punta de ruegos y humillaciones ella podía ir más veces al departamento y hacerme compañía cuando Kai no estuviera ahí, pero aún no había sido capaz de soltarme la sopa, y esperaba con ansias aquella historia que los dos preferían dejar olvidada.

A esa altura podía decir que me gustaba estar ahí, pues como mascota de la casa era muy consentida y vivir allí no había influido en nada en mi vida, es más hasta cierto punto había mejorado solo un tantito ya que no me sentía tan sola, tenía una gran familia con la que tener compañía.

—¡Ai! —escuché gritar en medio del sueño—Ai levántate—seguí escuchando y solo gruñí acomodándome en la cama, ese colchón de Hitóry hacia gloria en mi cuerpo, cada vez que dormía ahí podía dormir como nunca, o eso me obligaba a creer—ya nos vamos—levanté mi mano y les indiqué que se fueran ¿Por qué me hacían esto? Entonces sentí como de repente habían tirado de las sabanas y el frio me invadió.

— ¿Qué demonios? —dije ocultando mi rostro matutino a Hitóry.

—hace dos horas te dije que te pararas, esperaba que estuvieras lista, ¿eres idiota? ¿Qué haces? ¡párate ya!

—ya ve bajando—le seguía diciendo boca abajo, lo sentí marcharse y me senté en la cama, desde que no tenía celular sentía que estaba fuera del tiempo, aunque obviamente eso no excusaba mis ganas de dormir, solo me gustaba hacerlo.

Hoy iríamos de picnic, todos juntos como la feliz familia, así que me metí dentro de unos jeans cosa rara, pues la grama hacia picar mi piel y sobre todo era comida de insectos. Peiné mi cabello como pude y me puse una bandana como venda de cabello amarrada en el centro, se veía muy tierno ya que parecían orejitas.

Bajé las escaleras y vi a Mio completamente lista metiendo las cosas que habíamos comprado el día anterior en las hieleras, ¿Cómo se había despertado tan temprano? Habíamos pasado hasta tarde en la noche aquí, la chica tenía un don de organización increíble— ¿en qué te ayudo?

—solo toma esto y baja—dijo tomando otra hielera por igual.

— ¿Por qué se están tardando tanto? —preguntó Kai desde la puerta.

—el nomo duro horas para pararse de la cama—salió Hitóry del pasillo—vámonos se nos hará tarde.

— ¿estos no vienen con nosotros? —pregunté dejando atrás a mis dos chicos grandes.

— Ai, ellos tienen familia también, no eres su única hija—me reprochó Hitóry ya dentro del vehículo, le saqué la lengua y me acomodé por igual en el asiento de atrás, Mio y Kai habían metido todo en baúl y realmente no me explicaban porque tenían tanto equipaje o prisa si iríamos a un parque.

No pasaron cinco minutos cuando ya me había apoyado de la ventana y quedado dormida, el ruido de un buen motor, las vibraciones del camino eran como combustible para mi sueño, por eso siempre era la primera en dormirse en el camino y una terrible acompañante de viaje, incluso solía dormirme en el trasporte público temiendo que un día fuera robada o peor, perdiera mi parada y no supiera como volver.

Abrí mis ojos con un olor nostálgico, un bullicio que sentaba bien y el sonido de las gaviotas haciéndose notar ¿gaviotas? Miré a los lados desorientada, solo pudiendo ver gente en traje de baño— ¿Qué demonios hacemos en la playa? —cuestioné alarmada, hoy de todos los días que andaba en pantalones largos.

— ¿no te lo mencioné? —negué bruscamente con la cabeza.



Isabel del Pilar

#12090 en Novela romántica
#1953 en Chick lit
#4352 en Joven Adulto

En el texto hay: comedia romantica, chico malo

Editado: 28.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar