¡ai! que suerte

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Capítulo 11

—Ai, pero no has perdido el tiempo—dijo Mio desde una mecedora en el pórtico de la cabaña.

—ni una sola palabra, ratas—dije enojada, pues ya mi buen ánimo se había ido junto al rubio de revista.

Mio me bufo y siguió leyendo el libro que tenía, y antes de que Kai fuera a decir algo o Hitóry que igualmente leía tirado en el mueble, lo fulminé con la mirada y seguí a la cocina.

Mierda la cabaña era genial, pero mi enojo evitó que la apreciara como merecía. Tomé de la nevera un poco más de hielo y le tomé el celular a mi supuesta mejor amiga— ¿no que me irán a buscar en seguida? —no puede aguantar y lo solté justo antes de ir a la playa—cuando crucé por ahí no había nadie, en cambio están aquí echados demasiado campantes.

—fuimos y hablamos con gerencia, incluso describimos tu aspecto para que te buscaran—con razón nos habían dejado pasar tan sencillamente, pensé.

— ¡ese no es el punto! —grité sintiéndome tan enojada que podía presentir las lágrimas—ese es su trabajo—dije ofendida, entonces me marché con mis cervezas en la mano y una pequeña hielera improvisada hasta la orilla del mar.

Arrastré una silla de playa hasta que estuviera parcialmente hundida en el agua y me coloqué sobre ella sintiendo la punta de los dedos en el oleaje. Necesitaba relajarme, igualmente necesitaba brocearme un poco, también podría decir que sentí como me dormía poco a poco con la brisa moviéndome los rizos, haciendo que jugaran con mi piel seca.

Cuando ya estaba casi partida en los brazos de Morfeo, escuché los pasos acercándose a mí y quise volver la vista, pero podía ser el mismo satanás y no voltearía para ver quien se asomaba, ya que fuera quién fuera no merecía mi curiosidad, así que me planté y seguí haciéndome la sorda.

— lo siento—escuché entre mi necedad, eso provenía de la voz más inesperada del mundo, nó pude resistirlo me giré casi con el cuerpo entero para verlo a mi lado en la silla de playa.

— ¿Qué? —no podía negar el impacto que esas palabras provocaban en mí.

—no me gusta que estés enojada conmigo—sus ojos mostraron sinceridad—no es divertido molestarte si ya estas molesta— ¿Por qué tenía que dañarlo? Lo fulminé—pero ya, es enserio, vengo en son de paz— ¿Cómo no podía perdonarlo si hacia el saludo vulcano de “star treck”?

Me reí un poco al verlo un poco humillado y lo empujé al agua, pero no esperaba que llevaría con él y termináramos empapados en la posición más incómoda y comprometedora, yo entre sus piernas quitándome el cabello de la cara, descubriendo sus ojos a centímetros de mí, tan bellos y penetrantes, tan azules como el mar en el que nos bañábamos y tan capaces de desarmarme como un arma.

Estando cara a cara, pude ver sus labios curvándose en una sonrisa despreocupada, mordí los míos, estaba levemente nerviosa y mi corazón me delataba ¿Cuántas veces terminaríamos así? Entonces nos acercamos, cerré los ojos cuando ya podía ser muy tarde y me posicioné lista para besarlo cuando solo terminé besando el agua ¿el destino no quería que eso pasara? Bien, pero podía decírmelo y no hacerme quedar siempre en ridículo.

Se había movido en cuestión de segundos, y ya estaba a un lado tirándose el pelo hacia atrás, luciendo genial a costa de mi vergüenza— ¿Quién te ha comprado eso?

—tu no—dije sentándome en el agua y viendo una oportunidad de molestar—fue un chico, que me vio abandonada—él empezó a reír a carcajadas, siendo la primera vez que lo veía tan, humano.

—he hecho una elección genial—lo miré confundida—eres capaz de acostarte con un alguien solo para estar a mi lado.

— ¿Qué te pasa? Que iluso—dije salpicándolo con confianza, nunca llegaría a tanto y mucho menos por él.

— ¿iluso? ¿yo? Já—dijo enarcando una ceja—te recuerdo cuando hace un rato...

—ya ¡cállate! —le ordené, no podía creer que usara ese incidente del casi beso contra mí, su maldad no tenía límites.

—tranquila, eso quedara entre tu y yo—intentó tranquilizarme con una mirada que me daba la impresión de estar firmando un pacto con el demonio— ¿trato? —me tendió su mano, lo observé con desconfianza, pero acepté estrechando nuestras manos, nadie debía saber nunca de ese incidente.



Isabel del Pilar

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En el texto hay: comedia romantica, chico malo

Editado: 28.03.2019

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