¡ai! que suerte

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 12

No había le permitido hablar sobre lo ocurrido en la playa después del almuerzo y si para eso tenía que usar ese traje de sirvienta lo haría. El primer día que lo llevé puesto me di cuenta que no sería para nada una tortura, era hermoso, era coqueto y tenía cretona, era como si estuviera mandado a hacer para mi o sacado de algún catálogo de lolitas así que usarlo no me importaba para nada.

Mio poco a poco pasaba más tiempo a mi lado, venia por lo menos tres veces a la semana sin importar que Kai estuviera aquí, y la relación de ellos había mejorado bastante, de hecho, bromeaban y ella le hacía bullyn sin que hubiera rencores.

Iba a la universidad como si nada del secuestro hubiera pasado, incluso Hitóry no escatimaba recursos cuando tenía que comprarme materiales lápices, pinceles o felpas y tinta.

De casualidad mi vida había ido a mejor desde que lo había conocido.

 

Cuando me movía de un edifico a otro en uno de esos días normales en la universidad sentí como me tiraban del brazo, por lo cual las ganas de abofetear a quien lo había hecho aparecieron ardiendo en mi ser, pero todo se fue a la mierda cuando vi quien lo había hecho— eres tú—dije sorprendida, era el chico de la playa— ¿Qué haces aquí?

—vine a ver unos amigos y mira que ha valido la pena—me sonrojé al instante sin poder decir nada, lo que volvía el momento muy incómodo y aunque no quisiera me tocaría seguir mi camino, así que me volví lentamente con un adiós en los labios que fue detenido por el rubio que se encontraba besándome delante de todo el mundo.

Si, uno de esos besos, intensos y jugosos, de aquellos en los que los ángeles cantan a tu alrededor y te puedes sentir completa, pero una vez que se había terminado y me había dejado con una sonrisa nerviosa y una extraña situación que explicar a mis compañeras de clase, supe que no eran ángeles quienes cantaban, sino su grupo de amigos coreando por la valentía del chico.

— ¿Qué fue eso? —pregunté tocándome los labios.

—un beso—dijo sonrojado y con una sonrisa tímida.

— ¿pero por qué? —disculpen, pero no estaba acostumbrada a que me besaran de la nada, sin que hiciera mis planes de 24 pasos para la conquista.

— ¿no te acuerdas? —ladeé la cabeza sin saber de qué hablaba—en la playa, te lo debía.

—oh si, ya recuerdo—le respondí y me acerqué un poco más a su oído— ¿pero tenía que ser delante de todo el mundo?

—claro que si—ahora se veía mucho más seguro que antes, adoraba a los chicos tímidos—así todo el mundo sabrá que me gustas—oh dios, lo había dicho, y sabía que sentía mis rodillas aflojarse de la emoción, un momento ¿acaso me había marcado? Si, lo había hecho— así que ¿te gustaría salir?

—si—dije rápida sin perder tiempo haciéndome la difícil, quería salir con él y si era mucho pedir hasta llegar a casarme ¡ahora mismo! Él se rio de lo rápido que lo había hecho.

— ¿hoy te parece? —asentí— ¿me das tu número?

—mi celular se averió—mentí, no sabría cómo explicarle que el tipo que me tenía raptada había roto mi teléfono y para que me comprara otro, vivía en su casa y limpiaba vestida de maid—pero permíteme—tomé su celular y escribí la dirección de la casa de Mio—puedes encontrarme aquí a las 9 ¿sí? Bueno, me iré, tengo dibujo IV ahora—me despedí porque estaba siendo arrastrada por mis compañeras que morían por una explicación llena de detalles picaros que estaba loca por contar.

Pero lo más importante ¿Cómo haría para salir a una cita?

Llegué temprano a la casa, me puse de inmediato mi traje, y empecé a brillar los pisos, limpiar paredes, fregar trastes, cambiar sabanas y sacudir el polvo. Barrer y trapear el piso, prender velas aromáticas, brillar ventanas, todo para que Hitóry lo notara y me dejara ir, era un plan infalible.

Me senté en el sofá exhausta, lo había hecho en tiempo récord y todo tintineaba y rechinaba de limpio, menos yo que olía a basurero por tanto esfuerzo, la puerta se abrió.

— ¿quieres algo? — ¡que rápido!

— no ¿Por qué? —pregunté poniéndome de pie.

—primero: nunca has hecho tanto aquí, segundo: estas aquí muy temprano, lo que quiere decir que, o te cambiaron en el camino o quieres algo y nadie te querría a su lado lo que me lleva a que quieres algo—dijo haciendo que perdiera las ganas de pedirle las cosas de linda manera— así que ¿Qué quieres? —a la verga.



Isabel del Pilar

#11969 en Novela romántica
#1935 en Chick lit
#4289 en Joven Adulto

En el texto hay: comedia romantica, chico malo

Editado: 28.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar