Al Son de Jazz

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Capítulo 3

Capítulo 3

—¿Qué crees que haces? —Cuestiono  al verlo en la cocina la sartén al fuego y una espátula en la mano. Se sobresalta antes de girarse.

Su  cabello esta revoltoso, su pecho desnudo y el pantalón de pijama colgando de sus caderas.

Muestra una sonrisa radiante—: Solo le preparo el desayuno a mi hermanita.

— ¿Desayuno? —digo incrédula—solo tú puedes llamar desayuno a las tostadas y huevos quemados, literalmente casi negros.

Observo su “desayuno” en el plato.

—¿Cómo eres de capaz de quemar las tostadas si solo tienes que ponerlas en el tostador? No entiendo como esto aún me sorprende.

—Soy un gran chef—finge estar ofendido llevándose la mano al pecho . Luego ríe—Lo siento deje el huevo en la sartén mientras me fui a lavar los dientes.

—¿Qué le pasaron a las tostadas?

—Se supone que las había puesto en el nivel justo, pero quien sabe—se encoje de hombros— a lo mejor en fantasma lo movió.

—Sí, claro el fantasma.

— ¿Qué? Puede ser verdad.

—No lo estoy negando.

Rueda los ojos antes de caminar hacia su habitación—: bien señorita sarcasmo, vaya vestirse que la invito un buen desayuno  grasoso.

—¡Eres el mejor! —le grito antes de que desaparezca en su habitación.

Suspiro y me levanto a botar a la basura el desastre que hizo Mario en la cocina. La comida no se bota, pero eso dejo de ser comestible desde hace rato.

En mi habitación me doy una rápida ducha, y me visto con un pantalón de color azul acompañados con una camisa color palo rosa y unos simples zapatos blucher. No maquillo mis ojos porque o sino terminaría  siendo un desastre, pero si me aplico mascara de pestañas, un poco de rubor, y labial para tampoco parecer una desaliñada.

 No creo que sea el estilo más conveniente para la empresa, pero tampoco estoy infringiendo alguna norma.

—Toc Toc—los golpecitos resuenan en la puerta.

—Ya voy.

Salgo, no sin ante darle una mirada al reloj.

Siete de la mañana.

—Esta preciosa nena.

—Como siempre—le guiño un ojo. Ríe de manera coqueta. Agarro mi cartera y bolso.

—Ese ego.

—Aprendí del mejor. —palmeo su mejilla antes de darle un beso en ella. —Vamos.

Salimos del edifico con calma, y nos dirigimos a su coche en silencio. Abre la puerta para mí y luego el se dirige hacia el asiento de piloto. Acomodo el bolso en los asientos traseros.

—No te olvides de sacar mi bolso del auto cuando vayas a la academia. —Le da un vistazo antes de asentir.

—Pensé que no ibas a ir hoy.

—¿Por qué no iría?

—Por lo de ayer.

—No sucedió nada, además eso no altera en nada mi vida.

Hace una mueca de exasperación

—Tus cambios de humor me dan dolor de cabeza. —me mira con una media sonrisa. —Enserio amiga estas mal, muy mal.

Rio a carcajadas, me acerco a él y le doy un beso en la mejilla. —: Lo sé, vámonos. Necesito comida.

***

—Esto esta delicioso  —gimo mientras saboreo la  panqueca llena de chocolate. Mario me observa con una mueca de asco.

— ¿Qué?

—No hables con la boca llena y come bien.

Mojo mis dedos con chocolate y los paso por la lengua lentamente  observándolo. Ja. Niega con la cabeza mientras ríe.

—Si no fuera gay creo que hubiera tenido una erección.

Rio a carcajadas. Era una pena para muchas mujeres que Mario fuera gay.

—Privas a muchas mujeres de tener  un pedacito de ese delicioso cuerpo. —le guiño un ojo. Los dos reímos de manera escandalosa, hasta siento como unas cuantas lagrimas brotan  por la fuerza.

—ya , ya no rías mas , me duele la barriga de tanto reír . ay no! Enserio deja de reírte Mario.

—vale… ya me calmo.

Entramos en un cómodo silencio hasta terminar de comer , me lleva a la empresa en un abrir y cerrar de ojos porque se le estaba haciendo tarde ahora a él. Me burle de él hasta bajar del coche.

—es tu culpa. —me acuso.

Indignada, me lleve una mano al pecho. — ¿mi culpa? Tu eres el que demora comiendo con la excusa de que te da indigestión si no comes despacio.

Ja.toma esa.

Me miro mal—:te veo despues—dijo de mala gana ,antes de arrancar  e irse.Me rio por lo bajo por la mal que tomaba las bromas.

Pero cuando las hacia él, claro todo mundo debía reírse.

Ruedo los ojos y sigo mi camino. — tarataratatatara —tarareo sin seguir ningún ritmo.

—tiene una voz n muy privilegiada señorita. —dice una voz al detenerme en el ascensor. Miro sobre mi hombro y encuentro al señor Giesler alias La bestia , puede que lo este jugando muy rápido pero desde que lo vi en pleno centro de la ciudad  forcejeando con esa mujer se quedó en mi lista de personas no agradables .

—Buenos días señor Giesler.

—Buenos días señorita Brown.



Dayanna Espinoza

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En el texto hay: baile, drama, amor

Editado: 04.12.2018

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