Al Sur Del Trópico

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–Mira el puerto, por aquí sale y llega toda la mercancía de otros países.

–Me gusta esa isla –dijo Carrie, sin prestarle demasiada atención a los dos enormes buques atracados en el muelle que se extendía hacia su derecha. Siendo las once de la mañana, Carrie y Amanda se encontraban en el centro de la ciudad observando la playa y sus alrededores.

–Le llaman El Morro, dicen que en la antigüedad la utilizaban para defender a la ciudad de los ataques de los piratas.

Aprovechando el día sábado, las dos amigas partieron después del desayuno a recorrer la ciudad. Carrie no paraba de observar y hacer preguntas, gratamente sorprendida por las diferencias en las características de los pueblos y ciudades norteamericanas y lo que ahora estaba observando. El estilo colonial de algunas de las construcciones, la arquitectura de las iglesias, e inclusive el desorden reinante en algunas de sus calles más transitadas eran todas cosas nuevas para ella. Andaba sorprendida de ver a los hombres vistiendo pantalón largo, algo que ella jamás sería capaz de hacer. Su pequeño vestido de tonos verde y azul, el cual según palabras de su amiga, era lo más lindo que había visto en su vida, le daba la frescura necesaria para el recorrido turístico que habían empezado un poco antes de las diez de la mañana.

–Este lugar tiene mucha historia, no es como New Jersey, allá nunca pasó nada –las dos amigas continuaron caminando por el camellón hasta llegar a la estatua en piedra de un hombre que vestía ropas de otras épocas, ubicada a escasos metros del lugar donde rompían las olas.

–Este es Rodrigo de Bastidas –Amanda señaló la estatua con su dedo–, el fundador de la ciudad.

–No me puedo imaginar a estos señores vistiendo esa ropa con el calor que hace aquí –Carrie miraba la estatua mientras meneaba la cabeza.

–Lo sé, creo que eran unos héroes.

Media hora más tarde se encontraron estacionando el auto de Amanda en las calles de un pintoresco poblado junto al mar. Carrie cada vez se sentía más a gusto. La sensación de estar conociendo la ciudad la llevó a olvidar el sueño de la noche anterior, aquel que la había despertado minutos antes del amanecer, y en el que se veía de regreso en su celda de la prisión juvenil, hablando con una guardiana quien no paraba de repetirle los términos de su nueva sentencia: <<Por haber escapado a Colombia, el juez ha decidido prolongar en diez años tu encierro>>. Había despertado entre lágrimas, agradeciendo que tan solo se trataba de una pesadilla, pero el ritmo acelerado de su corazón no había permitido que volviera a dormirse. La alegría de su amiga había ayudado a sacarla del mal humor con que se había levantado, y las experiencias de la mañana no habían hecho más que reforzar el positivismo exhibido por Amanda, y que ahora parecía impregnarse en fuertes oleadas, invadiendo todo su ser y haciéndola olvidar de su horrible pesadilla.

–¿No vas a llevar tus sandalias? –le preguntó Amanda al verla descender descalza.

  1. que no me van a hacer falta –alegó Carrie caminando alrededor del auto.

–Niña, ten cuidado, el piso puede estar quemando…

–No creo, mira las nubes –Carrie señaló hacia lo alto con un leve movimiento de cabeza. Un nutrido grupo de nubes empezaba a atravesarse en la ruta de los fuertes rayos de sol, logrando que el ambiente se sintiera un poco más fresco y que las superficies se sintieran menos calientes.

–Siendo así, creo que te voy a imitar –Amanda, que ya había cerrado la puerta, volvió a abrirla, se despojó de sus sandalias y las dejó en el interior del vehículo. Cada una llevaba un pequeño bolso en el que cargaban toallas, y cremas bronceadoras. Tenían planeado bajar hasta la orilla del poblado y tomar una lancha que en menos de cinco minutos las pondría en Playa Grande, lugar en el que tenían planeado pasar el resto del día.

–Mira, esta es la famosa Taganga, por aquí viene bastante extranjero, pero muchos vienen a trabarse –dijo Amanda cuando llegaron a la última calle, aquella que daba contra la arena de la playa.

  1. trabarse? ¿Qué es eso? –preguntó Carrie, sus ojos recorriendo el lugar, el cual se caracterizaba por la cantidad de restaurantes de pescado y la amplia variedad de pequeñas embarcaciones coloridas, fondeadas en la pequeña bahía, o arrumadas encima de la arena.

–Trabarse significa fumar marihuana…

Carrie sintió cómo un escalofrío le recorría la espina dorsal hasta llegarle al cerebro y quedarse allí produciéndole un fuerte dolor de cabeza.



carlosdiazdc

Editado: 18.10.2019

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