Al Sur Del Trópico

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No tardaron en encontrar el domicilio de Nelson. Se trataba de una pequeña casa de una sola planta en la mitad de una cuadra en la que varias personas, llegando la hora del atardecer, se encontraban departiendo al tiempo que algunos niños jugaban fútbol en medio de la calle, utilizando improvisadas porterías armadas con piedras. Carrie no pudo evitar comparar el lujo del resort, o de algunos de los edificios de El Rodadero, con las construcciones más sencillas de aquel sector. Recordó que se encontraba en un país del tercer mundo en donde la desigualdad y la injusticia eran cosa de todos los días. Sin embargo agradeció la oportunidad de estar allí, de estar trabajando en un lugar en el que había sido bienvenida y en el que el tiempo la ayudaría a alejarse y a olvidar su oscuro pasado.

–Vamos a ver si lo encontramos –dijo Amanda antes de abandonar el auto.

Carrie al lado de Kim, quien no dejaba de mirar para todos lados con la misma expresión que un astronauta mira por primera vez el planeta tierra desde el espacio, la siguieron de cerca, para encontrar la puerta de la casa del botones abierta y una señora de edad, quien podría ser su abuela, sentada en una mecedora, su mirada perdida.

–Buenas tardes seño…

La anciana miró a la joven subgerente, le sonrió pero no respondió el saludo.

–Buenas tardes –repitió Carrie mientras sus ojos miraban hacia el oscuro interior de la vivienda. La anciana la miró y volvió a sonreír pero aún no pronunciaba palabra.

–¿Nelson se encuentra? –preguntó Amanda sin quitarle la mirada a la anciana.

–Está trabajando, ya debe traer el pescado –respondió la señora de cabellos blancos.

–¿Pescando? Pero él trabaja en Arenas Blancas… –dijo Amanda sin olvidar su linda sonrisa.

–¿Arenas Blancas? –La anciana miró a la subgerente a los ojos–. Verdad, en Arenas Blancas, lo había olivado.

–Lo estamos buscando del trabajo, yo soy su jefa –Amanda miró hacia el interior de la casa.

–Mucho gusto, señorita, yo soy su abuela.

–¿Hay alguien más en casa? –preguntó Amanda.

–No, pero Nelson no debe demorar, está trabajando.

–Pero él ya salió de trabajar, hace como dos horas –intervino Carrie, quien empezaba a perder la paciencia.

–Entonces debe estar jugando fútbol –la anciana miró a Carrie a los ojos antes de brindarle una sonrisa.

–Seño, ¿usted cree que Nelson se demora? –preguntó la subgerente.

–No creo, ya debe traer el pescado.

Amanda se volteó a mirar a Carrie blanqueando los ojos.

–Creo que la señora no recuerda…

–Es obvio… –dijo Carrie mirando a Kim, quien lucía aún más perdida que la anciana de pelos blancos.

–Será que le dejamos un mensaje –preguntó Amanda.

–Creo que no serviría de nada.

En ese momento una muchacha de alrededor de dieciséis años, quien había estado observando desde el otro lado de la calle, cruzó y se acercó a ellas.

–Buenas tardes, ¿buscan a Nelson?

–Buenas tardes –respondió Amanda–, así es, yo soy su jefa del trabajo, ¿tú sabes si se demora?

–Él está en Pescaito, jugando fútbol, vuelve por ahí a las ocho, eso si no se queda por ahí tomando.

Amanda miró a Carrie mientras fruncía los labios.

–Yo creo que nos tocó esperar hasta mañana –dijo Carrie volviendo a mirar a la anciana para después sonreírle a la muchacha que había cruzado la calle.

–Si quiere le pueden dejar la razón conmigo –sonrió la muchacha repartiendo su mirada entre las tres jóvenes mujeres.

–No es nada grave, solo dile que apenas llegue mañana busque a Amanda.

Después de despedirse, las tres muchachas regresaron al auto sin saber a dónde dirigirse.

–¿De qué se trataba eso? –preguntó Kim.

–El botones está jugando fútbol, a lo que ustedes llaman soccer, tendremos que esperar hasta mañana… –respondió Amanda.

–Mala suerte –dijo Kim–. ¿Está bien si vamos al Rodadero?



carlosdiazdc

Editado: 18.10.2019

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