Al Sur Del Trópico

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–¿No que es una gringa la que le gusta?

–Esa no era Carrie, era Verónica, una vieja de aquí que está detrás de mí –le respondió Santiago a su hermana.

–Pero esa pelada está bonita…

–Yo sé… –respondió Santiago, poniendo el libro que estaba leyendo sobre su mesa de noche con la idea de prestar mayor atención a las palabras de Carolina.

–¿Y qué? ¿Ya lo llamó la gringa? –Carolina se sentó al borde de la cama.

–No, nada, quien sabe si ya le hayan entregado la carta…

–Santiago, han pasado veinticuatro horas, imposible que no.

¿No será que se la entregaron pero ya se devolvió a Nueva Jersey y no tuvo tiempo de llamarme? –era una posibilidad que había estado rondando la mente de Santiago durante las últimas horas.

–¿Cuál se devolvió? No ve que ella está trabajando en ese sitio…

Un más que sorprendido Santiago se incorporó con la agilidad de un gato, su rostro mostrando una expresión de total incredulidad.

–Usted me está tomando del pelo, con eso no se juega.

–¿Acaso mi mamá no se lo dijo?

–No, para nada, ¿cómo así que Carrie está trabajando en Arenas Blancas?

–Pues cuando llegamos, la vieja de la recepción estaba como perdida, como que no sabía quién era su tal Carrie, pero al momentico llegó otra loca y le dijo que era la nueva profesora de inglés.

–¿Está segura de eso?

–No, es que a mí me pagan por venir aquí a decirle mentiras a usted… Pues claro que estoy segura, yo pensé que mi mamá se lo había dicho –Carolina subió el tono de voz.

–No tenía ni idea –dijo un emocionado Santiago–, ¡pero eso sí es un milagro! Es que es demasiada coincidencia…

–Pero si no lo ha llamado…

–Pues sí –dijo Santiago volviéndose a sentir miserable.

–Oiga, ¿y si usted va hasta allá?

–¿Con esta rodilla así? –Santiago se miró la inflamación de la rodilla, la cual había disminuido casi que en su totalidad.

–No le estoy diciendo que se pare ahorita mismo y coja para allá, pero por ahí en dos días, el jueves… –Carolina puso su mirada en la rodilla afectada.

–Como quien dice pasado mañana.

–¡Uy, sabe contar! –dijo ella en tono de burla.

–¿Usted me puede llevar? Es que ni modos de trotar así y me da como vaina coger bus.

–Para eso están los taxis.

–Es que no es por tirármelas de nada, pero es que de la entrada de Arenas Blancas hasta la recepción hay que caminar un resto, en cambio si llego en carro se puede parquear más cerquita.

–Pues maneje usted.

–Es que me da vaina con la rodilla, no la quiero mover mucho.

–Tiene razón… Pues si insiste, yo le digo a mi mamá que nos preste el carro el jueves por la tarde y vamos, pero me gasta helado.

–Le gasto lo que quiera.

–Que conste –dijo Carolina torciendo la boca.

–Seguro, no se preocupe.

–¿Y si la gringa ya anda con alguien? ¿No disque es un bombón?

–No sería raro… Pero sí, es divina.

–Entonces ahí sí le tocaría conformarse con la que vino hace un rato.

–Verónica es chévere, y si no existiera Carrie, de una le hacía…

–Pero quiere primero eliminar todas las posibilidades con la chocolatina Hershey...

–Hershey es en Pensilvania, no en Nueva Jersey –Santiago meneó la cabeza lentamente.

–Pero está ahí cerquita, son vecinos.

–Muy graciosa…

–Pues suerte con eso, pero yo de usted me preparaba para que la gringa le diga que ya nada que ver –dijo Carolina poniéndose de pie.

–No, pues no me de tantas esperanzas.



carlosdiazdc

Editado: 18.10.2019

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