Al Sur Del Trópico

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La despertó el ruido de alguien tocando a su puerta. Miró el reloj para enterarse que faltaban pocos minutos para las ocho de la mañana. Sintió un leve dolor de cabeza, producto de las siete cervezas consumidas la noche anterior. Volvió a escuchar el ruido antes de levantarse, lo que la obligó a apurarse para salir a atender. Caminó lentamente hasta que su mano se posó sobre el pomo de la puerta. Al abrirla se encontró con la figura de Amanda, quien le dirigió una pequeña sonrisa.

–¿Te desperté?

–Creo que sí, pero no te preocupes, creo que ya era hora de levantarme –Carrie le indicó que siguiera. La atractiva subgerente, vistiendo su ropa formal de trabajo se sentó en un extremo del sofá, sentándose Carrie en el lado opuesto.

–¿Estás pensando mal de mí? –preguntó Amanda antes de morderse el labio inferior.

–¿Por qué habría de pensar mal de mi mejor amiga en Colombia? –Carrie frunció el ceño al tiempo que mostraba una linda sonrisa.

–Ya sabes, por lo de anoche…

–¿Porque bailaste con Kim?

–Sí… –respondió Amanda bajando la mirada.

–Si hubiera pensado mal te lo hubiera dicho anoche.

–No podías, todo el tiempo estuvo Kim ahí, y Fabio y Verónica no se te despegaban.

Carrie recordó la manera cómo la parranda se había prolongado hasta la media noche, sin que ni ella ni sus dos compañeras se hubieran detenido a cenar, lo que había logrado potenciar el efecto embriagante de las cervezas. Una vez el conjunto de músicos vallenatos se había marchado, Fabio los había convencido a todos para que se metieran al mar, idea apoyada por Kim y Alan, quienes gracias a los efectos del licor no habían tenido inconveniente para convencer al resto del grupo. Amanda no se había separado de la rubia norteamericana y a Carrie le pareció ver que las dos muchachas se habían besado entre las olas, aunque no estaba totalmente segura. Pero de lo que sí estaba segura era de haber rechazado a Fabio en el momento en que intentó besarla, estando dentro del agua, lo que había llevado al muchacho de los ojos verdes a alejarse de ella por un buen rato, mostrando una faceta más reservada de su personalidad, oportunidad que había aprovechado ella para escuchar a Verónica, quien no había parado de hablarle acerca de sus antiguos romances, de lo cual Carrie ahora recordaba muy poco.

–Amanda, cada uno es libre de hacer lo que quiera y yo no soy nadie, y mucho menos en este país, como para venir a criticar lo que tú hagas o dejes de hacer.

–Es que…, mira, es que yo estoy muy confundida… –Amanda mostró un rostro lleno de angustia.

–Si quieres contarme…

–¿Por qué no vas desayunando y yo te voy contando mientras tanto?

Carrie se puso de pie, se acercó a la pequeña cocina, se sirvió una taza de cereal con leche para después preguntar a su amiga si le apetecía desayunar algo.

–Tranquila, yo ya desayuné en mi apartamento.

Carrie se sirvió un jugo de naranja, y tomando la taza del cereal en una mano y el jugo en la otra se desplazó a la mesa del comedor.

–¿Y a qué se debe tu confusión?

Amanda la miró indecisa, tomó una profunda bocanada de aire y miró al techo antes de responder.

–Anoche me dejé llevar. Sé que sería muy fácil echarle la culpa al trago, a la música, al ambiente, ya sabes…

  1. que era el ambiente perfecto para todo…–Carrie tomó un par de sorbos del contenido de su vaso de jugo y continuó con el cereal.

–Sí, claro, pero es que esa pelada me atrajo mucho, yo no sé si te diste cuenta de cómo me miraba desde que fuimos a buscar a Nelson…

–Tengo que hablar con Nelson –la interrumpió Carrie.

–Sí, no creas que se me ha olvidado, debe estar por llegar –Amanda miró su reloj de pulso.

–Perdona por la interrupción…

–El caso es que… no sé…, después ella comprándome esa ropa, ya sabes, toda especial…

–Amanda, no tiene nada de malo si ella te gusta –Carrie la miró a los ojos sin olvidar obsequiarle una espectacular sonrisa.

–¿En serio? –preguntó la subgerente mordiéndose el labio.



carlosdiazdc

Editado: 18.10.2019

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