Al Sur Del Trópico

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El gerente la miró de pies a cabeza. Una expresión indescifrable acompañaba su rostro, haciendo sentir a Carrie más insegura de lo que ya estaba. Era la primera vez que visitaba la oficina del señor Ramírez. Era bastante amplia, modernamente decorada, con sofás y poltronas blancas, un enorme escritorio, cuadros con motivos marinos, una pequeña nevera, una biblioteca con varios libros y un portarretratos con una foto en la que se podía apreciar a un niño que no podría tener más de diez años. Se quedó mirando la foto; por el parecido del muchacho, se podría decir que se trataba del hijo del gerente.

–¿Sí se parece a mí? –preguntó súbitamente el señor Ramírez.

–Creo que sí –contestó una insegura Carrie.

–Siéntate por favor –el gerente le señaló una de las sillas al otro lado de su escritorio–. Es mi hijo, vive en Bogotá con la mamá.

–Es bonito –Carrie miró al gerente, adhiriendo a su rostro una leve y tímida sonrisa.

–Eso dicen, me imagino que se parece más a la mamá.

–También se parece a usted –Carrie volvió a posar los ojos en la foto.

–Hace rato no lo veo, no te imaginas lo ocupado que me mantiene este trabajo, y cuando voy a Bogotá, ni siquiera me queda tiempo para almorzar.

–Me imagino, es una lástima que no lo pueda ver todo lo que usted quisiera.

–Pero bueno, no te llamé para hablar de mi hijo –dijo el señor Ramírez inclinándose hacia adelante y sacando del cajón una carpeta plástica de color azul–. Carrie, aquí tengo tu hoja de vida, la que lógicamente, debido a tu edad, no es que sea muy extensa.

–Lo sé –dijo ella mirando la carpeta. ¿De qué se trataba todo esto? Le habría dicho algo comprometedor el juez Carver aquel día en que los vio compartiendo en el lobby del resort? ¿O tendría que ver con su amistad con la subgerente? Odiaba ser presa de aquella ansiedad; si se trataba de algo malo, lo mejor sería que lo dijera de una vez.

–¿Estás segura de haber puesto todo allí? –preguntó el gerente abriendo la carpeta para revelar la única hoja que componía su currículo. ¿Acaso en las hojas de vida se adjuntaba algún dato relacionada con su tiempo de permanencia en la prisión juvenil?

–Creo que sí… por lo menos lo más importante… –sabía que su inseguridad estaba siendo percibida por el señor Ramírez.

–En ningún lado dice que eres una excelente profesora –la sonrisa del gerente no habría podido ser más elocuente.

Entonces era eso… Carrie descansó, aunque sabía que la charla no había terminado.

–Gracias, señor Ramírez, me alegra que me diga eso, porque nunca antes había enseñado nada.

–Carrie, todos están felices contigo, y es impresionante lo que han aprendido en los pocos días que llevas aquí enseñándoles, en realidad se nota la diferencia.

–Me imagino que sirvo para eso, además de que este sitio y esta ciudad son tan bonitos, que en verdad te dan ganas de hacer las cosas lo mejor que puedes.

–Así es, pero tenemos, o más bien, tengo un pequeño problema…

Carrie sabía que no todo podría ser felicidad.

–¿De qué se trata? –preguntó mientras se mordía el labio inferior.

–¡Que todo el mundo quiere tomar clases contigo!, y operacionalmente me queda imposible cuadrar eso…

–No lo entiendo… –alcanzó a decir Carrie antes de que sonara uno de los dos teléfonos que reposaban sobre el enorme escritorio. El gerente le pidió disculpas, ocupándose en la conversación telefónica más tiempo del que ella hubiera deseado. Se distrajo mirando a su alrededor mientras su ritmo cardiaco se desaceleraba al saber que su reunión no había tenido absolutamente nada que ver con el maldito juez en estado de sobrepeso. Pensó como algo increíble las grandes diferencias que se podrían sacar si hiciera una comparación entre aquel cruel personaje y el hombre que tenía al frente. Los dos le llevaban alrededor de treinta años, pero el atractivo rostro, la amabilidad y el don de gentes del señor Ramírez jamás se habrían podido comparar con las pocas cualidades del hombre que, sin escucharla, la había mandado a encerrar por más de diez penosos meses. Nuevamente recordó la idea que había venido a su cabeza el día en que conoció a su jefe, pero de la cual se había olvidado rápidamente: si no fuera tan marcada la diferencia de edades, no le molestaría para nada llegar a tener algo más que una aventura con el atractivo hombre.



carlosdiazdc

Editado: 07.10.2019

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