Al Sur Del Trópico

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Santiago sentía una mezcla de sentimientos que navegaban entre la felicidad y la impotencia. El caminar, llevando de la mano por las calles de El Rodadero a la que él, además de muchos más, consideraba la niña más linda de la ciudad, sabiendo que se estaba convirtiendo en su novia, en su primer amor, solo daría para sentir una inmensa felicidad; pero el recuento de las crueles situaciones y oscuros momentos vividos por ella en la prisión juvenil de Nueva Jersey alcanzaba a nublar lo que de otro modo habría podido ser una felicidad completa. La imposibilidad de no poder hacer nada para que las cosas hubiesen sido diferentes y de poder hacer muy poco para ayudarla a borrar aquellos nefastos recuerdos, lo llenaba de aquel sentimiento de impotencia que hubiese deseado que jamás lo visitara. Solo sabía que debía hacer todo lo que estuviera a su alcance para que esta dulce y hermosa muchacha, que todo lo había perdido, tuviera una nueva oportunidad en la vida y fueran solo los buenos momentos los que la acompañaran desde ese momento hacia adelante.

–A mí me gusta la de jamón y pepperoni –era la opinión de Carrie, sentada cómodamente al frente de Santiago en la terraza de una de las pizzerías que atendían aquella zona de la ciudad.

–Mitad lo que ella dijo y la otra mitad de pollo con champiñones, por favor –le dijo Santiago al mesero, un muchacho trigueño vestido totalmente de blanco.

Minutos después, cuando las bebidas les habían sido servidas, Carrie continuó con el relato de su experiencia.

–Cuando salí del castigo por empujar a Julie, creo que se me había olvidado hablar. Parecía una autómata…, no tenía ganas de nada, solo hablaba por las noches con Patricia, para mis clases de español, y para quejarme de mi mala suerte.

–¿Entonces cuándo volviste a hablar con Julie?

–Espera, no te adelantes… A pesar de todo, del paso del tiempo, de las dos veces que me habían mandado a la celda para solitarios, yo no me acostumbraba a esa vida, a recibir órdenes todo el tiempo, a estar obligada a hacer lo que ellos dicen y no lo que tú quieres… Es que es cuando te das cuenta que la libertad no solamente la pierdes cuando te obligan a permanecer dentro de un espacio cerrado…, también es cuando no eres libre de escoger absolutamente nada, ni lo que quieres comer, ni la hora en que te quieres levantar de la cama o acostarte, de poder ver la película que tú escojas, leer el libro que tú quieras, llamar a alguien… Es que simplemente te conviertes como en un animalito… –Carrie se vio interrumpida por la llegada del mesero, quien en sus manos tría la pizza de dos diferentes sabores. El muchacho vestido de blanco sirvió los primeros pedazos, quedando la joven pareja en silencio mientras daban los primeros mordiscos de aquella cena aplazada por algo más de once meses.

–Carrie –preguntó Santiago instantes después–. Ya sabemos que fue muy poco lo que te conocí en esa época, ¿pero siempre has tenido esa forma tan linda de ser? Es que a pesar de lo que viviste durante todo ese tiempo, yo te veo como una pelada muy dulce, muy tierna… Como si esa experiencia tan horrible no te hubiera afectado en tu forma de tratar a los demás…

Carrie lo miró con la más tierna de las sonrisas antes de responder.

–¿Qué te puedo decir? Me imagino que me ha ayudado mi llegada a Santa Marta. Lo lindo que es todo esto, mi trabajo en donde todos me quieren, el sitio donde estoy viviendo, y ahora que te he encontrado… Pero no creas, no siempre ha sido así. Cuando salí de esa prisión y mi mamá me dijo que tenía quince días para irme de la casa, quería matar a todo el mundo, no solo a los culpables directos de toda mi desgracia, también a mis padres, a los amigos que no habían creído en mí, a alguna de la gente que había dejado allá adentro.

–No sé mucho del tema, pero cualquiera creería que una pelada que acaba de salir de allá, pues va a ser muy dura, difícil, va a llevar muchos resentimientos que la van a hacer comportarse de una manera muy diferente a como tú lo haces…

Santiago no sabía si estaba siendo imprudente o entrometido, pero estaba seguro de querer llegar a conocer todos los aspectos que rodeaban a la niña de sus sueños, sin importar que estos fueran positivos o negativos.

muchas de ese estilo allá adentro, pero si te pones a pensar en qué puedes sacar de bueno por comportarte así, llegas a la conclusión de que solo estarías alargando tu condena aunque ya estés por fuera de la prisión.

–Tienes toda la razón, y lo único que sé es que la vida te ha dado una nueva oportunidad, y de paso nos la ha dado a los dos –Santiago le tomó la mano mientras pensaba en lo rápido que las cosas habían sucedido: apenas un par de horas antes la había estado esperando en una esquina a pocas cuadras de allí, y ahora se sentía como si le estuviera hablando a alguien con quien habría compartido por más de una semana.



carlosdiazdc

Editado: 18.10.2019

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