Al Sur Del Trópico

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Santiago regresó a casa unos minutos antes de las siete. Había tenido la intención de invitar a Penélope a comer, pero ella se había escusado, alegando tener que estudiar para un examen que tendría al día siguiente. Sin embargo lo había acompañado hasta la puerta del edificio, despidiéndolo con una enorme sonrisa y un beso en la mejilla, sin dejar de prometer que le aceptaría la invitación apenas él estuviera listo para volverla a realizar. Lo primero que había hecho, al entrar al edificio, teniendo en su mente la figura de Carrie, fue preguntarle al portero si alguien había venido a buscarlo: <<Yo recibí turno a las seis, pero el compañero no me dijo de nadie>>. No podía estar seguro de nada, el cambio de turno lo dejaba sin la información requerida, pensamiento que lo acompaño hasta entrar en su apartamento. La cena, en compañía de toda su familia, se había servido a las siete, viéndose afectado su humor al enterarse de que nadie había contestado llamada de la niña de sus sueños. <<De pronto llamó, pero como yo estuve por fuera de compras con mi mamá…>>, había dicho Carolina antes de que su padre dijera: <<Yo de ti iba y la buscaba, no debes dejar que esas peleítas se crezcan y terminen dañando todo>>. ¿Pero por qué le tenía que rogar a alguien que lo había tratado mal, cuando podría enfocarse en tratar de tener algo con la dulce Penélope o arreglar las cosas con la alocada pero hermosa Verónica? Además aún tenía las últimas horas del día para esperar aquella llamada, y si algo recordaba de sus días en Bogotá, era que los amigos acostumbraban a llamarse en las horas de la noche más de lo que lo hacían durante el día.

–Santi, te llama una niña –la interrupción de su padre iba acompañada por una sonrisa que mostraba más dientes de los que en realidad tenía.

Santiago se puso de pie, caminó hacia la sala y agarró el teléfono con la ilusión de escuchar a Carrie al otro lado de la línea. Pero su deseo murió rápidamente cuando reconoció la voz de Verónica. Estuvo a punto de colgar, pero las palabras de ella lograron que se frenara:

–Hola, Santi, por favor perdóname, en serio, te lo ruego, estaba muy triste… y además el trago no ayudó para nada, pero yo no quiero pelear contigo… ¿Cómo está tu rodilla? Yo sé que la embarré full.

¿Cómo era posible que la antigua rubia tuviera la nobleza de llamar a pedirle excusas, siendo tan solo una amiga, mientras que su novia se daba el lujo de olvidarse de él?

–Mi rodilla está bien, gracias a la ayuda de Penélope…

Pero una simple llamada no podría bastar para que la situación quedase arreglada; Santiago la seguía considerando como una niña un poco intensa e inestable, aunque el gesto de la llamada algo ayudaba a mejorar su imagen.

–Mira, Santi, yo en serio que estoy muy arrepentida… Y pues yo sé que tú tienes novia y todo eso, pero déjame hacerte algo así como un… desagravio, ¿si me entiendes? –ahora su voz sonaba nerviosa.

–Yo sé que es un desagravio, no te preocupes.

–Ven acá, a mí me gustaría invitarte a salir esta noche…

Santiago miró su reloj, el cual marcaba las ocho de la noche, lo que le daba dos horas más para esperar la llamada de Carrie.

–¿Y cómo a dónde es que me estás invitando?

–Lo que tú quieras, yo corro con todos los gastos.

Carrie podría no llamar, Penélope era muy linda y muy querida, pero se comportaba como una simple amiga y seguramente no estaba interesada en él, y ahora tenía la posibilidad de arreglar las cosas con la que se había convertido en su tercera opción.

–¿Lo que yo quiera?

–Ya te lo dije, Santi, lo que sea, yo solo quiero que me perdones.

–Mira, Nica, hoy no puedo, pero de pronto mañana…

–¿Vas a salir con tu novia? –la voz de ella era suave y llevaba algo de timidez.

–No, pero tengo que ayudarle a mi hermana en unas cosas. Si quieres hablamos mañana y cuadramos.

Verónica se despidió de una manera que a Santiago le pareció llevaba tintes de docilidad, algo de ternura y un poco de timidez. Valiéndose de la confianza que su hermana le despertaba, se sentó con ella en el estudio del apartamento a contarle los pormenores de los últimos sucesos.

–Hermano, tenga cuidado, esa vieja está loca…



carlosdiazdc

Editado: 18.10.2019

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