Al Sur Del Trópico

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Santiago sintió a su rodilla respondiendo a todos los movimientos como si jamás hubiese recibido golpe alguno. No estaba seguro de si el paso de los días había hecho su trabajo o si los ejercicios practicados por Penélope eran los determinantes en su innegable mejoría. Tenía muchas ganas de ir a trotar por la playa, de respirar el aire puro de la mañana, disfrutar del paisaje y poner su mente en un lugar imposible de ser invadido por los recuerdos de Carrie. Pero no se engañaba a sí mismo; sería casi imposible olvidarse de su gringa, así ella diera muestras de haberse olvidado de él. Miró su reloj cuando aquel marcaba las diez de la mañana, su mente recordando las palabras de su padre, las cuales advertían sobre aquellas pequeñas cosas con la suficiente influencia para terminar dañándolo todo. Se hacía obligatorio dejar atrás el orgullo, darle mayor importancia a sus sentimientos por Carrie y acudir a la nobleza, cualidad siempre presente en su pasado, habiendo sido importante herramienta en la solución de sus problemas. Era muy clara la ruta a seguir: iría hasta el resort, la buscaría, hablaría cara a cara con ella y la pelea se convertiría en algo del pasado. Llamarla por teléfono no sería suficiente, no en este caso, el cual, gracias al paso de los días, se venía complicando y ahora necesitaba de la manera más directa y eficiente para encontrarle una solución. Pero era demasiado temprano para ir hasta Arenas Blancas; si trataba de visitarla ahora, solo estaría perdiendo su tiempo al verse obligado a esperarla hasta la salida de su trabajo. Podrían almorzar juntos, aunque pensó en la falta de tiempo, teniendo en cuenta las escasas dos horas adjudicadas por sus jefes, además de no estar seguro de la posible existencia de alguna clase de compromiso previamente adquirido por ella.

 

Una hora después se encontró caminando por las calles de El Rodadero en compañía de su hermana, concentrados en la búsqueda de un almacén especializado en productos para la piel en donde pudieran comprar bronceador y bloqueador solar. El cielo estaba cubierto de nubes, volviendo más fresca la mañana, logrando así evadir su necesidad de detenerse en la primera esquina a buscar un salpicón frio o un jugo de frutas. Una vez adquirieron los productos para la piel, dedicaron un buen rato a recorrer los toldos de comerciantes en donde se ofrecía toda clase de artesanías y variedad de productos importados. Santiago, aunque era consciente de la cantidad de horas faltantes antes de la salida de Carrie del trabajo y de su consecuente deseo de acercarse al resort, no paraba de mirar su reloj de pulso.

–Pero deje de mirar la hora, ¿o es que tiene afán? –preguntó su hermana, sus ojos puestos en una mochila tejida por los indígenas de la tribu Wayuu, la cual era exhibida junto a otras de su mismo estilo.

–No… es que quiero estar allá a las cuatro en punto.

–¿Y por qué no le lleva algo? Un detallito…

–Después de esa pelea… ¿llegar con regalo? –Santiago frunció el ceño.

–Claro, para que se dé cuenta que usted no es un hombre de profundos odios y eternos rencores… –la sonrisa de Carolina parecía dirigida a las atractivas mochilas, las cuales no paraba de observar.

Minutos después, con la asesoría de su hermana, Santiago adquirió una chocolatina suiza, aunque hubiese preferido llevarle algo más especial, de lo cual se abstuvo gracias al consejo de su hermana: <<Cuando estén bien, le lleva una mochila guajira o algo así, pero por ahora con el chocolate es suficiente>>.

Pero Santiago no habría podido advertir lo sucedido minutos después. Cansados de caminar por el comercio del sector, y siendo la una de la tarde, decidieron entrar a un restaurante de comidas rápidas, uno de los pocos existentes en el sector, siendo la mayoría de sitios especializados en comidas típicas o de mar. Una vez acomodados en una mesa, disfrutando de la frescura del aire acondicionado y de las hamburguesas ordenadas, Carolina le comunicó su deseo de entrar al baño. Al regresar, cinco minutos después, se dirigió a su hermano con las siguientes palabras:

–Oiga, ¿cómo es que es la tal Penélope?

–Es de pelo largo, castaño oscuro, blanca, ojos grandes cafés, nariz respingada, bien bonita y pues de tremendo cuerpo, ¿por qué?

–Es que en el baño había dos viejas hablando de una Penélope…

–¿En serio? –la interrumpió Santiago–, ¿y qué decían?

–Una pelirroja y otra de pelo corto…

–La pelirroja debe ser Jennifer, la mejor amiga, y la de pelo corto… ni idea…



carlosdiazdc

Editado: 07.10.2019

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