Alas de Cenizas

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41. Adiós, Dimitri

Clara

            Las sangres de la muerte habían sido entregadas. Siendo los portadores de estas, mi padre, Lakur, antes de dar su último suspiro luego que la espada de Miguel impactara en su pecho; y por último Drake. Listo para dar su vida por sobre la causa, recibiendo el destierro al infierno con gusto.

            “Espero que puedas vivir una vida maravillosa, Clarisse”

            Esas fueron las últimas palabras de ese ser maravilloso, al que alguna vez considere un buen amigo. Como representantes del infierno solo prevalecieron mi padre y Samyaza, ellos firmarían el acuerdo de paz en su representación. Ahora faltaba la sangre de la vida.

            Concentré mi mirada en Jesús, que observaba todo esto aturdido con sus alas desplegadas.

– El infierno ha aceptado los términos – digo en voz alta al primogénito del cielo – Los reinos de tu padre deberían hacerlo también, es momento de poner fin a tantas muertes.

            El poseedor de tantos nombramientos por perdonar los pecados descendió en picada frente a mí. Todos los ángeles a su espalda, una imagen digna para el final de los tiempos.

– Necesitas tres hijos de la tierra – dice Jesús – Piensas traerlos a este campo de batalla.

– Yo daré mi sangre en nombre de los durmientes – Aclara Diclartrisse derramando su sangre sobre uno de los tres bloques iguales que se encuentran en el suelo – Nací entre mortales y moriré por ellos.

            De pronto una luz incandescente nos rodeó a todos, una joven de cabellos negros y ojos grises se presentó frente a nosotros. Sus alas grises liberadas mientras realizaba su aterrizaje, pero no era una simple mujer, ni siquiera poseía el desarrollo de una. Era una niña, con tan solo quince años de edad que miraba el mundo con una candorosa sonrisa.

            Y yo la conocía de hace unos segundos.

– Dinos tu nombre, ángel – pidió Jesús alzando el mentón.

            La chica dio un paso ante un sorprendido Diclartrisse, derramó su sangre en el mismo lugar que mi hijo y sonriendo dijo:

– Mi nombre es Katherine Gardimor, y no soy un ángel. Soy un durmiente, nací entre mortales en tiempos de guerra y hoy he venido aquí para lograr la paz entre nuestros mundos.

            Guardó sus alas demostrando su confianza ante el entorno y me sonrió ladeadamente mientras yo le agradecía mentalmente.

            Ella era hija de Diclartrisse.

            Mi nieta.

– Y mi nombre es Dafne, guardián de Dinortak Gardimor – aclamó la mujer aterrizando a un lado de su hija – Esposa de Diclartrisse, el hijo de los tres mundos. Y estoy aquí en representación de dos durmientes que no han nacido – corta un poco de su palma de manera artificial, derrama la sangre en el libro y sonríe – Viví entre mortales y eso me hizo amarlos, por eso ahora los protegeré.

            Un nuevo temblor ocurrió.

            El segundo trato sellado.

            Ahora solo faltaba que la vida lo aceptará, forjando así el tercer libro actualizado de Enoc; donde las normas estarían interpuestas para todos.

– Es tu turno Jesús – digo mirando al cristo con sus alas ocultas – Solo falta que la vida lo acepte.

            El hijo de Dios parecía sopesar las palabras, miro al grupo de ángeles a sus espaldas y un musculo se apretó en su mandíbula. Lo que me demostró que no estaba listo para tomar decisiones justas aún.

– Yo acepto el trato – dice Gabriel derramando su sangre en nombre del cielo.

            Luego le siguió Neila. Que aunque llevaba su ropa manchada de sangre se veía como el arcángel más resaltante de todos.

– Si dices no ir en contra del cielo – llama mi atención Jesús – Entonces derrama tu sangre en nombre del cielo.



Laczuly0711

Editado: 22.11.2018

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