Alas de la Oscuridad ©

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Capítulo 6: Colgando en tus Alas

La noche transcurrió y los rayos de un nuevo día comenzaron a aparecer en el interior de la habitación.

Con mucho cuidado, Rae trató de levantarse de la cama para no despertar a su visitante, quién se encontraba en el suelo recargado sobre la cama.

Estirándose en dirección al buro, sacó unas esposas del cajón y lo sujeto a la cabecera de la cama. De esta forma no se escaparía antes de que ella lo interrogara.

Cuando terminó de sujetarlo se dirigió a la cocina para preparar un poco de té para desayunar. Mientras la tetera hacía su trabajo, se acercó al closet para sacar una muda de ropa. Después de cambiarse se dirigió de nuevo a su recámara para vigilar a su prisionero, pero al abrir la puerta se llevó la sorpresa de que ya no estaba ahí.

Enfurecida por lo que pasó, se dirigió de vuelta a la cocina y notó que sobre la mesa se encontraban dos tazas de té servidas.

—Creo que perdiste esto— dijo el hombre al sorprenderla por detrás.

Con cara de humillación y enojó, Rae se dio la vuelta y tomó las esposas que le entregó en sus manos.

—Gracias— respondió malhumorada mientras guardaba de nuevo las esposas en su lugar.

—Eres increíble— mencionó con sarcasmo—. Te salvó más de una vez y solo porque consigo desatarme ¿te enojas?

Rae lo ignoro por completo y mejor se fue a sentar al sillón para ver el televisor, mientras bebía su taza de té. Pero su invitado no conforme por su actitud, se acercó a ella y le apago el televisor.

— ¡Oye! — dijo molesta.

—No sé qué clase de educación recibiste durante tu vida, pero algo que yo aprendí de la mía es que debes ser cortes y amable con tus invitados— replicó el hombre.

Aquel comentario no fue nada agradable para ella, era claro que no se quedaría callada ante esa acusación.

— ¿Disculpa?— respondió ofendida—. Si alguien debe ser cortes y amable eres tú. Llegar a mi casa y entrar sin mi permiso es allanamiento y acoso.

En ese momento Aniel cerró los ojos y comenzó a inhalar profundamente para controlar su mal temperamento.

—Si no hubieras aceptado ese anillo nada de esto estaría pasando— expresó en desacuerdo—. Pero aceptare la responsabilidad de mis acciones.

Su actitud era muy molesta, sin embargo ella sabía que no podía dejarlo ir a menos que él le diera respuestas de lo que estaba pasando.

— ¿Puedes retroceder el tiempo?— preguntó ella.

—La vida y el tiempo no le pertenecen al hombre. Pero el cambio de su curso depende de él. Yo no puedo regresar el tiempo y cambiar las cosas que te han pasado, pero puedes cambiar el curso de ellas si tú quieres— respondió compasivo.

Aquella respuesta no era suficiente para lo que quería saber, pero sí no había otra forma de hacerlo hablar, entonces era la respuesta que necesitaba en ese momento.

— ¡Echos! — comenzó a llamar a su amigo virtual.

Rápidamente su pequeño amigo se acercó para escuchar las órdenes de su dueña.

—Buenos días VG ¿qué puedo hacer por ti el día de hoy?— preguntó emocionado.

—Necesito que llames a la escuela y les digas que hoy me presentare a trabajar— ordenó al levantarse del sillón.

— ¿Escuela?— preguntó Aniel.

Rae se dirigió a lavar sus dientes y después a tomar sus pertenencias de su cuarto de estudio, mientras el hombre la seguía a todos lados.

— ¡Ya basta de seguirme!— gritó impaciente—. La razón por la que decidí ser maestra, es porque mi mayor sueño siempre ha sido ser madre— en ese instante su semblante cambió—. Pero la clase de vida que tengo me impide hacerlo. Ser el Vigilante tiene muchas demandas, y dejar huérfanos a mis hijos no es una opción que yo quisiera contemplar.

Las Gárgolas nunca alcanzaron a comprender lo que realmente sienten los humanos. Sus ancestros les advirtieron sobre las emociones que ellos suelen experimentar, y que por nada en el mundo debían interferir en ellas. Ya que son parte de su naturaleza y aprendizaje. De lo contrario no tendría propósito su vida mortal.

Pero para Aniel no era algo nuevo, y el sentimiento de querer algo que no puedes poseer le era más familiar que la misma soledad de su propio corazón.

Rae abrió la puerta de su casa para salir, dejando atrás a su invitado sin ni siquiera despedirse de él.

Al bajar por las escaleras de frente a su casa, se empezó a dirigir a la avenida más próxima en dónde tomó un autobús que la llevaría a su trabajo.

Después de abordarlo se dirigió a la parte trasera del autobús, pero cuando alzó la mirada se dio cuenta que Aniel se encontraba sentado en uno de los asientos de atrás.

Tomando asiento frente a él, se deslizo con rapidez del lado de la ventana, sin embargo no pudo evitar preguntar la razón de su aparición repentina.

— ¿Cómo rayos llegaste antes que yo?— susurró sorprendida sin voltear a verlo.



TIN

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En el texto hay: gargolas, romancedrama, magia mistica

Editado: 10.07.2019

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