Aleación: Memorias de cristal

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Capítulo 1: La pieza que no encaja

Henry no dejaba de tirar de mi, no soltó mi muñeca en ningún momento mientras aquellos hombres nos perseguían, a pesar de saber que mis piernas no eran ni de cerca tan rápidas como las suyas y que yo solo lo estaba retrasando.

Mis pulmones estaban empezando a notar la falta de aire una vez más y tenía la desagradable sensación de que me estaban ardiendo desde dentro.

-¡POR AQUÍ!-se escuchó la voz ronca y áspera de uno de los hombres que nos seguían varios metros por detrás-.

Las baldosas desaparecían bajo nuestros pies casi a una velocidad vertiginosa.

No podía respirar, pero él no me permitía parar porque sabía lo que pasaría si lo hacía, por eso me lanzó delante de él sin previo aviso, para que no me quedara atrás.

- ¡Sigue corriendo, vamos!-exclamó con una respiración rápida y entrecortada-¡Se están acercando!

Los surcos de varios disparos nos sorprendieron cerca de una columna justo cuando girábamos en el cruce de uno de los pasillos. 

Casi nos habían rozado.

-¡NO TE PARES...!-gritó-.

Recorrimos el laberinto de pasillos sin saber en que momento alguien podría cortarnos el paso, cuando alguien podía aparecer y dispararnos o capturarnos. Cuando todo podía acabar.
 

Repentinamente, Henry me indicó que nos metiéramos a una de las salas de la siguiente hilera de pasillos, empujándome ligeramente hacia un lado. Los dos ibamos tan rápido, que tuvimos que colocar las manos sobre la pared para no chocar contra ella y cambiar de dirección.

Nos adentramos en la sala y la cerramos, escondiendonos detrás de unos escritorios.
 

El sudor caía por nuestros rostros agotados y pálidos y nuestro pecho subía y bajaba nerviosamente incapaz de volver a moverse con tranquilidad.
 

-Uhmrr... -gruñó, contrayendo el rostro en un gesto de dolor y mirando hacia el techo, en seguida me di cuenta de qué había pasado- mierda...

La mano con la que sujetaba la zona baja de su costado estaba manchada de sangre. Uno de los disparos le había alcanzado.

-Dios mío, Henry...

Escuchamos los pasos de aquellos hombres cada vez más cerca de nosotros, ahora sí que era imposible moverse de allí.

Todo estaba oscuro, sumido en la penumbra, el ambiente olía a cerrado y podían verse las minusculas particulas de polvo flotar por la parte de abajo de la puerta, la cual no tardó en abrirse de un fuerte golpe que me hizo ocultar la cabeza y mirar al frente.
 

Ambos nos habíamos tapado la boca y la nariz y permanecíamos totalmente en silencio, rezando y esperando que no se percatasen de nuestra presencia.

El miedo atenazaba nuestros músculos y nos impedía movernos.

La tensión podía cortarse con un cuchillo.

El grupo de tres personas que se percibía en la habitación había empezado a investigar los laterales y el fondo con la luz de las linternas buscando nuestro rastro y ésta se colaba por encima de nosotros.

Iban a encontrarnos.

Henry seguía sin emitir sonido algo, aguantando el dolor con una fortaleza impresionante pero... ¿cuál era el motivo?

-¿Algo?-replicó uno de ellos llamando la atención de los demás-.

-Han debido de irse por el otro pasillo.

-¿¡Han debido!? ¿¡Me estais diciendo que seis de vosotros habeis perdido a dos estupidos críos!? -bramó el que parecía el cabecilla agarrando violentamente el cuello de la camiseta de aquel recluta- ¡Quiero a esas dos ratas aquí ahora! ¿ENTENDIDO? ¡Me da igual como lo hagais, pero traedmelos vivos... sobre todo a la chica y lo que ese ladrón se ha llevado!
 

El corazón me había dado un vuelco al escuchar aquellas palabras. Henry no era la única persona en la que estaban interesados.

-Sí, señor- podía notarse perfectamente la aprensión que aquel hombre causaba en los demás- .

Sacó al recluta con brusquedad de la habitación, haciendo que inmediatamente el resto de sus compañeros salieran ahuyentados y después cerró la puerta, sumiéndola en la oscuridad.

Aun así ninguno de los dos se confió a hablar, esperamos un par de segundos para darles tiempo a alejarse lo suficiente.

-Creo que se han ido-murmuró él de forma irregular incorporándose un poco, aunque en seguida se dio cuenta de que no podía hacerlo solo- Ayúdame a levantarme...

-¿Quién era ese tío? ¿por qué está tan desesperado por encontrarnos?- pregunté con rigidez- ¿Qué diablos es este sitio, Henry? 

- Lo único que sé es que le llaman Stoker y que como has visto, tiene muy malas pulgas. Es el teniente al mando de la dirección de la Cúpula, así es como le llaman, ahí es donde estamos - humedeció sus labios y tomó una gran bocanada de aire-Creo que Stoker... es el brazo derecho de quien controla este sitio.

Estaba sangrando mucho.

- Escucha, la puerta de salida de este nivel está cerca...-susurró- si llegamos allí antes de que la Dirección mande el código de cierre puede que consigamos salir.

-Henry, ¿te haces una idea de lo mal que estás? Si te mueves te vas a desangrar todavía más rápido. Necesitas ayuda médica.

-No me importa lo que me pase-contestó él con voz ronca negando con la cabeza-Hay mucha gente que necesita lo que me he llevado. Mucha. ¿lo pillas?

Si no consigo sacarlo de aquí les habré fallado a todos... Nada de lo que hayamos hecho antes tendrá utilidad, no servirá de nada... habremos perdido el tiempo y todo será mi culpa.
 

-Tranquilizate- le pedí poniendo mi mano en su hombro, estaba demasiado inquieto y eso no podía ser bueno con toda la sangre que estaba perdiendo-Solo... sigue presionando ¿vale? 

-¿A dónde vas?

-Voy a ayudarte. No llegaremos muy lejos si continúas sangrando así.

Me levanté y empecé a buscar por la habitación cualquier cosa que pudiera ayudar a taponar la herida, un paño, una tela, material de primeros auxilios, cualquier cosa que se me ocurría. Miré por las estanterías, revisé varias cajas, revolví archivos... busqué por todas partes.



Blandvert2.0

Editado: 10.11.2019

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