Aleación: Memorias de cristal

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Capítulo 8: Haciendo nuevos amigos

Me dediqué a analizar la muñeca, estaba un poco sucia, era pequeña, hecha de un material que no era ni suave ni áspero, de colores un poco apagados por el paso del tiempo y ligeramente descosida por un lado, sin embargo, era bonita y entendía porque a Sue le gustaba.

Desde que Jack se había ido, hacía rato que me sentía observada, como si unos ojos me mirasen desde la distancia.

Me levanté, dejando a un lado la muñeca y me asomé a los barrotes que había encima de mí, retrocediendo un par de pasos para ver mejor lo que había fuera.

Un muchacho estaba escondido en las sombras de una estructura a una altura similar a la escalera donde la cabina nos había recogido a Zia, a Jack y a mi. No podía distinguir bien la cara, pero por su fuerte complexión, juraría que era el amigo de Henry, Sam, el que me había dado un puñetazo en el estómago en cuanto supo lo que había pasado.

Mantuvimos la mirada un par de segundos, la expresión era de lo más seria, sus ojos irradiaban un profundo odio hacia mi y luego, sin más, apartó la vista y se esfumó al oir como alguien se acercaba.

Aquello no me había dado buena espina.

Jack volvió a colocarse en su puesto.

-¿Todo bien?-preguntó girándose hacia mí, debió de verme ida o excesivamente callada después de eso-.

"Ten cuidado con él. No es de fiar"

-Sí-murmuré con voz temerosa- Todo bien.

(...)

De nuevo, caí en las garras del sueño, todo se oscureció, la voz de mi mente vibraba en mi cabeza como un eco, mostrándome partes inconclusas de imágenes... que no recordaba, pero que aparenteme había vivido.

Esa sensación de caer al vacío me inundó y de repente, me encontré siendo encerrada en el tanque del que había salido, me encontré en una camilla con la visión emborronada, demasiada luz pero no estaba sola... Otra camilla con alguien más iba moviéndose con la mía de forma paralela.

No sabía quien era, no podía verle la cara, sin embargo sabía que me estaba mirando, como si quiera reconfortarme.

Nos desplazaron a una nueva habitación, varias personas con trajes y mascarillas de cirujanos de color azul nos colocaron al lado uno del otro, aunque separados por un par de metros.

Nuestros brazos estaban inyectados con vías que filtraban a nuestra sangre un líquido incoloro para mantenernos inmóviles, reduciendo cualquier posibilidad de hacer uso de la fuerza.

-Todo listo-se escuchó de una de las personas de la habitación-Cuenta atrás en tres...

La persona que estaba a mi lado se esforzó, y con mucha dificultad me tendió el brazo, en seguida sentí la necesidad de hacer lo mismo aunque ninguno de nosotros llegó a tocarse.

-Dos...

-Te encontraré...-susurró una voz familiar- Te lo prometo.

-Uno...

-Prometido-murmuré con lágrimas en los ojos aún intentando alcanzarle-.

Entonces un intenso y doloroso zumbido en los oídos hizo que me despertara sobresaltada, sujetándome la cabeza con ambas manos.

Apenas duró un par de segundos, pero había sido como un taladro.

Un sudor frío bañaba mi cara y mi respiración estaba acelerada y era irregular. Retiré el pelo de la cara y me apoyé en la pared soltando un gran suspiro al aire.

-Solo ha sido una pesadilla-me repetí, recobrando el aliento-Solo una maldita pesadilla.

-¡Arriba, nueva!-gritó un chico dando golpes con algo metálico a los barrotes-¡Tú primer día ha llegado!

Abrió la puerta, pero yo no me moví un ápice.

-¡Vamos!-exclamó-¿A qué esperas? ¿Es que quieres quedarte ahí abajo?

Me puse en pie.

-¿Dónde está Jack?

-Ha tenido que irse, me ha dicho que te enseñe esto mientras te quedas aquí-hizo una pausa- Venga, te ayudo a subir, coge carrerilla y salta.

Hice lo que dijo, me coloqué en el fondo de la zanja y corrí, ascendiendo un par de pasos sobre la pared al tiempo que él me atrapaba de los brazos.

-Eso es...-masculló, tirando de mí- Ya está. Uff, para ser tan delgaducha pesas un poco.

-Gracias.

-De nada-tomó aire-Enzo, encantado.

-Yo...

-Ya sé quien eres-me cortó-Vamos, tengo mucho que enseñarte, sígueme y no te separes.

Primera regla para vivir aquí, no te hagas notar los primeros días y menos con la que se ha montado contigo.
Utiliza los pasillos secundarios marcados en rojo.

Segunda, si te llevan al campo de entrenamiento, nunca digas que abandonas o no puedes seguir. O te levantas o acabas hecho polvo.
El campo de entrenamiento está abajo, sigue el pasillo en rojo de ahí delante y encuentra las escaleras.

Hoy tendrás una sesión, te avisarán por altavoz así que no llegues tarde.

-¡Camina muy rápido y habla todavía más rápido! ¿Cómo espera que lo recuerde todo?-pensé, entrando en pánico-.

-¡Eh, tú! ¡Mira por donde vas!-gruñó uno de ellos al chocarme con él-.

-¡Perdón!

-No te pares. Tercera, no puedes usar el metro a menos que te confirmen la autorización ahí arriba-señalando el cubículo- En serio, no lo hagas, y si por casualidad Zia te pilla, mas vale que reces todo lo que sepas o te encomiendes al dios de la compasión porque no podrás escapar de su ira.

Los nuevos no suben a no ser que sea una emergencia. ¿Entendido?

-No hay metro para mí.

-Exacto. Cuarta y más importante-dando suaves golpecitos a un lado de su cuello-tu localizador. Si Archie detecta que has salido a la superficie o estás fuera de los limites de proximidad antes de tiempo, vas recibir una sorpresa electrizante.

Cada día el rango de distancia es mayor, así que sé buena hasta que decidan desactivarlo. Por cierto, puedes bajar a la sala de entrenamiento cuando quieras, está dentro de tu espacio disponible.

El toque de queda para los nuevos es a las once, si no estás a esa hora en la celda de antes...

-A ver si adivino, ¿sorpresa electrizante?

-¡Eso es! ¿Ves? Ya lo vas pillando-se paró en seco y se volvió hacia mí- ¿Preguntas?

-Eh...



Blandvert2.0

Editado: 10.11.2019

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